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ENTREVISTAS

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Esteban Castromán

Walter Lezcano
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Junto a Iván Moiseeff y Lorena Iglesias, Esteban Castromán es el responsable de Clase Turista, un proyecto multimedia que produjo algunas aventuras interesantes como su colección artesanal de libros con pasto artificial en la tapa o emulando la forma de una carta bomba, la instalación “Muro del fin del mundo” o esa gran propuesta llamada Mental Movies, un espacio donde se reunieron a artistas plásticos, músicos y escritores a imaginar una película sin límite de presupuesto. El año pasado llegaron a la Feria del libro para hacerse cargo de la Zona Futuro (que regresa este año), y lanzaron Saqueos en Greiscol, una colección que recupera los géneros menores como el fantástico y la ciencia ficción, entre otros. Pero además, Castromán es escritor (autor de 380 voltios, La perfección de lo imperfecto, Fin y Pulsión) y guionista de historietas que imagina historias imposibles y se mueve en terrenos lúdicos y atractivos. Con él nos juntamos para hablar del pasado y, lo mas importante, de lo que viene.

¿Cómo llega una editorial chica a ser contratada por la Feria del libro?
La gente de la feria nos contrató para armar un espacio y generar alguna movida distinta, alternativa, que muestre una zona diferente que tenga que ver con el universo del libro. Que tuviera que ver, por un lado, con las nuevas tecnologías: el ebook y todo lo que tiene que ver con nuevos formatos. Y por otro lado, nos parecía interesante bucear en otras zonas de acción de lo que está ocurriendo en el mundo de la literatura actual. Y así tomó forma lo que llamamos Zona Futuro: un lugar donde iban a convivir el papel, con lo digital junto a otras manifestaciones que tuvieran que ver con lo literario. Además de eso nos interesaba indagar en toda esa gente que está produciendo en este momento y van a construir el canon del futuro, o por lo menos van a llenar los diferentes espacios del mundo de la literatura que viene. Ahí armamos diferentes ciclos (“Las Siete Maravillas”, “Próximos estrenos”, entre otros) para condensar las propuestas e invitar a todas las personas que nos interesaban. Hubo escritores, músicos, periodistas, cineastas, la verdad que fue bastante heterogéneo. Para este año estamos armando el proyecto y el plan para Zona Futuro 2013. Va ser mas grande, va participar mas gente. Teniendo en cuenta lo que hicimos en 2012 pudimos aprender de ciertos errores y ahora vamos a estar mejor preparados. Vamos a redoblar la apuesta.

También participaron con la editorial del FILBA (Festival internacional de Literatura de Buen Aires). ¿Cómo se dio eso?
México fue el país de honor invitado en 2012. Nosotros tenemos una relación muy buena con ese país por las movidas que hicimos: fuimos varias veces, hicimos Mental Movies allá, y Patricio Zunini (coordinador general del FILBA) nos vio en Zona Futuro y nos invitó a participar con la idea de que con Clase Turista pudiéramos armar algo fuera de lo convencional y que pudiera reunir literatura, lecturas, experiencia, vernissage y buena onda. Y armamos en la puerta de la librería Eterna Cadencia toda una ambientación de un mercado callejero mexicano, con comida, música y bebidas, sobre todo mezcal y tequila, esos eran los combustibles de la fiesta. Estuvo bueno que se hicieron lecturas con megáfonos, adentro y fuera de la librería, y la gente conocía a los autores (Margo Glantz, Álvaro Enrigue y Fabio Morábito, por ejemplo), hablaba con ellos, se rompió la barrera que los separaba porque todo estaban juntos bailando, charlando, disfrutando; estuvo bueno.

Y el año para Clase Turista siguió con la colección Saqueos en Greiscol. Contame un poco de eso.
En realidad es una consecuencia natural de lo que veníamos trabajando con el grupo. A los tres nos gustan las películas de género, nos gustan las lecturas de historias de aventuras, cosas que leíamos cuando éramos pendejos. Determinadas zonas flasheras que compartimos. Teníamos la idea de recuperar esa clase de libros populares de los 60, 70, donde la gente leía bastante porque no había tantas distracciones, era casi como algo natural leer antes de ir al laburo. Nos parecía una idea romántica esa. La de proponer historias que pudieran atraer al lector, no que los repelan, que los cautiven y que, en definitiva, se diviertan leyendo un libro. Eso por lado. Por otro lado, mas cercano en el tiempo, estaba el género pulp que abordan géneros llamados “bastardos” o “menores” que son de ciencia ficción, fantástico, catástrofe, etcétera. Y pensamos qué pasaría si autores jóvenes que nos gustan escriben bajo esta clase de premisas y que transcurran en Argentina o Latinoamérica. Así salieron los primeros cuatro libros: Las mellizas del bardo de Hernán Vanoli, El cañón de Vladivostok de Gerardo Salinas, Tony de Jorge Chiesa y El Tucumanazo que es mío. Y el resultado estuvo bueno porque se nota que hay un espacio de juego donde la gente no tiene esas ataduras de escribir la “gran novela” porque esto es un poco: “escribí tu peor novela que nosotros te la publicamos” (risas). Esta colección apela a que el lector agradezca que haya una buena vibra en esa cadena que incluye a los autores trabajando en función del placer que genera viajar al mundo de las fantasías infantiles, dicho en el mejor de los sentidos: hablamos de experimentación y juego.

Ahora que ya pasaron unos meses de la salida de esos libros, ¿qué balances hacés?
Mirá, los libros están como en quince librerías, que es algo nuevo porque empezamos a distribuir nosotros. Y es más laburo pero también es una posibilidad de estar más cerca del librero y ver cómo funciona, algo que antes no hacíamos. En términos de ventas todavía no sabemos cómo anduvo, es muy pronto para eso, pero en cuanto a las lecturas, por algunas personas de prensa y amigos, estamos contentos por la recepción. Creo que logramos concretar nuestra propuesta: conjugar lo lúdico con lo literario.

¿La colección sigue?
Sí, la idea es continuar este año con eso. Vamos a publicar al menos seis libros en el 2013. El plan mayor es llegar a una colección de cincuenta autores y probablemente ocurra con el correr del tiempo. La mayor imposibilidad es económica, si tuviéramos el dinero publicaríamos más por una cuestión lógica.

¿Qué otros proyectos tiene para este año la editorial?
Está el proyecto de Mental Movies para llevarlo a México nuevamente y, por primera vez, a Bélgica. Y queríamos recuperar el laburo con instituciones que nos permiten realizar un intercambio de experiencias muy rico. Llevar lo nuestro para allá y traer lo de ellos para acá crea una serie de experiencias valiosas para todos.

Yendo a tu trabajo ahora: debutaste como guionista de historietas.
Lo de las historietas surge a partir del trabajo que venimos haciendo hace un tiempo y que va salir este año, en marzo. Somos siete escritores (Leo Oyola, Gabriela Cabezón Cámara, Alejandra Zina, Oscar Fariña, José María Marcos, Leandro Ávalos Blacha y yo) y un ilustrador. Estamos haciendo una novela gráfica, larga, extensa, a catorce manos. Se llama R de rosa M de morgue y va salir por la editorial Mano Escrita. Está bueno, es un policial. A raíz de ese proyecto surge el interés por la historieta y ya hace un año que venimos publicando, junto a Iñaki Echeverría, en la revista Fierro. Está bueno porque es otro lenguaje, otro registro, otra dinámica. Me ayuda a bajar un cambio con el barroquismo, hay que ir a lo concreto y ver cómo funciona el procedimiento. Te da nuevas herramientas, diferentes a las de la narración. Es re divertido, me encanta. Es como el storyboard de una película.

¿Cómo estuvo tu año en cuanto a la escritura de ficción?
Publiqué El tucumanazo en la colección Saqueos en Greiscol. Es una novelita pulp, estoy muy contento de cómo quedó porque es un videogame. Me interesaba ver cómo podía trasladar ese lenguaje tecnológico a lo literario. Porque en general me interesan la técnica y la tecnología como temas. Yo soy un esclavo de eso: del celular, de internet, de estar constantemente chequeando si llegan o no mails, todo ese mambo. Son los temas de esta época: cómo relacionamos nuestro ser con la tecnología. Son las cosas también que me movilizan a la hora de leer y escribir: de qué forma transcurre nuestra existencia en un mundo rodeado de artefactos. Después salieron dos cuentos en dos antologías que se llaman Escribir después (Ediciones Outsider) y Karaoke (Textos intrusos). Los dos libros son un muestrario bastante interesante de lo que se está produciendo en la actualidad.

En tu literatura se notan estos aspectos que hablábamos antes: lo lúdico y la experimentación. Algo que podría ser considerado como escapista por cierta crítica. ¿Te genera algún tipo de presión el hecho de producir “la gran novela social”?
No, para nada. La literatura es la literatura, la ficción es la ficción. Mirá: mis libros, creo yo, son mas sociales que aquellas obras que se piensan como comprometidas y sociales. Pero, bueno, no tienen lo que yo escribo el cartel grande con luces de neon que dice “esto es una novela social”. En realidad lo que está bueno es que lo social sea un aspecto más dentro de la maquinaria de la ficción. Ahora va salir algo nuevo, diferente a lo que venía escribiendo, que todo sucede a los pedos, muy rápido, muy música hardcore, y esta novela que se llama El alud y ganó el premio Indio Rico del 2010 en la categoría “Viaje Imaginario” es todo mas reposado, con otra respiración, mas trip hop.

¿A que le decís ni a palos?
A hacer cosas que no me gustan.