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Alianza del Pacífico

Emiliano Flores
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En el momento que se logró la circunnavegación del globo terráqueo, en el siglo XVI de la era cristiana, el mundo inauguró una disputa por encontrar mercados para despachar  sus manufacturas y abastecerse de materias primas para producirlas. Los primeros en leer ese escenario fueron los miembros de las monarquías europeas que se lanzaron a ampliar sus escalas conquistando y colonizando territorios en América, Asia África. Pese a las limitaciones a nivel transporte y comunicaciones, por esos años fue configurándose lo que hoy se conoce como globalización, que no es otra cosa que la idea de que las comunicaciones y las transacciones no se vean entorpecidas por fronteras nacionales ni de otra índole.

A partir de la revolución de las telecomunicaciones, con el telégrafo y el perfeccionamiento de los sistemas postales, y la evolución del transporte de mercancías, con las cargas aéreas y los contenedores, esa limitante que constituían tiempo y espacio quedaron virtualmente abolidas. Desde ese momento, y cada vez con mayor intensidad, para entender los procesos económicos más domésticos se volvió necesario analizar los procesos globales. Una forma de hacerlo es mirando los espacios políticos que logran constituirse como bloques ya que, por el tamaño que adquieren sus economías, son éstos los que tienen mayores posibilidades de orientar las dinámicas globales.

En este sentido, uno de los bloques económicos y comerciales de más reciente creación es la Alianza del Pacífico que a fines de mayo realizó su séptima Cumbre de presidentes. Constituida formalmente en junio de 2012 pero existente desde abril de 2011, el nuevo espacio constituye un bloque comercial integrado Colombia, Chile, Perú y México como miembros plenos.

Desde el punto de vista económico se trata de un bloque de relativa importancia. Según las estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo, sumados Colombia, Chile, México y Perú, se convierten en la octava economía del mundo. Juntos, conforman un mercado de más de 200 millones de habitantes y generan un PBI de 1,6 billones de dólares, lo que equivale al 34% del total de América Latina. A su vez, las exportaciones de estos cuatro países representa más de la mitad de lo que exporta la región.

Hasta ahí todo perfecto. Es más, en su acta fundacional puede leerse que su objetivo es “convertirse en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial, y de proyección al mundo, con especial énfasis al Asia Pacífico”. Sin embargo, huelga decir, la conformación de la Alianza del Pacífico tiene un fuerte contenido ideológico. Y no tanto porque los países que conforman el nuevo espacio tengan gobiernos cuyos partidos políticos se mostraron cómodos llevando adelante una agenda marcadamente neoliberal. Más allá de la agenda compartida, y de que siempre que pudieron marcaron distancia respecto de los gobiernos de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Venezuela y Uruguay, todos los países miembros del nuevo bloque poseen otro denominador común: tienen en vigencia un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Queda claro que la creación del nuevo bloque a través de la constitución de áreas de libre comercio tiene un signo innegablemente neoliberal. Para saber si reaviva el proyecto del ALCA en una versión menos ambiciosa pero mucho más pragmática quitando del camino las objeciones planteadas por Argentina, Brasil y Venezuela deberemos esperar hasta que el proyecto muestre su verdadero rostro. Todavía es posible que las intenciones sean las que expresan sus protagonistas y que la incidencia norteamericana no se vea acrecentada en la región. Lo que es indiscutible es que la Alianza del Pacífico tiene una importancia mayúscula si se mira la relación entre Asia y América Latina, las dos economías que más crecieron en los últimos años.