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Pequeños grandes pasos

Emiliano Flores
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Finalizaba diciembre y entre el calor, la humedad, la certeza de no tener vacaciones y la facilidad de cometer exabruptos producto de la sucesión de brindis a los que nos somete fin de año, elegimos despedir el 2012 bardeando un poquito a Pepe Mujica. En esa nota, titulada «Pintó el bajón», arremetíamos contra el presidente uruguayo por pisar el freno a la ley de legalización del consumo de drogas que él mismo había promovido en repetidas intervenciones públicas. En aquel momento, la justificación utilizada por el presidente fue la publicación de un estudio de una consultora que afirmaba que el 64% de los uruguayos estaba en contra de la legalización de la marihuana. También, que el 53 % de quienes se definían como votantes de la coalición gobernante se oponía a la iniciativa.

Lejos de entenderlo como una orden taxativa, los legisladores del Frente Amplio, en especial el joven diputado Sebastián Sabini, asumieron el desafío de salir a revertir la falta de apoyo que tenía la iniciativa. Así, la Comisión Especial de Adicciones y Drogas de la Cámara de Diputados, en articulación con la Junta Nacional de Drogas, comenzaron una recorrida por todos los departamentos del pequeño gran país. Se tomaron el tiempo para reunirse con todos los ciudadanos que tenían dudas, reparos o sugerencias respecto del cambio de enfoque para el uso de sustancias. El resultado fue más que admirable y, a pocos días de la ratificación del aborto a través de una consulta popular, lograron el dictamen favorable al proyecto de ley de regulación del cannabis.

Pero los buenos humos no son exclusivos de la Banda Oriental. En Norteamérica, dos Estados legalizaron el uso de la marihuana para uso medicinal y para todo fin. Eso, por pequeño que parezca, provocó una de las heridas más profundas a la doctrina creada en los años sesenta por los propios norteamericanos. Cabe recordar que con ningún otro tópico, Estados Unidos encontró mejores argumentos para intervenir militarmente cualquier país de la región que con la guerra contra las drogas. Ahora bien, frente a este panorama cabe preguntarse ¿cuánto tiempo puede seguir profesando el prohibicionismo Estados Unidos mientras en su propio país se legaliza? ¿Cuánto tiempo se puede sostener que la guerra contra las drogas es la mejor opción cuando en México, producto de la aplicación de esa doctrina, murieron más 60 mil personas inocentes en 6 años?

Las respuestas están a la vista: en Centroamérica los presidentes de El Salvador, Guatemala y Nicaragua, con el apoyo ambiguo de Colombia, empezaron a hablar de la posibilidad de legalización; la OEA, por su parte, semanas atrás presentó un detallado informe en el que se reconoce que la despenalización del consumo de drogas debería ser la base de cualquier estrategia sanitaria y que podría reducir los niveles de consumo y la cantidad de casos judiciales. En Argentina, según informa la revista THC, la Inspección General de Justicia reconoció legalmente a una Asociación Cannábica y los ministerios de Salud y Seguridad presentaron un protocolo para uso de las fuerzas de seguridad prohibiendo la detención de personas bajo los efectos de sustancias psicoactivas.

Volviendo a Uruguay, lejos de la liberalización del consumo, el proyecto no hace otra cosa que establecer la regulación del estado. En este sentido, establece tres modalidades de acceso al cannabis delimitando en cada caso las cantidades: el autocultivo (hasta seis plantas hembras), los clubes de cultivo (hasta 100 miembros con 99 plantas) y la venta en farmacias autorizadas (hasta 40 gramos por mes). El proyecto, que contempla cuestiones como la inclusión de contenidos educativos referidos a la “promoción de la salud y la prevención del uso problemático”, será tratado a fin de mes y lo más probable es que logre la aprobación, según informó un legislador del FA. De ahí, esperará tratamiento en la cámara alta donde según informan, los votos están un poco más holgados.