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30 AñOS. CLICS MODERNOS

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Donde el futuro comenzó

Ni a Palos
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Por Martín Rodríguez / @Tintalimon

La bandera de la libertad sola no sirve, es mentira, no existe la libertad sin justicia. Es la libertad de morirse de hambre, es la libertad del zorro libre, en el gallinero libre para comerse con absoluta libertad las gallinas libres.

(Raúl Alfonsín, octubre de 1983)

Tengo mi memoria personal en colores de los años 80. Pero en los colores de un viejo televisor Drean que para cambiar de canal había que pararse o hacerlo con un palo de escoba desde la cama. El futuro, todo un palo. Alfonsín quería la libertad de la gallina, pero no sabía cómo organizar la libertad del zorro. Un especial del canal Natgeo se llamó así: “Los 80, donde el futuro comenzó”. La desesperación por salir de la dictadura compuso una confusión difícil de ordenar: el deseo de libertad y el deseo de mercado. La dictadura quiso traer lo segundo, y fracasó. La economía de Joe se desplomó. Y así: democracia y modernidad llegaron juntas, en el mismo plato volador. No se me ocurre mejor caja de resonancia de este vaivén que el disco Clics modernos, de Charly García. Pero Alfonsín no tuvo economía, con lo cual, modernizó la sociedad pero con los instrumentos jurásicos disponibles. Después, Menem, haría lo contrario: traería una economía de mercado que modernizó los consumos culturales, pero sostuvo un discurso que retrotraía un poco el liberalismo político de Estado. ¿Quién ganó? ¿Quién modernizó más? ¿Quién liberalizó más? ¿Quién es el padre de la democracia, Menem o Alfonsín? Soy de la quinta que vio la revolución cultural de MTV y las nuevas bandas mejicanas actualizadas por nuestro productor Santaolalla. Café Tacuba y Maldita Vecindad le salvaron la vida al Subcomandante Marcos.

Alfonsín es el único presidente disputado estos años. Fue un presidente de rienda corta con un catálogo de conflictos súper actualizados esta década: luchó contra los militares, la inflación, la Iglesia, Clarín, etc. Y así, con los años, el kirchnerismo lo asumió como referencia. Leopoldo Moreau se volvió un kirchnerista originario. Y tenemos el libro reciente de Duhalde sobre Alfonsín (“Don Raúl. Recordando a un demócrata.”) que corona este forcejeo y lo ubica en ese lugar sacerdotal: fundó la democracia y nos quiso demócratas. “¡No le cumplimos!”, dice. La democracia argentina se disputa a Alfonsín en un Ezeiza de salón blanco. Y Cristina, en 2008, meses antes de que muriera, lo homenajeó en un acto casi de desobediencia matrimonial, porque las malas lenguas así dicen: para Néstor no era un tan santo de su devoción. Duhalde milita la imagen pasteurizada y ese ecumenismo: el político de un partido que celebra los valores del político de otro partido. La eternidad del abrazo Perón – Balbín. Todos los peronistas imaginaron que tenían derecho a ese abrazo con Don Raúl.

Sinteticemos: Menem lo quiso porque le debió la reforma constitucional del 94 con el Pacto de Olivos. Duhalde lo quiso porque le debe un pacto de gobernabilidad, el apoyo institucional durante su gobierno. El kirchnerismo lo termina queriendo porque le debe la hoja de ruta. El alfonsinismo fue la primera experiencia progresista, tan débil como sea posible recuperarla. Los peronistas le deben más que los radicales. A quienes arrastró a su soledad y caída.

¿Cómo era estar a la izquierda de la sociedad en 1983? No había ni socialdemocracia latinoamericana, ni vanguardia bolivariana. Había restos de dictaduras, guerrillas y demás esquirlas de la guerra fría. El kirchnerismo recoge y adapta los puntos suspensivos del alfonsinismo, con la prepotencia de trabajo peronista, un poder menos señorial y un contexto internacional de lujo. La imagen combativa de Alfonsín en la sociedad rural (bastión visual de 678) sirve para desarmar un poco lo que envolvió su entierro: lluvia de ceniza, ética gandhiana, el hombre que al final de su vida le besa el anillo a un cura.

Alfonsín fue el presidente que no quiso dejar de hablar ni de tocar nada, porque su fe se alojaba en la posibilidad de migrar toda conflictividad a la dialéctica de democracia vs autoritarismo, con toda la forzosa síntesis que implicó. El disyuntor saltó, porque ese gobierno, esa economía de naufragio, no soportaban tanto.