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RUIDO DE FONDO

  • genios destrozados

Historia universal del arte

Juan Manuel Sodo
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I. Las contratapas de Forn en Página/12, los procedimientos de las anécdotas de Belgrano Rawson, las historias radiales de Dolina, el narrador de Borges: resonancias con las que se encuentra una lectura posible del último libro de Daniel Guebel, Genios destrozados. Vida de artistas, editado por Eterna Cadencia. Aunque bien podría decirse vida de pintores, si nos ponemos a contar que 22 de los 33 textos que lo componen, tienen como protagonistas a Bazille, Renoir, Rothko, Furusake, Corot, Grunewald, Mondrian, Gauguein y Alberto Greco entro otros (los nueve restantes se reparten entre artistas plásticos, músicos, algún analista, y escultores; el interés de Guebel por los escritores, en tanto, pareciera haber sido saciado ya en El día feliz de Charlie Feiling y Mis escritores muertos). O vidas-artistas, directamente por qué no, si pensamos, como Gustavo Varela, que lo artístico de una existencia está, ante todo, en una manera de vivir el tiempo sin cálculos ni mediaciones. Vida y obra, la misma cosa. Garrincha por ejemplo, Diego Maradona.

II. Rivalidades (Hals vs Rembrandt, Jacques-Alain Miller y el Profesor V, Picasso contra Braque), ratas encerradas comiéndose a sí mismas, una gata que se devora a su accidentado amo agonizante, un marido sumiso que desfallece cocinando por amor, el descuartizador amante de una acaudalada señora artista: lo trágico sobrevuela las 141 páginas del libro. Pero también tres tensiones que al autor parecieran inquietarle particularmente. Arte y redención es una. Cuerpo y obra, otra: en las acciones estéticas no hay retornos, sólo falsos regresos; no hay idea sin una materialidad corporal que la soporte (como en la historia de León Gruskin, el pintor que arrimó distancias entre orgía y obra). Ok, pero ¿ese soporte es siempre de soportar, y su precio, insoportable, el destrozo necesariamente?

Y en especial una tensión tercera, benjaminiana, entre aura y serie. Singularidad y reproductibilidad. Iluminación evanescente y copia. “Te das cuenta”, le dice, según Guebel, el fino Carlos Zabala a un amigo ante la noticia del asesinato de una rica y famosa: “estos millonarios mugrientos nadan en guita, viven en los countries más exclusivos y son tan grasas, tan vulgares que cuando les toca pasar de boludos a fiambres aparecen asesinados debajo de una mala reproducción de Van Gogh (…) Ya nadie entiende lo importante que es vivir rodeado de cosas que fueron hechas de una vez sola y dentro de lo posible para uno”. Hasta las maneras de matar y de morir, entonces, como productos seriados. ¿Y las maneras de militar? ¿Y las de amar? ¿Y las de decir? ¿Y las de hacer goles? (¿Messi no termina de conmover porque sus goles no tienen aura?) Por preguntarnos algo.

III. Los textos de Genios destrozados (algunos, más bien mínimos, como en un disco de hits, se nota sólo acompañan) conforman lo que se anuncia como el primer fragmento, o volumen, de una verdadera historia universal del arte, donde la narrativa y los ciclos de la transmisión oral le quitan la concesión de autoridad y legitimidad al documento y a la Historia. Habrá que aguardar próximas entregas para completar la colección.