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DIARIO DE BICISENDA

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El tiki tiki de 2015

Emiliano Flores
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El 2015 se acerca y la ansiedad de tener alguna pista de lo que pueda suceder cuando Cristina Fernández concluya el tercer mandato kirchnerista consecutivo se contiene sólo gracias a una certeza: faltan 80 días para el Mundial de Fútbol y, aún sin tener pasaje ni entrada para cualquier partido de la selección, el sueño de emborracharse en una playa brasileña cantando contra Pelé sigue intacto, aunque las esperanzas se acoten a algún concurso al que hay que enviar las palabras “debutó pibe” al 2020. En fin, me veo en esa escena y siento la obligación de corearlo: brasilero, brasilero, qué amargado se te ve, tenemos a Maradona, que es más grande que Pelé.

Ahora bien, mientras tachamos días en esa cuenta regresiva para que un fixture nos reorganice la vida, las conjeturas en torno a las elecciones presidenciales empiezan a colonizar el debate político. Las candidaturas son todavía difusas y las combinaciones y posibles alianzas vuelven la disyuntiva irresoluble en el corto plazo. Sin embargo, en ese tumulto en el que las principales figuras miran para abajo cassetteando que no es momento de hablar de candidaturas, Sergio Massa se decidió a dar un paso adelante y clavó dos goles mientras el resto se ataba los cordones. El primero de penal, obvio. Y como reza el pragmatismo futbolero, fuerte y al medio. Pero el gol vale lo mismo así que colocándola en el ángulo y el tigrense encontró en el borrador de propuesta de modificación del Código Penal una forma de enfrentar al gobierno y ordenar detrás de él a buena parte de la oposición. Con el riesgo de situarse en un plano ideológico absolutamente reaccionario, eligió la inseguridad como caballito de batalla para una campaña que imagina municipalizada. De poco sirve quejarse que lo hizo tergiversando todo lo bueno de una propuesta elaborada en base al diálogo y consenso por las principales fuerzas políticas a nivel nacional, más que para corroborar que al tigrense no le importa nada con tal de acrecentar su imagen. Su efecto político es tan estéril como la acusación de olvidarse de jugar bien para un equipo que gana. Queda, en todo caso, para el radicalismo y el Pro explicar por qué se encolumnaron detrás de un diputado dejando en offside a figuras de prestigio como Gil Lavedra o Federico Pinedo.

El segundo gol fue de jugada. Y con una dupla que tiene más paredes que Latorre y Batistuta en la época dorada. Mientras la mayoría de los opositores esperaban la señal del Grupo Clarín y sus satélites para anunciar sus movimientos, Massa dio a conocer que cuenta con el apoyo del Grupo Vila-Manzano. La ecuación es más o menos transparente: el diputado necesita el aliento mediático y a los empresarios mendocinos les sobra tiki tiki. Para los muchachos es una apuesta más y aún con el riesgo que la apuesta salga mal, pueden darse el lujo de apostar temprano, tienen espalda para aguantarse la que venga y tienen dos fortalezas: saben de medios y, más importante, saben hacer negocios. Pero en esta jugada, Massa demostró algo más importante y es que entiende el escenario de desclarinización que supuso la vigencia de la Ley de medios. Su apuesta, al igual que con el Código Penal, es ordenar detrás de sí la mayor cantidad de medios y es muy probable que lo logre. En este sentido, la estrategia de denunciar el acuerdo no parece ser la mejor: por un lado, porque el camino de las denuncias, desde el punto de vista político, no conduce a ninguna parte; por el otro, porque anhelar un periodismo independiente implica, a esta altura, volver al pasado.

El partido no empezó pero Massa ya cuenta con una ventaja. No es definitiva, pero la obtuvo con astucia y con cálculo. El verdadero escenario de 2015 empieza cuando termina el Mundial y se supone que el resto de los candidatos van a salir a jugar. Por ahora, Massa demostró que tiene decisión y, aún con intenciones opuestas, puede ser el más kirchnerista de los opositores.