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Nos conocimos por Tinder

Estefanía Iñiguez
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Ya casi no queda actividad que no pueda resolverse deslizando un dedo sobre el teléfono. Todo está al alcance de la mano. Lo curioso es que, así como vamos cayendo en la trampa de la hiperconectividad, es muy probable que en la próxima reunión con amigos pasemos más tiempo mirando la pantalla que charlando con ellos. Es el mal de época. Época que por supuesto tiene sus ventajas. Ventajas a las que también podemos acceder usando el celular.

El último grito de las aplicaciones se llama Tinder. En español, “mecha”. Se trata de una app para iOS y Android dirigida a los que quieren concretar citas. Hombres, mujeres, perros, todos son bienvenidos. Para entrar, se crea un usuario a partir del perfil de Facebook y voilà, ya estás participando. Los datos de Facebook que se replican en Tinder son nombre (sin apellido), foto, edad, gustos e intereses. Luego, seleccionando sexo, rango etario y ubicación geográfica, Tinder busca personas para mostrarte. Esos contactos, aseguran los creadores, son extraídos de los amigos de nuestros amigos en Facebook, ya que el objetivo de la aplicación es conocer gente nueva y no quedar en evidencia ante conocidos.

De acuerdo a los gustos de cada uno, Tinder te sugiere personas que podrían interesarte. Una foto, un nombre y una descripción. Abajo de la foto, una cruz o un corazón. Si no te interesa, cruz y a otra cosa, nadie se entera que fue rechazado. Si te interesa, corazón. Y si la otra persona a su vez se sintió atraída por vos, Tinder te avisa “It’s a match!” (algo así como “alcoyana-alcoyana”) y ambos pasan a un chat.

Supuestamente, esto funciona así, resguardando la identidad y evitando que familiares y/o amigos se enteren. Pero hay casos empíricamente comprobados en los que más de uno se comió el chasco de encontrarse con alguien indeseado. De ahí el chiste que reemplazó al “tu vieja en tanga” por “tu vieja en Tinder”, ya que nunca se sabe con quién te vas a encontrar. Además, seres malvados que no sólo no la ponen sino que no dejan ponerla a los demás, se encargan de hacer público lo peor de Tinder. Es el caso de sitios como teachmehowtotinder.tumblr.com (“enseñame a usar Tinder”) y lopeorcitodetinder.tumblr.com, entre otros.

Pero más allá de los aguafiestas de siempre, Tinder funciona. Primero, convierte algo tedioso como salir “de levante” en una simple función más en tu celular; segundo, permite aprovechar tiempos muertos como los viajes en colectivo para tirar unos tiritos y ver qué onda y, tercero, invierte el concepto de la conquista online: de las viejas salas de chat -que no sabíamos quién estaba del otro lado- a la certeza de haber visto una foto y después hablar. Es decir, ahorra un montón de tiempo y trabajo.

Claro que está el riesgo de toparse con perfiles falsos. También puede atacarse a Tinder por considerarlo demasiado superficial. Pero a la vez es una herramienta novedosa para los que no se animan, o los que no encuentran en su círculo a nadie interesante. Hay que darle una oportunidad a las cosas nuevas, y si no, que el que esté libre de calentura, encienda la primera mecha.

*Co-conductora de “Gordas Putas”, viernes de 17 a 19 por ciclopradio.com.ar