inicio > Julián Axat

ENTREVISTAS

  • La Plata Spoon River

Julián Axat

Damián Huergo
Agrandar fuente Achicar fuente

El próximo 2 de abril un grupo de poetas y narradores leerá poemas propios en la Plaza Moreno de la ciudad de La Plata. Cada poema lleva el nombre y la voz -recreada- de una de las víctimas de la inundación de 2013. En total 76 muertos, según la antología La Plata Spoon River (Editorial Libros de la talita dorada). 76 poemas que serán leídos -en parte- frente al poder judicial, al poder ejecutivo de la provincia de Buenos Aires y a la intendencia de Bruera. El responsable del libro es Julián Axat, poeta, defensor penal juvenil y primer querellante en la causa para buscar el verdadero número de muertos por la inundación, que esta semana el juez a cargo finalmente determinó en 89, aunque la cifra aún podría ampliarse. Con motivo del aniversario y de la edición del libro, nos juntamos a hablar con Axat del agua y el barro, de la causa judicial, del agite para visibilizar voces que el poder necesita ocultar, de Edgard Lee Masters y del estado actual de la poesía argentina.

¿Dónde estabas cuando empezó la tormenta del 2 de abril?

El 2 de abril estuve en City Bell. La tormenta fue a la tarde. Ya había vuelto del trabajo y nada anunciaba lo que pasó. En City Bell llovió a cántaros pero no se inundó. La inundación fue en el casco y en las afueras, a la vera de los dos arroyos del Maldonado y el Gato. Por lo tanto al otro día, cuando me levanté para ir al trabajo, vi por televisión lo que había ocurrido en Capital y en La Plata. Ahí empiezo a tener una dimensión de lo que había pasado. Intenté ir a colaborar, pero no se podía entrar a la ciudad. Estaban los accesos bloqueados y el agua todavía no había bajado. Recién pude acceder el día tres a la tarde, cuando el agua bajó sobre todo en la parte norte.

¿Qué imágenes guardas de ese día?

La devastación, los autos, los pedazos de muebles, de casas, las bolsas de basura. Todos los detritos que deja el agua cuando corre y lleva barro. No fue un agua limpia. Fue un agua musgosa, oscura, una agua que se llevó todo. La ciudad quedó fangosa y revuelta. Era devastador.

El título, La Plata Spoon River, alude a Spoon River Anhology, un libro donde Edgard Lee Masters hace dialogar 250 epitafios de un cementerio imaginario de Illinois. ¿Qué tiene que ver Spoon River Anthology con la inundación del 2 abril?

El libro de Masters sólo se relaciona con el agua al inventar un pueblo a la vera de un río. Y ese río no se desborda. Sin embargo, en cada uno de los epitafios de ese cementerio imaginario, aparece el vínculo del pueblo con el agua. Entonces, cuando surgió el tema de los muertos de la inundación y -sobre todo- los que no aparecían en la nómina oficial, se me ocurrió la asociación entre Masters y la inundación.

En el epílogo de La Plata Spoon River, contás que mientras ayudabas a las familias damnificadas la antología fue tomando forma en tu cabeza. ¿Ya conocías o sospechabas de los mecanismos de ocultamiento de fallecidos?

Yo trabajé mucho en la facultad de periodismo, como uno más de los que estuvo ayudando. A la vez me tocó turno como defensor el día cuatro y el día cinco. Desde mi rol funcional empecé a averiguar problemáticas de niños y adolescentes que habían perdido el vínculo con su familia y estaban evacuados. Muchos no aparecían. Ahí empecé a pensar que podría haber chicos fallecidos. Inicié una serie de pesquisas que terminaron en la morgue y con el tema de los muertos.

¿Trabajaste en paralelo la búsqueda judicial con el proyecto artístico?

La inquietud primero fue meramente judicial y activista. Yo abrí la causa. Interpuse la acción ante la justicia, un habeas data para que se averigüe quienes eran las personas que estaban desaparecidas, fallecidas o en ese momento se desconocía su paradero. Paralelo a la causa judicial, siguiendo mis inquietudes artísticas-literarias, se me ocurrió un proyecto distinto. Yo trabajé casi medio mes con la causa y después el poder político me sacó. Impedido de seguir con la cuestión judicial avancé con la pesquisa literaria. Había pensado en armar un antología como Masters, escribiendo las voces de las víctimas que iba encontrando. En mi propia investigación judicial, al día 5 de abril cuando se dio la nómina, ya había encontrado que existían diez casos que no estaban incluidos. Le hice saber al poder ejecutivo que estaban omitiendo personas. Como respuesta me dicen que dejara de buscar debajo de la alfombra

¿Cuándo te apartan de la causa?

Quince días después, diciendo que al no haber encontrado ningún niño entre los fallecidos no correspondía la intervención de un defensor juvenil. Lo cual era cierto, yo sólo tenía elementos parciales. No es que tuvieran razón, pero mi intervención estaba acotada. Yo podía continuar con la pesquisa pero también podían intervenir organismos de DDHH u otros defensores. El poder político a través de la procuradora decidió apartarme. Teníamos acumulado casos que no estaban incluidos. Al listado difundido de 52 personas nosotros agregamos hasta, al menos, 65. (N.del E.: Axat llegó a recopilar 76 víctimas que son las reflejadas en el libro. Días después de esta entrevista, el juez Luis Federico Arias, responsable de la causa, anunció finalmente que, según su investigación, en la inundación hubo “al menos 89 muertos”, aunque la cifra aún podría ampliarse).

En tu poesía, en los posts de tu blog (elniniorizoma.wordpress.com) la idea de hacer visible lo invisible es un eje central. ¿Cómo buscaste darle voz a las voces ausentes?

Me di cuenta que en los poemas que había escrito sobre el tema había un mecanismo que no funcionaba, que tenía que abrir el juego a otros poetas de La Plata, la Capital, el interior o de otro país. Convocar a aquellos que pensaran a la poesía como búsqueda de la verdad. Por lo tanto buscamos los nombres reales que el poder había omitido, que la justicia estaba buscando, y propuse hacer el juego de Lee Masters.

¿Cómo fue la convocatoria de participantes?

La convocatoria la subí al blog de la Colección Los detectives salvajes y la publiqué en Facebook. Abrí la posibilidad y los poetas acudieron al proyecto, incluso algunos narradores también se animaron a la poesía. Sólo puse algunos requisitos: leer el texto de Lee Masters y escribir a su manera, es decir en primera persona como si fueran el personaje que inventan. Yo había pensado brindarles un listado oficial y no oficial. La idea era que a partir de un nombre escriban un fragmento libre de lo que quisieran sobre la vida de ese nombre. Ahí apareció el problema de la ética en la poesía, de la moral, de la política. Estuvo buenísimo porque en ese llamado, surgió el tema de la poesía y del compromiso. Poetas de todos los colores me escribieron, me felicitaron o me decían que les gustaba la idea pero no les daba, que se enfrentaban a un silencio o que era un atrevimiento muy fuerte. Otros directamente me escribieron para insultarme, diciendo que eso no podía ser. A todos les respondía que yo era hijo de un desaparecido y una desaparecida y que si alguien quería escribir un poema con su nombre no me podía oponer. Eso me mostró un poco el estado del campo de la poesía actual. Los que se atreven, los que no, la poesía civil, la poesía de salón, los descomprometidos y aquellos que se comprometen de golpe.

Muchos de los poetas también integran la antología Si Hamlet duda le daremos muerte, que preparaste junto a Juan Aiub. ¿Te interesa fomentar el reencuentro de estos poetas invisibilizados, sueltos, orilleros de los que arman listas parecidas a sus ombligos?

Para mi la poesía argentina está multifragmentada. Lo estuvo también en la década del noventa, pero hubo sectores de Bs. As. y Bahía Blanca que fueron núcleos duros con editoriales que los difundieron. Después del 2001 esos reductos también se empezaron a romper, llegaron a un límite en el 2005 cuando nosotros lanzamos Si Hamlet duda… En ese momento se encontró más el interior de la poesía, logrando hoy en día que haya más poetas visibles que eran invisibles. No hay un corte definitivo con los poetas de los noventa. Muchos siguen pensando la poesía como pop, del orden de lo microfísico, de la resistencia individual, sin vincularla a un proyecto político a mayor escala. Sin embargo, sí empieza a aparecer una poesía que describe otros espacios, los problemas del interior, de los inmigrantes y, quizá, algunos retazos de poesía militante, que no es una poesía nostálgica de los sesenta o setenta.

¿Qué sería hoy una poesía militante?

La que estamos pensando desde algunos lugares de estas antologías, pequeñas formas colectivas de resistencia. Por ejemplo, este libro que confronta al poder político. Exponer que la verdadera cifra de fallecidos es esta. El libro da el número final, traduce lo que dicen los expedientes judiciales sin que hasta ahora exista una sentencia. Los poetas vienen a traer un hecho político inédito. Este libro está pensado para ser presentado en la plaza pública y gritarle los poemas al poder judicial, a Scioli y a Bruera que estaba de vacaciones en Brasil al momento de la inundación.

La Plata Spoon River salió publicada en la Colección Los detectives salvajes. ¿Cuál es la importancia de incluir el libro en esta colección?

La colección la arrancamos hace cuatro años con algunas ideas bolañanas. Los Detectives salvajes fue un libro aglutinador. Cuando lo leímos pensamos en salir a buscar a nuestra Cesárea Tinajero, que no era Urondo que ya había sido rescatado por Gelman. Nosotros creíamos que había otros Urondos que el terrorismo de estado se había tragado. Nos encontramos con que el padre de mi compañero Juan Aiub era poeta y él no lo sabía. El primer proyecto de la colección fue devolverle la voz al papá, editando ese libro que no pudo salir porque a último momento la dictadura se lo lleva. El libro se llama Versos aparecidos. Es decir, construimos un poeta que había desaparecido, lo divulgamos de la nada, hicimos una Cesárea Tinajero. Y ahí entendimos que esa era la búsqueda de nuestra generación. Salir a buscar algo de nuestros padres. No todo -porque también somos muy críticos en parte de ese proyecto- y ponerlo en el estado del arte actual. Para nosotros la idea generacional de los Detectives Salvajes es la poesía como pesquisa, la búsqueda de una identidad, la necesidad de hurgar en lo que dejó el terrorismo de estado y no repetir el proyecto de nuestros padres sino armar uno nuestro.

¿Cómo vinculás la antología al proyecto de buscar la voz de los ausentes que el poder también oculta?

Nuestra idea era no sólo ir a buscar en los vestigios de la historia, sino también hermanos de la poesía. No necesariamente tienen que compartir la misma estética que nosotros, pero sí la idea de búsqueda. Ambas antologías indagan un sentido que tenga que ver con lo político. Spoon River encuentra poetas que se atreven hablar de un hecho traumático. La negación de las muertes vinculadas a una cultura del terror y a la identidad de personas que están muertas.

¿Cómo conviven el Defensor juvenil y el poeta?

Igual que en Lee Masters, que en Kafka o en Horacio Castillo. La defensa de los derechos humanos y la literatura tienen un punto en común. A mi entender la poesía tienen que ver con ciertas formas vindicatorias, con el tema de las verdades dentro de la búsqueda de la poesía. Hay una tradición de abogados poetas en la Argentina. Yo siento que soy parte pero en vez de ser abogado poeta, soy poeta y después abogado. Y en estos casos donde se atraviesa el problema de la verdad, de la historia, de la muerte, de la política, creo que la poesía tiene que estar vinculada de alguna forma. Si lo trabajara solo desde mi lado de abogado sería meramente un técnico, un buscador del derecho. Me parece que lo interesante es tratar de que el arte acompañe las cuestiones institucionales. Los artistas en la Argentina están bastante dormidos. Los noventa en el arte arrasaron toda la experiencia de los sesenta y setenta. Todo ese compromiso se perdió, hay que volver a reconstruir una madeja del arte vinculado a lo social. El extremo, el límite a eso, es el estalinismo artístico. Eso no me va. Me interesa ver las mil mesetas en el arte, pero creo que también hay que devolverlo al compromiso.

¿A qué le decís Ni a Palos?

A la derecha, al terror, a la policía bonaerense y a todo lo que tiene que ver con la dictadura en la democracia.