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RUIDO DE FONDO

  • la pija de hegel

Esto no es una pija

Leticia Martin
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Hegel, el último de los filósofos metafísicos, es el protagonista de este particular poemario publicado por el colectivo Máquina de lavar. El peso de semejante nombre propio no admite omisiones, razón por la que necesito detenerme en esta elección. La metafísica estudia los principios fundamentales de la realidad, aquellos que -justamente- resultan inaccesibles. Kant sostuvo que una afirmación era metafísica cuando decía algo relevante sobre un asunto. Me pregunto entonces si es sustancial el mensaje de La pija de Hegel, si es una poesía comprensible o si sólo juega con los velos y máscaras del lenguaje, escondiéndose detrás de ellos.

Apenas inicio la lectura, un prólogo de Ezequiel Alemián me alerta sobre el acierto del ritmo y los juegos de un lenguaje que está hecho de restos de discursos mediáticos y que es “exhibido y manipulado como objeto”. No me parece mal. Al contrario. Las múltiples interpretaciones a que nos conducen los libros de Hegel, de quien devinieron cantidad de autores y corrientes filosóficas, me hacen pensar que el planteo, además de válido, es divertido. Me río entonces del uso burdo de algunas palabras y de ciertas infinitas asociaciones libres. Un poema donde aparece Brigada Cola, una cantidad de iconos y palabras abreviadas, o en inglés, las intervenciones de Barack Obama, Cristina Kirchner, Dilma Rousseff, Michelle Bachelet y Jesús, los nombres de las autoras tejidos en los poemas, las frases de la calle, de la tele, y del Facebook, diseminadas en todos los versos.

Sin embargo, por momentos, intuyo una especie de cadáver exquisito como técnica de escritura. ¿Deberían haberse ocultado esos hilos? Seguramente sí. ¿Deberían haberse ocultado las técnicas de escritura y atenuado las voces disonantes de los poemas, los temas laterales y los versos que no suman? Seguramente también.

Pese a todo, el libro me gusta, me resulta un buen intento. Me esfuerzo entonces en seguir una voz que se mezcla con otra y que me permite adivinar quién es quién, en una especie de interacción imaginaria con las autoras. Pero en la medida que avanzo en la lectura, la idea de una poesía liviana, jocosa y hermética me lleva a una pregunta más incómoda todavía. ¿Esperaba este juego de seis mujeres escribiendo en grupo? ¿Cuál es el sentido de un libro “confuso, impuro y heterogéneo”, como lo define el prologuista? ¿Por qué las ideas difusas no confluyen en un concepto general del libro, en Hegel, en su pija, en la filosofía, en el aborto, en la política a favor o en contra de una ideología, en algo real y concreto para decir?

Me gusta el libro, me gusta el proyecto de Máquina de lavar, me gustan sus performances y lecturas en público, me gustan las autoras, que son atractivas y osadas, madres, novias, editoras y narradoras activas. Pero quiero más. Ya sé que a nadie le importa lo que pueda querer una lectora anónima. No importa. Quiero más. Exijo una poesía fuerte que se apoye en el ritmo y en el juego, pero que -a la vez- dialogue con algo lo suficientemente visible y concreto.

La pija de Hegel, Máquina de lavar, Editorial Pánico el Pánico, 82 páginas