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DIARIO DE BICISENDA

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Con la granada, ay! entre las tetas

Emiliano Flores
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En los momentos en los que la coyuntura se agita, los especialistas en geopolítica recomiendan tomarse un tiempo para mirar el mapamundi. Y reflexionar. Yo agregaría fumar, pero un estado gripal apenas me permite respirar. Como sea, la imagen que se proyecta desde el mapa dista del paisaje gris sobre fondo gris. La situación en Ucrania después del derribo del avión comercial le agregó azules a la frontera de Rusia con Europa. El tono guerra fría que empezó a mostrarse a partir de la disputa por el abastecimiento de gas, y que se intensificó a partir de la anexión de Crimea, alcanzó a mostrar cuerpo a partir del incidente con el avión de Malaysia Airlines en el marco de la disputa entre prorrusos y anti rusos dentro de las fronteras de Ucrania. Bajando un poco la mirada, con la operación militar lanzada por Israel en Gaza, que al momento lleva más de 500 muertos, comienzan los tonos magenta. La actitud asumida por Obama frente a este panorama, comprendiendo como nunca antes en esta era los límites del poder del presidente de EEUU, aporta los amarillos. Los colores primarios están presentes y todos los colores pueden ser formados en este mapamundi desbocado. Cada día queda un poco más lejos el baile de los alemanes, aunque nada atenúa el dolor de esa final perdida en tiempo suplementario.

En este contexto, los valores cromáticos que asuma la Argentina dependerá mucho de lo que sucede –y seguirá sucediendo- por estos días. La negociación con los fondos buitre se acerca a un desenlace indeseado y nuestro país vuelve a transitar la cornisa del default. Por paradójico que resulte la idea de un país queriendo pagar y un grupo de tenedores de bonos frenando esa voluntad, según la información disponible, por cinco meses, Argentina entraría en cesación de pagos.

En el plano internacional, frente a esta situación Argentina se movió con suma destreza: sembró la duda respecto de la legitimidad del reclamo dentro de los sectores políticos en EEUU; consiguió un contundente apoyo de los países de América Latina; garantizó acuerdos comerciales, inversiones nucleares y vodka por parte de Rusia, en el marco de la visita de su presidente; y sumó inversiones en múltiples sectores y un apoyo simbólico que se expresa, nada menos, que en 11 mil millones de dólares que el Banco Popular Chino le acerca al BCRA para fortalecer el nivel de reservas y promover el intercambio comercial bilateral, anunciado durante el desembarco de Xi Jinping.

Huelga decir que Argentina no puede ni debe pagar, ya que sería pan para hoy y deuda para mañana y siempre. Ahora bien, en el caso que finalmente suceda, la discusión sobre si la palabra es default es secundaria. Es evidente que las calificadoras de riesgo intentarán imponerla. Pero sospecho que erraríamos entendiendo que la disputa es semántica. En estos diez años Argentina se autonomizó grosso del capital financiero. Y no se trata de un relato. Nuestro país no es un país receptor de capitales golondrina -esos que llegan de la mano de los consejos de las calificadoras de riesgo y vuelan cuando estas los advierten. Si se mira el mapa de las inversiones, además de contemplar que son bajas para nuestras expectativas de desarrollo, se puede ver que son bajas en general. Una calificación negativa no debería tener gran impacto. En el plano de las relaciones comerciales tampoco debería esperarse un temporal. Los intercambios con Asia, principalmente con China, en esta década crecieron a niveles exponenciales y en un sentido, hoy estamos más subordinados al futuro de esa relación que a complacer los deseos de los amigos del capital financiero.

Igualmente la sensación de crisis quedará instalada en buena parte de los actores en el plano local. En este sentido es esperable que algunos muestren los dientes sólo para revolver el río y otros lo hagan entendiendo que en los retoques que requiera el modelo económico, se juega en parte la disputa por el ingreso. Separar la paja del trigo parece ser la tarea de la política, en este mundo convulsionado que se dispone a poner a prueba los beneficios -y perjuicios- de la integración regional, de la multipolaridad y de esta nueva etapa de la globalización que nos tiene como testigos privilegiados, en un mapa todavía por colorear.