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Seré millones

Carlos Mackevicius
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Fernando Krichmar, Omar Neri y Mónica Simoncini son los directores de Seré millones, película que se estrenó el 4 de septiembre en el cine Gaumont y en menos de una semana ya había cortado más de dos mil entradas. La película cuenta de forma heterodoxa –mezcla de documental, ficción, backstage, escena teatral, casting y confesionario televisivo– la expropiación al Banco de Desarrollo Industrial (BANADE) por parte del PRT en 1972, de donde se llevaron 10 millones de dólares sin disparar un solo tiro. La acción se pudo hacer gracias a la participación de dos militantes del PRT que trabajaban en el Banco. Esos dos militantes son los protagonistas de Seré millones. La película está realizada por los grupos Cine Insurgente y Mascaró, y cuenta con financiación del INCAA. En esta entrevista los realizadores hablan de la historia y el legado de la izquierda revolucionara, el estado actual del cine argentino y la posibilidad de ver Seré millones como la contracara de Relatos Salvajes.

¿Cómo decidieron hacer una película tan extraña en cuanto a lo formal?

Fernando Krichmar: La idea fue contarlo como un documental diferente a lo que se suele ver cuando se abordan temas del pasado cercano, donde se está muy en carne viva y se sacraliza un poco todo o se busca un tono solemne. Nuestra idea fue indagar sobre algún recurso formal que genere un relato con más espesor dramático, que a la vez de emocionar también genere reflexión.

Omar Neri: Primero identificamos el objetivo, y en función de eso buscamos la forma. Y la idea fue buscar cómo transmitir un hecho que había salido limpio, sin consecuencias trágicas (a diferencia de muchos de los hechos de los 70), de una manera innovadora, queríamos romper con lo tradicional del cine documental, y por otro lado había mucho archivo: el material del PRT realizado por Cine de la Base donde teníamos la filmación de ellos mismos por Raymundo Gleyzer, teníamos los noticieros de la época, diarios, expedientes judiciales. Queríamos hacer jugar todo ese entramado de una manera nueva. La idea de usar actores en un documental fue poner al espectador medio dentro del rectángulo luminoso de la pantalla, una forma de involucrar a un público más amplio.

Mónica Simoncini: La idea era llegar a un público joven, intentar que se identifique con esa mirada, llegar a una generación nueva que se está preguntando algunas cosas sobre la historia reciente.

Es interesante ver a los protagonistas del hecho, el Turco y Oscar, actuando de ellos mismos y también haciéndole “coaching” a los actores que los estaban representando.

FK: Hubo muchas cosas que surgieron en el rodaje, por ejemplo el hecho de que ellos actúen. Surgió como una broma y quedó. La idea original era que las escenas las hagan los actores; pero ellos se empezaron a meter y cuando vimos como funcionaban las escenas dijimos “queda”.

¿Cómo surge la idea de filmar la acción del BANADE?

ON: Dentro de Gaviotas blindadas [trilogía del grupo Mascaró donde se cuenta la historia del PRT-ERP] aparece el Turco como uno de los protagonistas. Lo conocimos en 2005, porque su nombre figuraba en el Informe BANADE, hecho por Gleyzer. A través del Turco conocemos a Oscar, que vivía en Cuba, viajamos y lo entrevistamos allá. Y ahí nos damos cuenta que tenemos a dos personajes de una película.

Fui a ver la película el domingo y no pude entrar porque no había más entradas.

FK: Por eso el INCAA tiene que poner más cines como el Gaumont. En Cinemark no nos pasan las películas. En la primera y la segunda función eran amigos, militantes, conocidos, pero a partir de la tercera ya no conocíamos a nadie, y la gente sale contenta, emocionada, nos abrazan, nos piden autógrafos. Y sin embargo en el Gaumont nos dan horarios que no ayudan, parece un castigo. Pese a que metimos más de 2000 espectadores en menos de una semana; y eso que no te dan un mango para publicidad. Una película como esta, que la está viendo tanta gente, la tenés que apoyar, no ponerle horarios de mierda, apoyar a generar el fenómeno cultural, porque por algo es que la gente está viniendo a verla.

¿Esperaban esta repercusión?

ON: Confiábamos en que iba a andar bien. Contábamos con un piso, y sabíamos que iba a tener cierto impacto. Por eso venimos peleando desde DOCA [Documentalistas Argentinos] por mejores espacios de exhibición.

¿Viven del cine ustedes?

FK: No, no. Yo trabajo en el Ministerio de Desarrollo Social, hago prensa.

MS: Yo en Hábitat y vivienda

ON: Y yo hago ediciones free lance.

¿Seré millones se puede ver como el reverso de Relatos Salvajes, la rebeldía individual contra la acción política organizada que muestran ustedes?

FK: Si, si, se puede. Pasa que nosotros le tenemos que hacer la guerra de guerrillas a Relatos Salvajes, si jugamos en el terreno de ellos nos rompen el orto. Si, yo creo que son totalmente opuestas: una es un día de furia, es el capitalismo, la alienación llevada al extremo, porque Szifrón es un tipo piola ideológicamente, pero está muy metida esa cosa de la justicia por mano propia y la cosa agreta de la especie humana, que existe por supuesto, pero nosotros intentamos reflejar un sueño colectivo, una rebeldía disciplinada e ideológica dentro de un proyecto colectivo. Fijate el Turco, que es un hombre de acción, que podría haberse dedicado, por su temperamento, a robar bancos para él, pero ni se le ocurre al tipo, tiene una formación que no le permite pensar así. Y esto fue muy difícil de entender para los actores, que vienen del mundo del celular, del Facebook, de la selfie, de la salvación individual.

MS: Los tipos se plantean la militancia como una forma de vida, que no dejaron nunca, esa es la épica que transmiten, que se puede ser libre, se puede buscar la libertad atado a un proyecto político.

¿Qué otra acción de alguna organización revolucionaria les gustaría filmar?

MS: Las luchas en Salvador y en Nicaragua. Y La Tablada, que sería Gaviotas blindadas 4.

FK: Yo estoy haciendo una sobre el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, la resistencia contra Pinochet, donde hay hechos grosos, como un helicóptero arriba de una cárcel que baja un canasto y se lleva a los cuatro principales dirigentes del Frente que estaban presos ahí; o un desembarco de 70 toneladas de armas; un atentado a Pinochet que no lo mataron de pedo, hay un montón de hechos heroicos, y lo peor de todo es que los tipos siguen teniendo pedido de captura, están acá como refugiados de la ONU, pero si llegan a pisar Chile los mandan presos por haber luchado contra la dictadura. La diferencia con Argentina es notable.

ON: La “Operación Gaviota”, cuando el PRT-ERP quiso hacer explotar el avión donde viajaba Videla, que falló por un pelito, y eso hubiera cambiado la historia

Pueden mencionar algunos directores argentinos actuales que les gusten.

ON: Me gustó muchísimo Ismael, la ultima de Piñeyro.

FK: Los dueños, de Agustín Toscano y Ezequiel Radusky, y El estudiante, de Santiago Mitre, me pareció impresionante lo bien que está retratada la militancia estudiantil, me flasheó.

MS: La paz, de Santiago Loza.

En una entrevista de la revista Crisis, el director de cine Mariano Llinás dijo que “el público no existe más”. ¿Qué piensan?

FK: Para mi no es lo mismo ver en tu casa, parando a cada rato o con tus hijos dando vueltas, que en el cine… Vos con ese discurso quedás como muy moderno, muy “estoy cazándole la onda a la sociedad”, pero ¿explicame porqué cada vez se cortan más entradas, cada vez hay más espectadores en el cine; o porqué los yanquis siguen poniendo esa fortuna? Para generar consenso, ideología. La ideología llega mucho más fuerte en una sala oscura, con la experiencia cinematográfica. No lo digo yo, lo dice Buñuel: se genera una cosa casi hipnótica, porque la gente cree que los personajes son reales, habla del proceso identificatorio, claro. Sí, yo creo que hay que adaptarse: hay que poner cosas en Internet, hacer cosas cortas, pero esa posibilidad de profundizar durante una hora y media, que el tipo se vaya de su atmósfera psíquica habitual, el hecho de que te veas obligado a apagar el celular, a apagar las boludeces que te mantienen conectado a todo…

MS: Por eso filma películas de 4 horas; yo no estoy de acuerdo con Llinás, es imposible de ver su última película [se refiere a Historias extraordinarias].

FK: Balnearios es buenísima, y es muy interesante el planteo del tipo desde lo teórico, el problema de lo que dice es que trae un fuerte individualismo. Se ve que es un pibe muy talentoso y uno supone que debe tener su cosa egocéntrica, pero el problema es que si vos no generás algún tipo de estímulo… Porque el tipo dice “hagamos todo fuera del INCAA, yo consigo unos pesos, hablo con algunos amigos actores y lo resuelvo, y subo la película a la web y después hago otra”, y habla un poco del devenir artístico, está muy bueno, pero estaría un poco mejor si estuviera integrado a un proceso político. Pero, fundamentalmente, no podemos hacer como que no existe la industria del cine, porque existe. Entonces si nosotros dejamos que los que generen los valores, los puntos identificatorios a nivel audiovisual de nuestro pueblo, sean los yanquis, estamos jodidos. Por eso yo creo que ese debate por las salas de cine, por el instituto del cine, que genere que cada vez haya más argentinos viendo películas argentinas, yo esa es una pelea que no abandono. Llinás probablemente tenga esa cosa narcisista que a veces tienen los directores de cine, muy autosuficiente, pero nosotros somos de organizarnos colectivamente, y nos fue bien, porque si no fuera por DOCA ni en pedo hay 150 películas de cine por año, porque nosotros hicimos la pelea por la “vía digital”, que son estos pequeño subsidios…

¿Qué es eso?

FK: Hay tres formas de producir cine en Argentina: la alta producción, de muchos millones de pesos (que también pone plata el INCAA); la película media nacional, estamos hablando de $5.500 millones; y la “vía digital”, con un monto de $350 mil ahora, pero Seré Millones está hecha con $140 mil. Igual ahora no solo los documentales, sino que hasta el cine de ficción se hace en digital, por lo que el nombre de “vía digital” quedó viejo, pero nosotros con la lucha de DOCA logramos transparencia, antes era una caja negra, presentabas un proyecto y no tenías ni idea porqué lo rechazaban ni cual era el criterio, ni quién nombraba al jurado. Nosotros logramos que haya jurados elegidos por las asociaciones documentalistas, ahora ya hay una tradición de 7 años de esto, que se traduce en 50 películas por año de las del presupuesto más pequeño. DOCA es, en consenso con las otras asociaciones de documentalistas, la garantía de que estas cosas, por ahora, se sigan haciendo. Nosotros mantenemos autonomía del gobierno porque creemos que una política hacia el documental tiene que exceder los límites de una administración, tiene que ser una cuestión de Estado. Un país sin cine documental es una familia sin álbum de fotos. Es algo que el Estado debe fomentar porque hay que rescatar nuestra historia, y es un arte con una gran tradición de lucha.

¿A qué le dicen ni a palos?

Al capitalismo.