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DIARIO DE BICISENDA

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Cuentos de la selva

Emiliano Flores
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El fenómeno electoral que encabeza Marina Silva podría analizarse desde diferentes lugares: por su perfil ecologista y sus propuestas de desarrollo sustentable; por su paso por el oficialismo como Ministra de Ambiente y su ruptura con el PT en 2009; por su experiencia legislativa, que comenzó por el año 1989 y suma un poco más de dos décadas. Pero para comenzar el análisis del huracán que pone en duda la continuidad del proceso iniciado el 1° de enero de 2003, cuando Lula asume como presidente, el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba elige los valores de la selva. “Es una mujer elegante, atractiva, usa collares hechos con semillas y maderas de la Amazonia, y muy poco maquillaje. En cuatro ocasiones, los médicos le dijeron que iba a morir, sufrió tres hepatitis, cinco malarias, una leishmaniasis, contaminación por mercurio, pero contagia pasión por la vida. Académicamente preparada, habla con solvencia de historia, religión, ecología, economía, política, aunque se alfabetizó a los 16 años”, escribe el publicista que asesoró a Mauricio Macri.

La biografía de Marina Silva es sin dudas atractiva y siguiendo el relato que arma el ecuatoriano en las notas publicadas en Perfil, no es descabellado verla como una síntesis entre la historia de Pocahontas y Simba, el cachorro de la película El Rey León. Repasemos un poco: Marina nació en un seringal -algo que en nuestro país podría compararse con la zafra- pequeño pueblo inhallable en plena Amazonia. Durante su infancia sufrió varios brotes de malaria, hepatitis y otras enfermedades tropicales que se llevaron la vida de tres de sus once hermanos. Pero ella sobrevivió. “Su vida fue siempre muy dura. Trabajó desde los 5 años ayudando a su madre en la casa, cargando látex, sembrando y cosechando alimentos”. Ya en la adolescencia, siguió su vocación religiosa y migró hacia la ciudad de Acre con el proyecto de convertirse en monja. Allí se alfabetizó y pudo ingresar a la universidad, donde estudió pedagogía. Tomó contacto con las ideas de izquierda y decidió que no quería vivir en un convento. Allí también conoció a Chico Mendes, un dirigente sindical que adquirió popularidad luchando contra la deforestación y que luego fue asesinado.

Desde los ochenta, Marina colaboró con Lula y ayudó a construir el PT en la zona del Amazonas y alcanzó a ocupar varios cargos legislativos. Durante el primer gobierno de Lula, acompañó desde la cartera de Medio Ambiente y renunció al cargo durante 2008. Tiempo después renunció al PT. En las elecciones de 2010 compitió contra Dilma Rousseff en representación del Partido Verde y, a pesar de los 20 millones de votos que cosechó, no alcanzó a entrar al balotaje que impuso a la elegida por Lula para continuar en el gobierno.

Para las elecciones de este año no se esperaban demasiadas sorpresas y el PSDB se encaminaba a repetir lo que había ocurrido en las últimas tres elecciones: ser derrotado por el PT de Lula y Dilma. Marina no completó los trámites administrativos para que su partido se presente a nivel nacional y decidió acompañar la fórmula del Partido Socialista Brasileño que llevaba como candidato a presidente a Eduardo Campos. Pero el 13 de agosto todo cambió: la avioneta que trasladaba a Campos se estrelló en la ciudad de Santos y quien era su candidata a la vicepresidencia, Marina Silva, pasó a liderar la boleta. Desde ese momento, el panorama electoral cambió por completo y las encuestas comenzaron a mostrar que una figura potente, sumado al desgaste de tres gobiernos sucesivos, podían poner en peligro la continuidad del PT al frente del gobierno.

Durante 30 días la campaña de Marina fue perfecta: por un lado, sumó el apoyo de varias figuras asociadas al PT, entre ellos Gilberto Gil, otro ex funcionario de Lula; por otro lado, apuntó a los indignados que encabezaron las jornadas de junio de 2013, las protestas contra el mundial de fútbol y a todos los brasileños que estaban hartos de la política tradicional. Pero en las últimas semanas el PT volvió a poner el pie en el acelerador y puso en valor las conquistas de los últimos años logrando revertir el ascenso de Marina y haciendo subir la intención de voto sobre Dilma. La campaña terminó y, pese a que la segunda vuelta es casi un hecho, finalmente podremos saber qué sienten los brasileños y qué quieren para los próximos años.