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Palo Pandolfo

Ana Vicini
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A 27 años de grabar su primer disco junto a Don Cornelio y la Zona, Roberto “Palo” Pandolfo sigue demostrando que es un artista inagotable. Emblema del rock under de fines de los ’80, pionero, con Los Visitantes, en la búsqueda de fusión con nuevos ritmos como el tango, el folklore y los sonidos latinoamericanos, continuó su carrera como solista convirtiéndose, para algunos, en una especie de trovador moderno. Para sumarle un dato más a su obra, esta semana presenta su primer libro de poesía, La estrella primera, en la Biblioteca Nacional. Hablamos del libro, la poesía, las composiciones, el proceso creativo, sus nuevos proyectos, y el himno a las Abuelas de Plaza de Mayo que compuso por “intuición” y que, asegura, “es lo mejor que hice”.

¿Cómo surgió la idea del libro?

Rodolfo Facundo Soto, que es integrante de la editorial Conejos, es amigo mío hace muchos años. Es un fan de Don Cornelio de toda la vida y siempre está como proponiéndome cosas. A fines del año pasado me dijo que había hablado con los chicos de la editorial y a todos les interesaba que hagamos un libro mío de poesía. Y bueno, no pude negarme, básicamente. (risas)

¿Cómo fue el trabajo de edición para llegar a La estrella primera?

Con Rodolfo tuvimos tres encuentros en enero. Yo saqué siete, ocho cuadernos, leímos poema por poema, texto por texto y a lo que nos gustaba le sacábamos una foto con un IPad. Fueron tres almuerzos en mi casa. Luego, nos encontramos otra vez para ver ese material y hacer una nueva selección y, en tercera instancia, vino Ariel Bermani, que es también de la editorial. Él tiene veinte años de taller literario, es docente, escritor, periodista. Con él hicimos una edición fina, lo cual para mí fue todo un aprendizaje porque nunca hice taller literario. Ariel recibió todo el material que con Rodolfo habíamos seleccionado y editado un poco y él, en su fuero privado, estuvo subrayando, poniendo, sacando. Tuvimos varios encuentros más, nos tomamos bastante tiempo para pulir cada poema. Hemos discutido mucho en el mejor de los sentidos, hablado, parlamentado y encontrado la esencia del texto, dónde está lo más fresco, lo más natural, lo más simple. Para mí fue un cimbronazo tremendo encontrarme con un maestro y entender toda la vuelta que uno da para decir siete palabras interesantes.

¿Cómo viviste ese proceso de corrección?

Fue sufrido para mí descartar palabras, cosas, pero lo viví con bastante serenidad, digamos (risas). Ariel es un científico del arte poético y de la literatura, tiene mucho fundamento para todo lo que dice. Él me enseñó el porqué. Igual, yo tengo muchos años de producción artística de discos, me han producido y yo produzco. O sea, para hacer un disco a una banda le pido treinta temas para llegar a doce, hay un descarte importante. Hay mucho precalentamiento en el acto de escribir, uno empieza como un ejercicio, delira, pero en un momento atrapa algo que es muy fuerte y muy conciso, que realmente sale de adentro. En la música también, nosotros antes de un show, para probar sonido, zapamos, zapamos y hay cosas que después se pierden. Infinitas notas que quedan en la nada hasta llegar a una canción. Cuando escribo una canción es lo mismo, hay mucho que se descarta. En el arte poético, evidentemente, acabo de descubrir que también. Hay mucho de delirar, dar vueltas, de sacar mierda, por decirlo de algún modo. Te expurgas de cosas hasta encontrar algo que por ahí es comunicable, que tiene una forma, una belleza. Yo aprendí mucho. Hemos laburado todo, desde lo formal hasta lo conceptual y el contenido, todo. Es un camino, yo ahora estoy entregado ya. El libro, para mí, quedó exquisito, mejor de lo que yo lo hubiera hecho. Mi gran pregunta, ahora, es si voy a poder hacer otro (risas).

BUENOS AIRES - 31 de OCTUBRE de 2014: Palo PandolfoDijiste que trabajaron sobre ocho cuadernos, ¿cuánto tiempo abarcan esos textos?

Desde el 2005, como ocho o nueve años. Igual, imaginate que voy a cumplir 50 años ahora en noviembre y escribo desde los doce. O sea, hay material arduo para editar, que si se lo doy al chabón se vuelve loco (risas). Yo no escribo para publicar, yo hago canciones para editar. Cuando escribo son descargas, no sé cómo llamarlo. Son ejercicios, es terapéutico, es matar el tiempo, hacer algo lindo con el tiempo. Tengo un baúl, posta, lleno de cosas, todo lo escrito. Soy muy conservador en ese sentido. Tengo todo, guardo todo. Siempre pienso que mis hijos, mis nietos van a encontrar un diario poético, una autobiografía encolumnada. Lo pienso más que nada para ellos, como yo no conocí ningún abuelo, sólo una abuela. Imagino que de alguna manera por ahí está mi interés: dejar a mis nietos un abuelo que ha hecho esas cosas (risas).

También está la música, están tus canciones…

Si, la música… A mí, de alguna manera, me da un poco de vergüenza este libro. Yo estoy todo el tiempo exponiéndome, desde el ’87 saco discos, desde el ’79 hago recitales ininterrumpidamente. Son 35 años que me expongo, como dice Lou Reed: “growing up in public”, creciendo en público, cometiendo errores y también aciertos, gracias a Dios. Todo el tiempo. Y ahora, bueno…

Es que si bien toda tu obra y tu carrera son muy personales -no sólo por la música y las letras, sino también por las elecciones, los tiempos, las apuestas-, por otro lado siempre te manejaste con muy bajo perfil y este libro tiene algo más íntimo. Esa es la sensación al leerlo. ¿Cómo te llevás con eso? ¿Lo pensaste?

Lo que te decía, me da vergüenza. Estoy como desesperado (risas). Entiendo claramente que hay textos que no son canciones. Y acá hay un montón, son todos. De los ocho cuadernos, quedó medio o uno. O sea que hay muchas otras cosas, hay registros oscuros, hay rencor, violencia social, hay anarquía, política anti burguesa, hay cosas que quedaron totalmente afuera del libro. La estrella primera es justamente lo que vos decís, lo más intimo. Hay una cosa espiritual, algo de desnudar ciertas cosas. Es medio confesional.

Es más, uno de los poemas es casi una autobiografía…

Si. Y es un poco fuerte. A mí lo que me entusiasmó al momento de seleccionar los textos fue que hay una cosa de sanación y creo que esa es la búsqueda más importante. Creo que por ese lado es por donde lo justifico más al libro, es un libro con cierta búsqueda espiritual, ¿no? Eso es lo que más me interesa a mí del libro. Como el tema “La Pachamama”, de Desequilibrio de Los Visitantes: “místico tiene que ser un hombre de acción para desarrollar su espiritualidad, moviéndose en la paz”. Yo lo defiendo desde ese lugar, desde el de un tratado místico. La estrella primera es para mí como una metáfora de la fe. A veces me preguntan ¿dónde está hoy la revolución, lo contestatario? Está en la fe. El místico sigue siendo como un bicho raro. En la era de la hiperconectividad, el mundo material, el paroxismo, Argentina tiene un satélite… De alguna manera, decir: somos espíritu, estamos de paso, tenemos algo trascendente, ver más allá, escribir poesía, eso sigue siendo contestatario.

BUENOS AIRES - 31 de OCTUBRE de 2014: Palo Pandolfo¿En el proceso creativo cómo es? ¿Sabés de antemano cuándo es canción, cuándo es poesía?

Creo que si, lo puedo saber. No lo tengo como una especie de manual, es complicado, lo intuyo. La canción tiene como algunos elementos de instantaneidad, de fácil captación, tiene que comunicar rápido e ir acompañado de una música. Yo con los años he compuesto canciones desde diferentes lugares. El último disco, Esto es un abrazo, lo hice desde el automatismo, con la guitarra cantando la melodía como si ya hubiera existido la canción, componerla como si ya estuviera compuesta. He hecho otros temas así en mi vida, pero en estados de más iluminación, como “Sangre”, por ejemplo. Ahora estoy componiendo desde otro lado, porque ese método de componer automáticamente es tremendamente desgastante. No es fácil, me resultó en ese momento porque estaba expansivo y tenía energía. Yo estuve un tiempo sin componer, por muchos movimientos personales, este año volví a componer fuerte, pero con otra metodología. Elegí la melodía pura y desnuda, sin guitarra, papel ni nada. La letra la voy poniendo artesanalmente, sílaba por sílaba, para que entre en esa melodía, y las compuse todas después de haber terminado con el libro. Quedé como sobreestimulado con lo letrístico. Estoy muy contento con este aprendizaje, es nuevo. Es como que agoté la composición automática, al menos por ahora.

El año pasado salió tu último disco, Esto es un abrazo, se consolidó tu banda La hermandad, y acaba de salir tu primer libro ¿En qué estás trabajando ahora?

En el nuevo disco. También estoy desarrollando un proyecto con Daniel Gorostegui, un gran amigo y tecladista de Don Cornelio, estamos trabajando en un disco tecno. Quiero terminar estos dos discos y sacar un nuevo trabajo solista y otro de tangos, con Yuri Venturin y la Fernández Fierro, que ya lo tenemos hablado. Tengo cuatro discos para sacar de acá a tres años. El disco de tecno está en puerta, el de La Hermandad también está en marcha. Me sorprenden tantos proyectos, creo que está bien, porque de alguna manera es lo que te mantiene vivo. Amén de que yo vivo de esto, pero la verdad es que estoy contento con tantos proyectos. Por otro lado… sí, lo cuento. Yo hace diez años que practico yoga. Hay una práctica que se llama Nada Yoga, es el yoga del sonido, buscar un sonido interior a partir de sonidos externos. En el proceso que te contaba de buscar la melodía, un día me puse y saqué algo impresionante. Es la melodía más importante que compuse en mi vida. Es larga, rara, parece un himno. La busqué con la guitarra, la grabé y me fui a Radio Ituzaingó, ahí tengo un micro en el programa de unos amigos. Estábamos en el estudio y vemos la noticia que encontraron al nieto de Estela de Carlotto. Una emoción tremenda. Salí y dije: listo, es el Himno a las Abuelas de Plaza de Mayo. Y le escribí toda la letra ese mismo día. Es la intuición, yo laburo mucho con la intuición. Se llama “Siempre”, en contraposición al “Nunca más”. Nunca más ellos, Abuelas, siempre. Te para los pelos. Es lo mejor que hice. Ahora lo digo públicamente, ya está, lo vamos a hacer.

¿A qué le decís Ni a palos?

Nosotros somos la cría del proceso. Ni a palos a la dictadura.

La estrella primera se presenta el miércoles 12 de noviembre, a las 18:30 horas, en el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional

Fotos: Patrick Haar