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FUTBOL PARA EXTRATERRESTRES

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Botinera de la cuna hasta el cajón

Zambayonny
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Muchas de las personas que conocemos sufren diferentes patologías amorosas. Por ejemplo algunas son naturalmente infieles, otras son enamoradizas seriales, otras buscan en sus conquistas rasgos de sus padres, otras se relacionan siempre con gente que ya está en pareja, otras prefieren la histeria antes que la concreción y otras simplemente anhelan casarse con cualquiera para tener hijos.

Sin embargo existe una afección muy delicada que quienes la sufren merecen un análisis especial. Me estoy refiriendo a aquellas mujeres que solo pueden enamorarse de futbolistas exitosos.

Realmente un tragedia.

Estas pobres víctimas por mas que intenten posar sus ojos en caballeros comunes y silvestres que se desempeñen en otras actividades sólo se sienten felices y realizadas cuando logran ser correspondidas por alguno de estos deportistas de elite.

Son como robots programados para un solo objetivo y juegan en la ruleta de la felicidad apostando todo a un único número. Por eso la tristeza las acecha demasiado de cerca como una sobra de luz artificial.

No se sabe muy bien cuál es el origen de este padecimiento que afecta a miles de jóvenes de corazón redondo, por eso la University College de Londres realizó una investigación al respecto entrevistando a mas de 500 chicas con esta dolencia y obtuvo una conclusión freudiana. Ellos sostienen que la génesis de esta conducta está relacionada con acontecimientos futbolísticos ocurridos durante la infancia de cada una de las entrevistadas y que se manifiestan a través de los siguiente puntos en común: padres ausentes que llegaban cansados del trabajo y que sólo querían mirar fútbol por televisión en lugar de jugar con ellas; madres con esta misma patología que les transmitieron el karma; recuerdos de repentinos gritos de gol siendo bebés que convertían sus sueños en pesadillas; broncas por tener que permanecer sentadas en algún lugar específico como cábala durante dos horas; incomodidad al observar fotos de cuando eran niñas donde se las ve posando con enormes camisetas de fútbol obsequiadas por tíos que intentaban convertirlas en hinchas de su club; hermanos que tapizaban la habitación que compartían con pósters de equipos o jugadores de fútbol; el aburrimiento ante la presencia de metegoles en reuniones familiares; la impotencia de ver llorar al padre ante un resultado adverso; el dolor en los labios por un fuerte pelotazo en la cara recibido durante algún recreo; la vergüenza por no entender la ley del offside ante las risas de todos; la resignación del abuelo por haber tenido una nieta en lugar de un nieto futbolista para compensar su frustración por no haber llegado a Primera, etc. O sea, en general todos eventos que deberían hacerlas odiar el fútbol.

Contradictoriamente el informe también aclara que muchas de estas entrevistadas no sufrieron ninguno de estos episodios en su infancia, por lo tanto parece que no tiene nada que ver.

Por otra parte, y a sabiendas de que existen tantas chicas con el problema de no poder enamorarse de cualquier hombre sino solamente de futbolistas exitosos, se abrieron en todo el país oportunos talleres intensivos donde se las provee de herramientas para que puedan conquistarlos. Estos caros cursos interdisciplinarios son dictados por directores técnicos que les informan todo lo relacionado con el fútbol, licenciados en marketing que las adentran en el mundo de la oferta y la demanda, psicólogos que las preparan para responder ante cualquier situación, modelos de pasarela que las entrenan para caminar como profesionales de la moda, policías exonerados que les inculcan táctica y estrategia, expertos en nada que dictan seminarios patéticos para jóvenes emperdedores que les trabajan la autoestima, geishas que les transfieren los secretos más efectivos y asombrosos del sexo, profesoras de inglés, italiano, portugués, alemán o francés que les enseñan el idioma según la liga profesional en la que deseen especializarse, productores que las preparan para declarar en entrevistas, abogados que las asesoran sobre división de bienes y contratos prenupciales, profesores de teatro que les dan pautas para actuar, futbolistas retirados que se ofrecen para las prácticas, asesoras de vestuario y maquillaje que las adiestran para optimizar sus virtudes y disimular sus defectos, economistas sin cámara que les informan en qué invertir el dinero, ex famosos que les revelan cómo generar escándalos, y finalmente políticos sin votos que les enseñan a prometer.

Las egresadas hacen la residencia durante algunos meses en discotecas del conurbano profundo, recorriendo entrenamientos y concentraciones de planteles del ascenso hasta que ya están listas para acceder a las exclusivas fiestas donde asisten los futbolistas más prestigiosos del país.

Sin embargo nada es fácil y por más que haya revancha cada fin de semana, las carreras de los futbolistas y de las botineras son cortas.

Con el correr de los años muy pocas de ellas consiguen el objetivo deseado y la mayoría acaba en soledad, gritándole su amor a una pantalla de televisión, consultando brujas y abandonando dietas.

Es que en estos juegos peligrosos como el fútbol o el amor, el que gana tiene razón y el que pierde llora.

Ilustración: Daniel Caporaletti