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LA MALA LECHE

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Diciembre

Martín Rodríguez
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1. En Argentina se cree que prácticamente nada ocurre fuera del área de cobertura del Estado. Tenemos Estado-muñeca-rusa: nación, provincia, municipio. Tenemos una ciudadanía urbanista que abolió el destino, el azar o la casualidad, producto de años de democracia y de un runrún narrativo (periodístico, laico, católico, militante, antipolítico) que supone que toda nuestra vida social carece de intemperies, pisamos un suelo bajo el cual se mueven los hilos de una burocracia que ofrece garantías completas. Es una superstición sobre la que descansa, también, una idea de sociedad vaciada de responsabilidades, donde ese Estado sostenido por esa política, casi siempre vapuleados, nos debe permitir el ejercicio libre de nuestra individualidad. Y es una herencia del Proceso de Reorganización Nacional: en cada muerte el Estado tiene algo que ver. Tiene que tener algo que ver. Eso ocurrió (y con justicia) en Cromañón y sucede (y debe suceder) en la tragedia ferroviaria de Once. Porque sí: la corrupción mata. Pero en esos “casos” se expone también la relación entre la sociedad y el Estado. Y lo digo en el buen sentido: la política funciona de chivo expiatorio en esos agujeros negros. También, durante la temporada de linchamientos Otoño/ Invierno2014, las reacciones oficiales y opositoras presumieron que la respuesta política a la moda urbana de romper en pedazos a los delincuentes pasaba por “Más Estado”. Ese mantra de ampliar el Estado Benefactor (Cristina) o el Estado de control (Massa) supuso un Estado con capacidades sobrenaturales diferentes, apto para incluir y vigilar y castigar hasta el último aliento. Pero el Estado es una empresa humana. Sin embargo, creamos esa fiebre obsesiva, esa demanda insurgente, esa creatividad de madres, familiares, hijos ante el dolor, es la cultura filial de nuestra democracia: nadie tiene que morir. 2. Sábado 20 de diciembre de 2014. Barrio de Once. Lluvia de verano. En un local de venta de juguetes chinos, artículos electrónicos, ropa, casi nada hecho en Argentina, en la avenida Pueyrredón y Perón, un matrimonio con su hijo (la impresión es que vienen del Gran Buenos Aires y que ninguno de los dos sabría decir qué es FLACSO) inician el siguiente diálogo con el vendedor: -¿Tienen la batería de la computadora del Estado? -¿Qué computadora es? –Una netbook. El vendedor busca a otro vendedor en busca de ayuda y le pregunta: -¿Hay baterías de la computadora del gobierno? Vi a esa familia perderse bajo la lluvia con la batería entre sus bolsas de compras. Un diálogo que concentra mucho más sobre la herencia cultural de estos años de Sociedad y Estado que toda la cantata ideológicamente sobreactuada del “debate” entre prosistas militantes y periodistas profesionales. 3. Miércoles 10 de diciembre al mediodía. El televisor de mi trabajo suele tener en pantalla muda el canal de noticias C5N. Lo que se ve ese mediodía parece nunca visto: varias mujeres tapadas por frazadas y subidas de a una a las camillas mientras son filmadas por las cámaras de televisión en la puerta de una “clínica clandestina” de Ciudadela, allanada tras la denuncia de que ahí se practican abortos. “Hace instantes, las mujeres que abortaban”, decía o REZABA el zócalo que las tomaba bajo el calor de Ciudadela como víctimas/victimarios en la escena del crimen: su propio cuerpo. El canal nacido en la mente de Daniel Hadad y hecho de una crema extraña que lo hacía gusano pero kirchnerista, mutó en algo peor desde que lo gobierna el representante de la nueva “burguesía industrialista”, el señor Cristóbal López: el control ideológico de su línea perdura con total vigor, pero creció el amarillismo periodístico para reducir la proporción de política en pantalla. La voz de Martín Sabatella, en loop su “multiplicidad de voces”. (Por supuesto que las hijas de la oligarquía política abortan en clínicas lujosas que jamás serán allanadas, y mucho menos filmadas.) 4. Deseo de navidad: traigan de vuelta a casa al señor Gustavo Béliz, un suicidado de la democracia, ahora que el país asiste a la batalla final de su Inteligencia. El diciembre caliente de este año tocó adentro del Estado. La “sociedad” pasta lo que puede del consumo y la mira por TV. Ponele. Estos días, leer la prensa será leer los partes de guerra de esa guerra fría y perenne llamada: Estado Argentino.

Feliz navidad, nativos.