inicio > Una canción para el desierto argentino

NOTAS

anteriorsiguiente
  • iorio
  • almafuerte
  • almafuerte2

Una canción para el desierto argentino

Pablo Díaz Marenghi
Agrandar fuente Achicar fuente

Si de Pappo podría decirse que fue el abuelo del heavy metal argentino, entonces Ricardo Iorio es sin dudas el padre fundador. Su figura atravesó tres bandas claves del género: V8, Hermética y Almafuerte. Esta última fue la más prolífica y la que configuró lo que su cantante y bajista definiría como “Metal Pesado Nacional”: letras que rescatan el mundo trabajador, las raíces argentinas, la historia olvidada de los pueblos originarios y paisajes rurales fundidos en distorsión metálica, donde conviven Lemmy Kilmister con José Larralde y las plateadas cruces de Black Sabbath sobre las Islas Malvinas. Oda a la tierra adentro, a la amistad, al plato e’ sopa, Almafuerte forjó una versión propia del sonido metalero nutrido de tango y folklore. A 20 años de su nacimiento, recorremos la historia de la banda que atravesó todo límite.

Es muy probable que si se pregunta por Ricardo Iorio al público ajeno al metal este lo relacione con “un rockero histriónico, de peinado extraño, que vocifera y gesticula por televisión en contra de los wachiturros”. Sin embargo, dicho personaje es mucho más que un ocasional partícipe del prime time. Hace más de 30 años recorre escenarios a lo largo y ancho del país y, como entona en “El amasijo de un gran sueño”: Sigo intentando junto al pesado metal, llegar al que lo siente mandando de frente mis verdades”. Iorio encendió las brasas del fuego metálico nacional; con Riff como antecedente clave, fue parte de V8, mascarón de proa de lo que se vendría. Pelos largos, camperas de cuero y pasión por los fierros conformarían la constelación metalera que se amplificaría con el tiempo. En los 90 fue el bajista y principal compositor de Hermética en donde aportó letras que testimoniaron la realidad social. En 1995, con la separación del grupo, nace la banda que lo acompañaría hasta el presente. Según Gito Minore, poeta y coordinador de la Feria del Libro Heavy de Argentina “Almafuerte demostró en 20 años de intensa trayectoria el compromiso que implica el hecho de permanecer fiel a sí mismo, de no caer en la tentación económica ni en la del facilismo pseudoartístico de repetir viejas fórmulas”.

Cumpliendo mi destino

Si en V8 un joven Iorio componía canciones enojado por el hippismo imperante y en Hermética narraba el vaciamiento sufrido durante los 90, en Almafuerte se convertiría en un historiador: un arqueólogo que rescata y explora las raíces argentinas bajo la impronta del “Metal Pesado”. Recuerda Ariel Torres, autor de El perro cristiano, la biografía autorizada de Iorio, “cuando el 21 de septiembre de 1995, en una entrevista para la extinta revista Metal, me dijo: `No creo que Almafuerte fracase´. Llevado al plano futbolero, se podría decir que en aquel entonces se sentía como aquellos directores técnicos que sacan campeón a un equipo y después se van a otro para afrontar el reto de ganar un nuevo campeonato con distintos jugadores: disuelto Hermética a los pocos días ya había puesto en marcha a Almafuerte. Y el tiempo -como muchas otras veces sucedió- terminó dándole la razón: no solo no fracasó sino que, además, se convirtió en la banda de Iorio por excelencia.”

Corría 1995 y junto a Claudio “Tano” Marciello -pieza clave en el engranaje compositivo del grupo- en guitarra y Claudio Cardaci en batería grabaron su disco debut, Mundo Guanaco. Iorio sería por vez primera la voz principal de un grupo y, además, se encargaría de tocar el bajo hasta 2002 cuando convoca a Beto Ceriotti -ex Logos, El Reloj y Val Dragon- para reemplazarlo y dedicarse de lleno al canto. Su primer álbum daría que hablar dentro del metal argentino incluyendo versiones de José Larralde, Cátulo Castillo y un poema hecho canción de Pedro Bonifacio Palacios, poeta cuyo apodo bautizó a la banda. Se destacan canciones como “Sentir indiano” -muestra del respeto del autor por los pueblos originarios- o “El pibe tigre” -una radiografìa del apabullante mundo laboral ya expuesto en Hermética-. Su segundo disco, Del Entorno (1996), fue producido por Flavio Cianciarulo -Fabulosos Cadillacs- con quien Iorio grabaría en 1997 Peso Argento. Las canciones consolidaron el estilo de la banda: letras potentes y críticas hacia el poder militar como “Los delirios del defacto” u odas al compañerismo como “Amistades de tierra adentro” en donde Iorio empieza a soltar la definición de sí mismo que se repetiría en varios temas: “Argentino es mi encarne, y aunque pese, soy un perro cristiano.”

almafuerteA fondo blanco

El grupo se erigió durante fines del noventa y comienzos del dos mil como uno de los principales exponentes de la música pesada nacional. Su influencia llegaría también hacia otros músicos como Ricardo Mollo, quien produjo Almafuerte (1998), el tercer disco de estudio de la banda, o Ciro Pertusi, de Jauría y ex Attaque 77, quien homenajeó a Iorio en su tema “Perro salvaje” y destila emoción al describir el sonido de la banda: “Lo que pasa musicalmente es imposible. Las bases de Beto Ceriotti y Bin Valencia dicen, así como dicen las letras de Ricardo. Estos son de otra época, de la estirpe de los grandes músicos de rock pesado de los 70. Es decir, Almafuerte suena a lo clásico sin dejar de ser actual.” También resalta la figura del Tano Marciello, copiloto de Iorio en su viaje: “Es un director musical. Toca acordes imposibles a velocidades imposibles, punteos increíbles, fraseos que se unen a los de Ricardo en su cantar, interpretación, arpegios en guitarra clásica. Todo eso es el Tano acompañado de humildad y emoción.”

Pertusi sostiene que “es inusual que la discografía de una banda sea tan pareja en cuestión de performance, ejecución, interpretación, músicas, arreglos y letras.” Sus discos de estudio más recientes, Ultimando (2003), Toro y Pampa (2006) y Trillando la Fina (2012), explotan al máximo las poéticas rurales, los mitos nacionalistas, escenas propias de rutas y parajes perdidos del campo. Instalado en Sierra de la Ventana, Iorio vuelve canción sus vivencias y el Tano Marciello las musicaliza a puro metal pesado. También hay momentos para el folklore y el tango. Se oyen pasajes de guitarra arpegiada y trova como en “Ruta 76”, trash metal argento en “Ultranza” e incluso una canción -“En este viaje”- a la memoria de Ana Mourin -primera esposa de Iorio y madre de sus hijas que se suicidó en 2001-. Ripio, macadam, lengua mapuche y ferrocarriles abandonados componen la geografía almafuerte.

Muchas veces la figura de Iorio se come a la de la banda por su impronta arriba del escenario y, últimamente, por sus provocadoras declaraciones en televisión. El periodista de rock Sergio Marchi afirma que “Ricardo Iorio puede gustarte o no, pero siempre fue consecuente con lo que hace. Nunca tuve mucho trato con él, pero lo conozco desde hace más de 30 años, cuando lo veía descargar cajones de verdura del camión que creo era de su padre. Cuando escribe una letra como `Gil trabajador´, el tipo sabe de lo que habla. Es un compositor auténtico y un laburante de la música. Delineó una manera argentina de hacer metal.”

almafuerte2Trillando la fina

Las dos décadas de Almafuerte marcaron a fuego no solo a la música sino también al mundo de la cultura en general. Paula Alvarez y Lucas Calabró, realizadores del documental Sucio y desprolijo que explora la historia del heavy metal nacional, afirman que “cualquiera que quiera entender que es el “Metal Pesado Argentino”, tiene que saber que V8, Hermética y Almafuerte cumplieron un papel muy importante en definir estilo, sonido, contenido e identidad. Detrás de ellas aparece la figura de Iorio que no se destaca por ser un músico virtuoso sino más bien se considera un “decidor”; un poeta surgido de la clase obrera argentina que interpretó a lo largo de su carrera vivencias, realidades y valores que a través de su música traslada a quién quiera escucharlo. Podríamos decir que Ricardo es un Discépolo contemporáneo”. Federico Sosa y Julieta Arévalo filmaron, a pulmón, la película Yo se lo que envenena, cuyo guión está inspirado en el fanatismo por Almafuerte. Sostienen respecto a Iorio que “la coherencia entre lo que dice y lo que hace, lo vuelve un referente difícil de igualar. Su figura trasciende el metal y la música ya que está en las paredes de las calles, trenes y subtes.”

Diego Caballero es integrante del Grupo de Investigación Interdisciplinario sobre el Heavy Metal Argentino (GIIHMA) que investiga desde un abordaje académico al género porque, según explica, “hay una vacancia de conocimiento respecto a las especificidades del heavy metal que desborda a lo que se denominó “rock nacional”. Almafuerte y la figura de Iorio son objeto de estudio en el grupo ya que, según Caballero, “la poética de Iorio, desde aquel joven de V8 hasta la actualidad, es muy rica para abordarla desde distintos ángulos. En el caso de Almafuerte, Iorio dejó en claro sus motivaciones como artista. Es ante todo un ferviente defensor de los derechos de los pueblos originarios, un rescatista de las raíces de nuestro país, un cantor que recupera letras de Almafuerte (el poeta), de Larralde, pero también ritmos como el tango y el folklore. Se preocupó por visualizar la actualidad de los ex combatientes de Malvinas y hasta al glifosato que envenena los potreros.”

El recorrido de Almafuerte trascendió las barreras del heavy metal argentino, así como también de la música, penetrando en diversas manifestaciones culturales y haciéndose carne con el imaginario colectivo de la argentinidad. Las temáticas de sus canciones, enalteciendo las raíces nacionales y alejando el foco de la urbe porteña, son dignas de ser oídas como payadas lanzadas al viento y cargadas de la potencia de un sonido demoledor. Como sintetiza Torres “muchos discos, infinidad de giras a lo largo y ancho del país y la comunión con un público único convirtieron a Almafuerte en el bastión del rock pesado argentino”.

***

Bonus track:Vas a perder plata”

La anécdota de cómo Ariel Torres se acercó a Ricardo Iorio en 2005 para comentarle la idea de escribir su biografía –El Perro Cristiano (2008)- pinta de cuerpo y alma al líder de Almafuerte. Torres rememora: “Estuve medio año escribiendo sin que Ricardo supiera del libro. Cuando se lo presenté, en un concierto en Luján, primero dudó pero después le pareció interesante el proyecto. `Yo no soy un músico famoso, amigo. Vas a perder plata´ recuerdo que me dijo. Y al toque agregó: `Pero bueno, te doy mi aprobación´”.