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LA MALA LECHE

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Massa según Genoud

Martín Rodríguez
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¿Cuánto de lo que sabemos de un político sirve para saber cómo sería su presidencia? Las biografías de Alfonsín, Menem o Kirchner tenían algunas claves pero ni por lejos todas. Ser presidente es ser otro, podría ser el balance histórico. Acaban de publicarse las biografías de dos de los políticos del momento. Una, la que escribieron los periodistas Pablo Ibáñez y Walter Schmidt sobre Daniel Osvaldo Scioli; y la otra, la de Sergio Tomás Massa (Massa. La biografía no autorizada, Sudamericana), del periodista Diego Genoud, fruto de un trabajo de investigación y análisis que le llevó dos años. Se trata de un libro corto, completo y eficaz para aquel que quiera conocer la vida de quien Genoud llamó en la revista Crisis en 2013: “el pastorcito mentiroso”, y que sueña día y noche con ser el próximo presidente de los argentinos, aunque esta no sea su temporada de encuestas.

Si Scioli es una existencia a cielo abierto y nos ofrece su vida privada como lo más público que tiene (una suerte de Truman Show consciente), si Macri arrastra el guiño de quien se metió a dar una mano en política después de “triunfar” en la vida empresaria, Massa completa esta trilogía de candidatos “separados al nacer” como el más político de todos.

A Massa no le falta un brazo, no fue un deportista exitoso, no sufrió un secuestro extorsivo, no tiene un padre poderoso que lo ningunea, y su matrimonio, parece más una sociedad política y militante que una complementariedad calculada para la imagen. Massa no arrastra virtudes externas a la política que “regala” en forma de valores. No. Massa transpira política en el sentido más físico y acelerado. Su vida es común y silvestre: criado en una familia de San Martín, cuadrada quizás en el rito de “nunca hice política, siempre fui de clase media”, alcanzada por el rayo misterioso de la política en los activos años 80, pero del lado oscuro de la luna primaveral, en la UCD, donde pululaban Ricardo Echegaray, Boudou o Sergio Lapegüe, por ejemplo, juventudes liberales que enviaban delegaciones a Nicaragua pero del lado de los contras. Genoud se adentra en esa militancia repleta de nombres actuales que pueblan todas las facciones de hoy.

Ser liberal en 1987, se entendería después, significaba subir a un tren que te dejaba en la estación del Peronismo y el Poder. La biografía de Massa es una metáfora de la metamorfosis peronista de los 80, 90 y el nuevo siglo: liberalización, representación de las clases medias, municipalización, punitivismo, empoderamiento estatal tras la crisis. Digamos que la ausencia de una “burguesía nacional” o actores económicos serios (ah, nuestros “Grupos”), producen la clase de políticos aventureros que guían capitales y descubren desiertos jugosos. Tigre. Si no hay burguesía, hay Estado. Massa aparece en la pluma de Diego como un personaje energúmeno, motivado a disputar en todo tiempo y espacio su liderazgo y un mutante ideológico. Soberbio, sólo cavila tras oír su consejo de ancianos: Daniel Vila, José Luis Manzano, Jorge Brito, Alberto Pierri. Sus relaciones tienen tentáculos que incluyen a muchos empresarios kirchneristas. El capítulo “Brito” se trata de quien le da cobertura económica y quien mejor describe la fisonomía de Massa en espejo. Brito es un Massa empresarial.

Para tranquilidad, Genoud revela mitos que rodean a STM: por qué se peleó con Bergoglio, cómo es su relación con Boudou, cómo tejió vínculo con Kirchner y su ruptura (rebelión municipal), sus amores y odios con Clarín, la re-construcción de Tigre, “la Miami del Conurbano”, boom inmobiliario de barrios ricos sobre “humedales”, bajo una promesa de progreso que trajo uno de los contrastes sociales más chocantes: barrios humildes que se inundan, la convivencia entre muros de pobres y ricos.

Massa es “naturalmente” peronista porque ahí está el poder, y construye con tanta libertad su lucha por él que los empresarios le desconfían. Llegó al PJ y tuvo como primeros aliados al matrimonio Barrionuevo y Graciela Camaño, autora de una ñapi memorable. Su “contemporaneidad” en el gobierno de Menem con Rodríguez Larreta o Capitanich, muestra su itinerario estatal hasta que la vida lo encuentra en la ANSES de Duhalde, en 2002, siendo autor de una ruptura con la virginidad liberal presupuestaria: el primer aumento de jubilados en años. De 150 a 200 pesos.

El libro de Genoud resulta una historia inmobiliaria del partido de Tigre, una historia del peronismo de palacio en los años kirchneristas, la construcción de su populismo con el “business” de las camaritas y una hipótesis de su cuenta ideológica: “¿menemismo político y kirchnerismo económico?”. Genoud imagina en Massa una fórmula de política a la derecha de la economía. Una cultura que lo arrima al menemismo y una mesa chica de economistas que, a pesar de Redrado, pareciera anhelar la vuelta a una suerte de kirchnerismo originario.

Diego Genoud escribe un libro necesario que hace equilibrio entre la demanda de los politizados sedientos de “charlas de quincho” y el retrato de las condiciones de producción de un político de poder como Sergio Tomás Massa.