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OPINION

  • Mariana Mazzucato

El Estado emprendedor: el aporte de Mazzucato

Manuel Gonzalo
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Este miércoles 20 de mayo, Mariana Mazzucato brindará una teleconferencia en el VI Congreso de AEDA (Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina) sobre el papel del Estado como creador de mercados, el Estado emprendedor, como se titula su libro más difundido. Mazzucato, como Piketty, encontró un lugar, posicionó un discurso, que no es nuevo, pero es en extremo necesario, sobre el papel de la intervención estatal en la economía capitalista, particularmente en su dinámica innovadora. Su línea principal es que el Estado no solo financió sino que intervino en la producción de las principales innovaciones de nuestros días: internet, el iphone, energías solar y eólica, remedios, etc. Instalar esto como un punto central en la agenda internacional y local de hoy es un logro no solo académico sino también político y es, a mi modo de ver, el mayor mérito de Mazzucato.

Mazzucato se formó en la New School for Social Research de Nueva York y actualmente ocupa la cátedra Christopher Freeman en la Universidad de Sussex. Freeman y Sussex fueron pioneros en los años 80 en reconsiderar y complementar el herramental teórico de Schumpeter para pensar la dinámica tecnológica moderna, en lo que hoy conocemos como teoría neo-schumpeteriana. El análisis schumpeteriano centra su atención en el proceso de competencia como un proceso activo, creador y destructor, central en el capitalismo industrial. No obstante, Schumpeter, un romántico del capitalismo, no tenía Estado. Mazzucato busca introducirlo en este proceso, tomando categorías neo-schumpeterianas como los Sistemas Nacionales de Innovación, o sea, el entramado institucional con que cada país enfrenta sus desafíos tecnológicos en interacción con la geopolítica, la macroeconomía, las finanzas, etc. Luego, el Estado se termina de completar en Mazzucato vía Keynes, a través del principio de demanda efectiva. Conectar demanda y desarrollo tecnológico es un camino atractivo y desafiante, aún a ser explorado y profundizado.

Respecto a la discusión principal sobre el papel del Estado, Mazzucato expone y articula algo que ya habían mostrado otros autores respecto a la centralidad del financiamiento estatal en EE.UU., Inglaterra y China, en dónde a través de sus sistemas de defensa, salud, científico y de la banca pública se investigaron, desarrollaron y financiaron las principales nuevas tecnologías, infraestructuras y sectores intensivos en ciencia y tecnología. Sin dudas, la historia del capitalismo muestra que el papel del Estado fue sustantivo para impulsar los principales cambios de paradigmas tecnológicos, involucrándose tanto en la definición de estándares, normas y regulaciones como en el financiamiento y la producción. Defensa, energía, salud, telecomunicaciones, infraestructura, todos sectores en los cuales operan fuertes economías de escala precisan de un esfuerzo de coordinación tal que sería imposibles pensarlos sin la participación estatal.

No deberíamos simplificar en extremo la discusión ni ser ingenuos. En el sistema capitalista, la mediación del mercado y de los procesos de competencia operan en casi todos los ámbitos de intercambio. Desde la Revolución Industrial, y quizás desde antes, Estado y mercado se articulan en torno a intereses, capacidades, lucros, propiedad. La compañía de las Indias orientales fue una empresa público-privada, la llegada de Colon a América fue una iniciativa emprendedora financiada por la corona española y, ya más contemporáneamente, Apple, Twitter y Google tienen por detrás un Sistema Nacional de Innovación que las generó y un Estado que las respalda en la disputa competitiva global. El capital, digamos, si bien circula, también tiene bandera. Pensar la discusión tecnológica implica reconocer que se trata de un juego de generación y apropiación de valor en un proceso de competencia que es tanto inter-estatal como inter-capital. Se trata de una discusión de poder, claro, que se manifiesta tanto en la formación de precios como en el plano político y en la cual el proceso tecnológico, material, tiene un rol central. La regulación de internet, la exploración del espacio, el desarrollo de las telecomunicaciones, los recursos renovables y no renovables son espacios que están cruzados por la competencia inter-estatal e inter-capital. Pensar la intervención del Estado implica dar cuenta de estos procesos.

Por qué el Estado interviene, cómo se relaciona con los otros Estados y cómo los procesos de competencia generan capacidades son aspectos no tan desarrollados en el libro de Mazzucato, quien sin dudas ya contribuyó significativamente al instalar la discusión.