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FUTBOL PARA EXTRATERRESTRES

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Partido homenaje

Zambayonny
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Cuando un jugador exitoso se retira de la actividad profesional se le suele organizar un partido de despedida y todo lo recaudado se le obsequia al homenajeado junto a una plaqueta y alguna camiseta firmada por los ídolos históricos de la institución. Estos encuentros amistosos suelen disputarse muy livianamente entre equipos conformados por viejas glorias del fútbol y jóvenes que todavía están en actividad.

Casi siempre se le permite al agasajado hacerse con facilidad de la pelota, eludir sin problemas las aparentes marcas y convertir goles de toda índole para que aplaudan emocionados los hinchas mientras evocan festejos de otros tiempos cuando los goles valían de verdad.

A estos cotejos lo suelen dirigir árbitros retirados que se muestran simpáticamente gordos y que tarde o temprano inventan un penal para que el jugador que se está retirando lo ejecute con la notable complicidad del arquero quien suele avisarle al ejecutante hacia qué lado se va a tirar para que no haya ningún inconveniente y el tanto se concrete.

Los relatores que cubren estos cotejos suelen exagerar los elogios al dueño de la fiesta mechando continuamente comentarios que ensalzan su pasado y obvian los errores.

Los directores técnicos realizan más de veinte cambios en total para que todos los invitados puedan compartir un rato con el profesional que está dejando la actividad.

La tarde acaba con en una fiesta de goles, risas, abrazos, lujos y emotivas lágrimas finales.

Algunos se suicidan al día siguiente.

Los jugadores retirados no cumplieron todavía los 40 años y ya son jubilados.

Los que lograron ser millonarios se aburren en sus casas y necesitan continuamente contarle a cualquiera que se cruce con ellos jugadas en sepia pertenecientes al deshabitado museo del olvido y que sin embargo reviven en sus cabezas una y otra vez buscando sentir aquella sensación en el cuerpo que tuvieron al realizarlas. Pero no. Solo consiguen contarlas cada vez mejor con detalles que no ocurrieron.

En cambio los retirados que no lograron ser millonarios, ni mucho menos, deben salir a buscar un trabajo con el peso de tener una cara conocida que esconder.

El caso más curioso sin dudas es el ocurrido con el Pampa Sepúlveda que había construido una carrera más extensa que exitosa jugando en diversas categorías durante 25 años para retirarse finalmente a los 44 porque ya estaba pasando vergüenza al lado de los pibes.

Se le organizó un partido de despedida con todos los lujos al cual asistieron futbolistas prestigiosos que en algún momento habían compartido algún plantel con él.

La despedida fue una fiesta. El Pampa metió como 9 goles, atajó un penal, le sacaron una roja y luego lo dejaron entrar de nuevo, se abrazó con todos, lloró en el micrófono, balbuceó unas palabras emotivas, le entregaron una placa, le obsequiaron la camiseta firmada, le donaron el dinero de la recaudación, le dieron las gracias por todo y lo dijeron hasta siempre.

Sin embargo al día siguiente cuando se levantó para ver las crónicas periodísticas y las imágenes de su partido homenaje se entusiasmó con su desempeño y pasó por alto las facilidades que le habían dado para que se luzca. Llamó a su representante y le dijo que no se retiraba.

Una semana después firmó para un club del ascenso y volvió a las canchas. La pasó bastante mal, tuvo que soportar las críticas por haber regresado y nuevamente los jóvenes se aprovecharon de su pésimo estado físico. Fue año muy duro.

Al llegar diciembre se dio cuenta de que no podía seguir y le volvieron a organizar el partido de despedida. Esta vez el interés fue menor y casi no participaron jugadores de renombre, sin embargo la cancha estaba llena. Nuevamente los invitados le facilitaron las cosas para que el Pampa convirtiera casi todos los goles y se luciera con gambetas, caños y otros firuletes. Al final de la jornada le entregaron un diploma, un pantalón firmado, habló en el micrófono sin llorar, le dieron las gracias por todo y le dijeron hasta siempre.

Sin embargo al día siguiente al repasar lo que había sido su brillante desempeño se convenció de que todavía le quedaba un cartucho para quemar por lo tanto llamó a su representante y le dijo que le buscara club.

Firmó con una institución de la zona y arrancó la pretemporada con entusiasmo. A poco de comenzar el torneo perdió la titularidad y algunas fechas después ni siquiera era convocado para estar en el banco de suplentes. Esta vez era el final.

A mitad del campeonato se dio cuenta de que era absurdo seguir y decidió retirarse en serio. Esta vez el partido homenaje fue en una cancha de fútbol 5 con entrada libre a cambio de un alimento no perecedero. Jugaron amigos del barrio y un viejo que nadie conocía pero que juraba haber sido muy famoso. Al Pampa les costó bastante aprovechar los regalos pero al final del encuentro fue goleador y figura. No hubo plaqueta pero todos le firmaron una cartulina, luego le entregaron los alimentos no perecederos, le dieron las gracias por todo y le dijeron hasta siempre.

Al día siguiente se lo pasó acostado porque estaba cansado y dolorido, sin embargo 48 hs después se sintió mejor. Se levantó de un salto, gambeteó al gato y pateó una pelota invisible que metió en un arco imaginario. Lo festejó como si fuera la final del mundo y decidió llamar a su representante.

Ilustración: Daniel Caporaletti