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RUIDO DE FONDO

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La mano del dios grunge

Gonzalo Bustos
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Tres canciones le bastan a Surfing Maradonas para definir la sonoridad de Holocausto Alienígena, su segundo disco de estudio. Los tracks 2, 3 y 4 guardan los rasgos que construyen la identidad del dúo formado por los hermanos Esteban (voz y viola) y Fochi (batería) Fernández, a.k.a. Maradonas. “Incidente en el Uritorco” tiene un rasguito de guitarra criolla pegado a los parches que golpean secos y constantes comandando una cabalgata de montaña, mientras la voz canta como hundida en una cueva. El siguiente paso es una pieza grunge made in Seattle, “El Escape de la Mansión Tentáculo”: violas saturadas en vaivén esquizofrénico dirigiendo una letra que parece haber sido escrita para el soundtrack de una película de zombies. Una melodía aletargada y efectos que suenan como viento del desierto aclimatan “Caníbales Reductores de Cabezas”, que con el correr se vuelve versátil por los cortes abruptos de la batería que abre y cierra las puertas para que las cuerdas aceleren o simplemente se mantengan en su lugar.

Grabado y mezclado en Dirty Home-Studio por el mismo Fochi Maradonas el álbum es una obra oscura que se mueve por el noise anestésico, el grunge desquiciado y el stoner guitarrero. Las seis canciones, además, son la cinta testigo de la evolución del grupo: a diferencia de lo mostrado en Mal Augurio (2013) los de Ramos Mejía están más calmados. En el debut la furia se los llevaba puestos; aunque ese entusiasmo desbordante fue el que los puso en la grilla de la edición 23 del Festipulenta, aquel del sexto aniversario. Cuando antes Esteban cantaba como una reencarnación monótona y -aún más- resentida de Kurt Cobain ahora aplica autocontrol a su registro, colocándolo donde la canción lo necesita. A Fochi le pasó lo mismo, contuvo el animal que busca salir cuando se sienta en su banqueta. Regula las revoluciones de las canciones, genera climas y marca el ritmo con cortes de tempo ásperos.

Esa evolución que se produjo en estos dos individuos de la misma sangre puede rastrearse fácilmente en las composiciones que abren y cierran el disco: dos piezas de salvajismo racional. El comienzo con “Perro Diablo (El Familiar)” tiene una intro de guitarra gorda sobre la que se meten la voz putrefacta de Esteban y las cachetadas de Fochi. Así avanza hasta la mitad donde entra una bola de ruido violento y espacial –acá tienen el toque distintivo– que gana el espectro. “Marte” es el cierre donde los aliens aparecen entre un paisaje de fin del mundo para terminar, como la mayoría de los temas, en un cuelgue instrumental de rayos lasers y platos voladores que se van perdiendo en otra galaxia.

surfing maradonasHolocausto alienígena

Surfing Maradonas

2015