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Hagar Yanai

Ariel Pichersky
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Novelista, editora, crítica literaria y profesora de narrativa, Hagar Yanai (kibutz Barkai, Israel, 1972) fue reconocida dos veces con el premio israelí Gefen de ciencia ficción y fantasy; en la primera ocasión, por El leviatán de Babel (2006, publicada en castellano por Pàmies en 2014), y que presentó meses atrás en la 41ª Feria del Libro de Buenos Aires. Inscripta en una literatura nacional con una marcada impronta realista, la novela conjuga paisajes y personajes de la mitología judía y mesopotámica con una investigación psicofarmacológica contemporánea. Durante su visita a la Argentina, hablamos sobre literatura, drogas y los géneros en que se escribe la historia.

Si bien el fantasy tiene un lugar destacado en el mercado, suele aparecer desprestigiado frente al realismo. ¿Cómo ves la relación entre ambos géneros?

Es gracioso, porque el fantasy es el género más exitoso del mundo. Para mí, el fantasy es lo más. Es muy popular: Harry Potter es fantasy, Los juegos del hambre es fantasy… La crítica tiene algo con la escritura realista… Yo hice una investigación sobre la relación entre el realismo y la literatura fantástica en la literatura hebrea e israelí. Me interesaba mucho este punto, así que edité un libro de artículos al respecto. Intenté investigar por qué la literatura israelí es tan realista y por qué condena lo fantástico. La respuesta es muy interesante. Israel fue construido por gente laica. Todos venían de hogares religiosos, y en el siglo XIX la religión estaba llena de mitos y leyendas. Los padres de los que venían de Europa hablaban idish, y tenían muchos cuentos populares idish; los que venían de países árabes tenían los cuentos populares y mitos de los que está llena la lengua árabe. Cuando vinieron a Israel, a principios del siglo XX, tuvieron que olvidar sus lenguas para empezar a hablar hebreo, y también eran laicos, así que, en cierto sentido, soltaron los mitos y los cuentos populares, los cuentos de hadas. Los soltaron, los dejaron en la diáspora. El impulso de la creación de Israel era muy realista, y consideraron que el realismo era el género más apropiado, porque lo más importante era documentar la construcción del país. Moshé Shamir, Sámej Izhar… escritores muy realistas del tiempo de la construcción de Israel. De modo que en Israel se supone que el realismo es un género superior porque también lo fue durante la construcción de Israel. Y no hay nada normal en eso, porque en el mundo lo fantástico está en el torrente sanguíneo de la literatura, porque no hay cortes en la conexión entre el pasado y el presente. Entonces, en Israel no creen que la literatura fantástica sea igual al realismo, sino menos importante. Debe ser como acá, pero ustedes tienen a Borges, ¿lo consideran menos importante que a los autores realistas?

Bueno, Borges es un caso especial. Aunque Borges no escribía novelas, sino cuentos. Tal vez tenga que ver con eso. En la novela sin duda se impone el realismo.

Creo que el pensamiento de que el realismo es más importante viene de gente sin imaginación, porque, desde luego, trabajan con la literatura para referirse a la vida real, para decir algo acerca de la vida real, pero la literatura fantástica también dice algo sobre la vida real, también se refiere a la vida, a nuestra realidad. Habla de nuestra vida de otra manera. Por ejemplo, El señor de los anillos habla de la Segunda Guerra Mundial, del coraje, de las pequeñas personas, los pequeños hobbits que sobreviven a esa gran oscuridad… habla de ser humano. Eso es algo de nuestra vida, pero dicho en forma de fábula. Refiere al estado de nuestra vida, pero en un modo simbólico.

Como escritora, ¿qué te permite el fantasy que no te permite otro género?

Te da lugar para tu verdadero yo. Pienso que el verdadero yo no puede experimentarse por completo en la realidad realista. Tenemos una vida normal: ganamos dinero, trabajamos, tenemos una familia, hijos, padres… pero uno es más que eso. Las alas de la imaginación son más grandes, y queremos más, podemos experimentar más. No tenemos lugar para eso en la vida realista, pero por dentro nuestro espíritu es más grande. El fantasy hace espacio para estas grandes alas de la humanidad, para ser humano, para volar. Creo que la idea aristotélica del arte como mímesis de la realidad es muy limitante.

¿Por qué creés que la mitología judía suele ser relegada en comparación con otras expresiones de la cultura judía?

Porque los escritores no la usan, por este corte tan cruel del que hablábamos entre la nueva cultura judía y la vieja cultura judía. Se debe a la creación de Israel y al uso del hebreo. El pasado cultural, con los mitos, las narraciones, los cuentos populares, no se integró a la corriente de la nueva cultura hebrea, porque se supone que debe olvidarse. Creo que pensaban que si la gente imaginaba lindas historias no iban a construir Israel, o no iban a proteger las fronteras, construir las carreteras, los edificios, que iban a hacer orgías… Imaginar era como un crimen. Ya no es así.

leviatan de babelConsiderando eso, ¿qué es lo que buscás en la mitología judía?

Me gusta la aventura, el miedo, la emoción. Hay hermosos cuentos populares judíos antiguos. También hice una gran investigación sobre esos cuentos, de demonios, de fantasmas… Hay cuentos muy lindos. De hecho, traté de tomar un cuento de demonios del siglo XII para hacer una novela, pero no funcionó. Le dediqué unos dos años. Era un desafío muy grande, y no funcionó. No está publicada. Tal vez, algún día… Hay mucho para tomar de ahí, hay tesoros muy ricos de cuentos populares y mitos, y los escritores israelíes modernos no los usan en absoluto. Creo que quieren ser como periodistas, documentar el presente. Si te fijás la literatura israelí mainstream es como el periodismo: escriben sobre laicos, ultraortodoxos… Es como si la gente tuviera miedo de despegarse un poquito de lo que está en los diarios. Si no, sienten que se van a perder. La gente quiere leer cosas sobre sí misma. La mayoría no tiene la capacidad de verse en el otro, en lo diferente. La imaginación requiere empatía. Si tenés empatía y tenés imaginación, podés ver tu vida también en la travesía de Frodo para llevar el anillo a Mordor y en todo tipo de relato.

¿Por qué los psicofármacos son un tema relevante para una novela de fantasy?

¿Por qué no? De hecho, cualquier cosa puede ser tema de una novela de fantasy. Siempre me han interesado las drogas, en general, no drogas ilegales… Es muy interesante, porque las drogas cambian la mente, la conciencia. Es fascinante cómo nuestra mente está sujeta a manipulaciones, cómo nuestra conciencia se vuelve sensible a los cambios. Si tomás una droga podés convertirte en otra persona. No me refiero a las drogas prohibidas, sino a la medicación. Siempre me fascinó eso, los cambios en la conciencia, y las drogas pueden provocarlos.

¿En qué estás trabajando ahora?

Tenía ganas de hacer un libro para chicos sobre Isaac Rabin y los Acuerdos de Oslo. Tengo una hija de cuatro años, y para las elecciones de marzo, la maestra del jardín le dijo que votara por Bibi [Benjamín Netanyahu]. Así que vino a casa y dijo: “¡Yo voto a Bibi! ¡Bibi es el más fuerte! Nos va a salvar a todos”. Por supuesto, nos reímos mucho. El día siguiente a las elecciones decidí escribir una novela para adolescentes sobre Rabin y los Acuerdos de Oslo, porque me parece importante que sepan del legado de la paz. Me compré una computadora nueva, para poder ponerme a escribir ni bien llegara acá. Quería escribirla rápido (yo escribo muy rápido), pero unos días antes de venir para acá, mi editor me recordó que había un problema de calumnias. Al parecer, no podía usar los nombres reales de los personajes sin permiso. Podía obtener el permiso de la familia de Rabin, pero probablemente no pudiera obtenerlo de la familia de Yigal Amir [culpable del asesinato de Rabin], así que lamentablemente es imposible escribir la novela.

¿Por qué sería un problema para una escritora de literatura fantástica?

Es una buena pregunta. Me lo dijeron. Podría tomar la situación y cambiar los nombres, no llamarlo Isaac Rabin, sino Mordejai Haimovich o algo así, y decir que fue otro el que lo mató. Pero la idea de este libro no era que fuese fantástico, sino que fuera un libro que les enseñara a los adolescentes acerca de la posibilidad de la paz en Israel. Es un libro que nunca se me hubiera ocurrido escribir antes de tener hijos, pero ahora que los tengo, me parece importante enseñarles esto.