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El muchacho de pelo mota y rasgos qom

Facundo Arroyo
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Tengo ritmo: Oscar Alemán y su tiempo. Así se iba a llamar el trabajo de Sergio Pujol pero como salió por otra colección de Planeta el nombre se reformuló. Pujol asegura que el género “biografía” es híbrido por naturaleza. Es un concepto líquido y por eso incierto. En sus inicios como investigador arriesgó un primer trabajo en Como la cigarra: biografía de María Elena Walsh. Luego escribió también las historias de Atahualpa Yupanqui y Enrique Santos Discépolo. Los desafíos estuvieron siempre anclados en esa primera afirmación del crítico de música popular: equilibrar la dedicación académica, valorar la investigación periodística, probar distintos registros para la escritura resolutiva y, finalmente, potenciar el pulso ensayista. En La guitarra embrujada, Sergio Pujol llega a la especialidad analítica y logra, gracias a cuatro años de “disciplina Alemán”, su mejor trabajo, posicionándose como uno de los críticos musicales argentinos más importantes de la última década.

De Oscar Alemán se tenían los grandes destacados: un dúo iniciático con ruedo en Buenos Aires (Les Loups), una gira trashumante por Europa, guitarrista estrella de Josephine Baker, carrera musical en Francia (construyendo un mano a mano -que incluyó una amistad- con el gitano Django Reinhardt), propuesta formal del gran Duke Ellington para que forme parte de sus filas, expulsado por los nazis a fines de los treinta (cuando su carrera estaba en un nivel inmejorable) y reconversión musical en la Argentina de Perón. No era toda la historia de Alemán. Había más y, a diferencia de Yupanqui o Discépolo, la propuesta en el plano ensayístico no era decir algo nuevo, sino decir todo de un músico sin relato formal.

Nacido en Chaco y, una vez llegado a Brasil, huérfano de un padre suicida, Oscar mendigó por las calles cariocas hasta comprarse un cavaquinho. La historia de ese primer instrumento es el inicio de un músico inesperado. Uno de los grandes guitarristas argentinos. Hasta llegar a Francia sus influencias forjaron una personalidad musical inédita: mezcla del folklore practicado con el Sexteto Moreira, la impregnación de la música brasilera y el tango de cantor con guitarras. Luego el jazz, evidenciando el nacimiento de varias corrientes y haciendo de eso un sello personal.

Además de esos fuertes pilares estilísticos, Oscar Alemán fue un camaleón para los géneros populares. Podía desarrollar tanto el swing como el bolero, el fado, el boogie woogie, entre otros. Y si la historia de este morocho flaco y de baja estatura todavía no había sido contada era porque Sergio Pujol respetó una iniciativa: Carlos Inzillo (uno de los grandes críticos argentinos de jazz) quería hacerlo. Durante la presentación oficial de esta biografía, el mismo Carlos aclaró: “Hasta que un día le dije a Sergio que la escriba. Por suerte, luego de leerla, entiendo que fue una decisión certera. Le hace justicia a Oscar Alemán”. Louis Armstrong, después de escuchar a Oscar en una improvisación trasnochada, lo dejó claro durante la década del ’30: “Y yo que creía que los argentinos solo eran Tango men”.

oscar alemanOscar Alemán, la guitarra embrujada

Sergio Pujol

Planeta

2015

340 páginas

$229