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Noah Cicero

Diego Sánchez, Mariano Vespa
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Para la llamada Alt Lit, es decir ese movimiento de escritores estadounidenses nacidos a principios de los 80, Internet no sólo definió un modo de escribir fragmentario, alimentado de entradas de blog, tuits, chats y otras materialidades digitales, sino que también propuso una manera de visibilizar sus producciones. Uno de los referentes de la camada, Noah Cicero (Youngstown, Ohio; 1980), licenciado en Ciencia Política y trabajador de un supermercado, promueve una mirada reflexiva acerca de la juventud en el vaivén capitalista. La aparición de Trabajá. Cuidá a tus hijos. Pagá tus cuentas. Acatá la ley. Consumí (Metalúcida; traducción rioplatense de Mariana Alonso y Sandra Buenaventura), segundo libro traducido al español, lo atestigua: Cicero narra la historia de Michael, un joven que pone un paréntesis en su carrera académica y decide trabajar en el sistema penitenciario para quedar atrapado en una suerte de neokafkiana maquinaria de control. La novela nos sirve como referencia para charlar con él sobre diversas cuestiones, desde espionaje hasta literatura contemporánea, y las transformaciones del imperio en el siglo XXI.

Trabajá… sugiere ideas sobre el control gubernamental y la rebelión ciudadana que resulta imposible no cruzar con cuestiones como el escándalo de espionaje masivo por parte de la NSA o, más atrás, las revueltas en los países árabes. ¿En qué influencias o acontecimientos te apoyaste a la hora de escribir la novela?

Me inspiré mucho en la Primavera Árabe y en las protestas en Estados Unidos, los policías tirándole gas pimienta en la cara a los manifestantes pacíficos, no podía parar de ver esos videos de jóvenes siendo atacados por nada. Es tan doloroso lo que pasa en Estados Unidos últimamente, la gente sigue protestando y no pasa nada, cero. Pero hay una diferencia entre la Primavera Árabe y los Estados Unidos, los países árabes pudieron cambiar porque Occidente y los países ricos de Asia les dieron el ok, países más poderosos le abrieron la puerta al cambio a esos países. La revolución en Libia fue apoyada por fuerzas internacionales. Estados Unidos, en cambio, es el país más poderoso del mundo, tratar de cambiar algo acá es imposible. No hay otros países en el mundo que puedan decirle a mi país lo que tiene que hacer u obligarlo a hacer tal cosa, por lo que no tiene ninguna razón para hacer nada.

Uno de los ejes de la novela es NEOTAP, una suerte de institución gubernamental de “reeducación” para delincuentes donde el protagonista, Michael Scipio, consigue un puesto. Vos trabajaste en una cárcel hace algunos años. ¿Te inspiraste de alguna forma en esa experiencia?

Trabajé en una cárcel durante cinco semanas hasta que me echaron por ser demasiado amable y aprensivo. Trabajar en una cárcel me inspiró un montón a la hora de hacer el libro, pero los personajes no son reales. Yo NO soy Michael Scipio, mis padres son trabajadores fabriles y carniceros, no me crié en la clase media. Trabajar en una cárcel es absurdo, en Estados Unidos encarcelan a gente que cometió delitos menores, acuérdense de que hay 2.2 millones de personas en las cárceles de Estados Unidos, muchos más que en cualquier otro país. Y después los hacen ir a cursos para ayudarlos a convertirse en mejores personas, pero “mejor persona” significa saber comportarse, no significa armar un sindicato, reclamar mejores sueldos o querer mejores escuelas. Sólo significa portarse bien, o no incomodar a los ricos.

¿Desde tu punto de vista, esa idea del gobierno como aparato de control, como gran enemigo de la libertad, es la misma estando Obama en el gobierno o percibís ciertos cambios con administraciones anteriores? ¿Qué tensiones detectás frente a un gobierno en el que conviven la salida de Irak con los drones, o el matrimonio gay con el espionaje masivo?

No creo que haya posibilidad para una rebelión en los Estados Unidos, los militares y la policía son muy fuertes. Los canales de noticias están locos y no informan, sólo tiran mierda y la gente les cree. Creo que si le das a una persona media al menos un 80% de la verdad, hasta la gente más dormida va a elegir lo correcto. Pero a los estadounidenses se les da sólo un 40% de la verdad. No quiero decir que haya una conspiración ahí, no me gustan los tipos que creen en conspiraciones. Quiero decir, el estadounidense medio ni siquiera sabe qué es la provisión pública de salud, no sabe que el gobierno solía cobrar el 80% de los impuestos a los más ricos hasta hace sólo 40 años, piensa que las cárceles privadas son legítimas, no tiene ni idea de que en otros países hay universidades públicas. El estadounidense medio vive en un túnel, lo mantienen atontado.

Yo no creo que Estados Unidos sea un país autoritario, vos todavía podés filmarte cagando y comiéndote la mierda, podés escribir canciones sobre lo mucho que odiás al gobierno, y nadie te lo va a prohibir. Pero no podés protestar sin que te tiren gas pimienta en la cara, no podés hacer nada para protestar porque los republicanos quieren terminar con Planned Parenthood (N.T.: el mayor proveedor de servicios reproductivos del país, sostenido en gran parte con financiación del gobierno, y recientemente atacado por los precandidatos republicanos Donald Trump y Ted Cruz) o con Medicare (N.T.: un programa público de cobertura médica), nadie puede hacer nada con el presupuesto militar, que es de 610 mil millones, China tiene un presupuesto de 131 mil millones, los Estados Unidos están locos. Mi país está muy demente, ¿para qué necesita un ejército tan grande?

Además del gobierno, en Trabajá… se desprende, de manera más global, una crítica al capitalismo que de alguna forma integra cierta tradición literaria norteamericana. Sin embargo la novela también da cuenta de los cambios que se sucedieron en estos últimos años. En un momento se habla de un grupo de políticos y empresarios reunidos por la CIA que deciden que Estados Unidos debe tener alto desempleo, ser “del Tercer Mundo”, para competir en una economía globalizada. ¿Qué cambios señalás en los Estados Unidos de estos años?

El objetivo actual de las elites más poderosas de Estados Unidos es transformar al 85% que está por debajo en campesinos, así todos trabajan por menos de 10 dólares la hora. Las elites poderosas quieren crear un mundo donde nadie tiene cobertura médica, donde nadie tiene plata, si hasta quieren destruir las escuelas públicas, se quieren quedar con todo. El 0,5% que está ahí en la cima no se ven a sí mismos como estadounidenses, sino como elites internacionales que ven al mundo como su patio de juegos, no les interesa en absoluto qué pasa con nadie más que no sean ellos mismos. Van por todo el mundo buscando maneras de hacer plata y no les interesa a quién lastiman en el camino. La productividad se duplicó en Estados Unidos pero los sueldos permanecen estancados. Mi madre ganaba 24 dólares la hora en una fábrica en 1989, solo con un título secundario. Tengo una amiga que es enfermera y gana 22 dólares la hora con un título de grado y un título de enfermera en 2015. Otra amiga que es profesora y tiene una maestría gana $60.000 al año, escribió cuatro libros y ganó el Pen Award, entre otros premios importantes, y no puede ser titular en la universidad porque cuando aplica tiene que competir con otros 600 concursantes. Es tan raro estar vivo hoy en día, tenemos electricidad, wifi, internet, teléfonos buenísimos, videojuegos, un montón de tecnología increíble. ¿Pero ninguno de nosotros puede lograr lo mismo que nuestros padres cuando ellos tuvieron una menor educación que nosotros? Algo está mal.

Sos reconocido como uno de los referentes principales de la Alt Lit. ¿Te sentís representado por esa etiqueta? ¿Cómo la definirías?

Mi primer libro, The Human War, salió en 2003, básicamente fui el primero en publicar un libro que tuviera esa mezcla de minimalismo y sinceridad. Para mí la Alt Lit eran un montón de chicos de internet que usaban blogs, twitter, facebook, Live Journal, cualquier plataforma posible para postear su literatura, para hacer imágenes, y en general para divertirse. En mi caso, conocí un montón de cosas maravillosas a través de la escena literaria de internet, conocí gente hace ocho años con la cual sigo hablando hoy, conocí a una mujer y salí con ella durante cuatro años gracias a la literatura de internet, terminé yendo a Corea del Sur y haciéndome amigos gracias a internet, y puedo dormir en cualquier ciudad de los Estados Unidos gracias a la literatura de internet. Cuando la gente de internet anda por Las Vegas, se puede quedar en mi casa gratis. Para mí la Alt Lit tiene que ver con gente.

¿Es posible pensar todavía en esa vieja idea de la “Gran Novela Americana”?

No creo que la Gran Novela Americana siga siendo posible, la Gran Novela Americana son esas novelas sobre hombres blancos haciendo lo que quieren, y hoy Estados Unidos es un lugar diverso, donde cada vez nos estamos distanciando más entre nosotros. La gente de Georgia no vive nada parecido a lo que vive la gente de Oregon, la gente de Florida no vive nada parecido a lo que vive la gente de Maine. Nos estamos enfocando en nuestras regiones o en los diferentes grupos étnicos. Un montón de libros están ambientados en Nueva York, pero más que nada porque todo el mundo ama a Nueva York, y no para vender. Justo ahora estoy leyendo un libro de no ficción llamado Blood Aces, un libro sobre un tipo en Las Vegas. Enfocarse en una persona y en un lugar específicos es lo que la gente está haciendo hoy en Estados Unidos.

David Foster Wallace señalaba a la televisión como una zona fundamental a partir de la cual su generación encontraba herramientas para narrar y pensar su tiempo. ¿En qué zonas te pensás vos y tu generación? ¿Internet ocupa ese lugar o tiene otra dimensión?

Sí, todo eso de la tele ya fue para mi generación, igual que para los escritores. No conozco ningún escritor que mire televisión, los únicos programas que veo son Always in Philadephia, Archer y Portlandia, y no los veo en la televisión sino en Netflix. No creo que internet sea un tema fuerte en la literatura, aparece en libros y poemas, pero internet es solo un montón de clicks, de cosas que ves y después pasás a otra cosa. Nadie tiene que mirar las mismas cosas en internet, por lo que no hay unidad. En cambio para DFW y su generación todo el mundo tenía que criarse viendo los mismos tres canales, hasta que les pusieron cable y tuvieron que ver los mismos cincuenta canales. Todo el mundo miraba los mismos programas así que había un momento compartido, se creaba una mente colmena. Con internet no hay una mente colmena, todo el mundo está viendo cosas diferentes, y a medida que envejecés usás menos internet. La novela más vendida hoy en Estados Unidos es The Girl from Krakow, que ocurre en la Polonia de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos vive en 1943, de verdad. Pero por debajo de la literatura masiva hay un montón de literatura buena en internet, un montón de revistas digitales para leer, si no fuera por Amazon yo no hubiese vendido ni un libro. Creo que en quince años, luego de que la generación más vieja se retire, vamos a ver un montón de cambios en Estados Unidos y en el mundo en general.

El consumo y las nuevas tecnologías son piezas claves dentro de la Alt Lit, y eso es algo que también está presente en Trabajá…: Michael y Monica, en cierta medida, tienen a Netflix como un “refugio”, sus noches viendo series y películas son momentos personales y reales por fuera del control y la paranoia de NEOTAP. Y sin embargo Monica en un momento de la novela tiene que dejar de ser una “chica que ama su pantalla plana” y salir a pelear. ¿Creés que internet, que la sociedad del entretenimiento, es parte de esa maquinaria de control o se pueden encontrar ahí herramientas de “liberación”, que rompan esa estructura?

Cuando vivía en Corea del Sur era obvio que los videojuegos eran parte de la maquinaria de control. Hay 24 millones de personas en Seúl, más de la mitad de la Argentina viviendo en una sola ciudad. Imaginen 400 personas en el supermercado todo el día, acá en Estados Unidos hay como mucho 50 personas al mismo tiempo en un supermercado, pero allá estaban repletos. Las calles estaban siempre repletas, se sentía como un festival sin fin. En Seúl todo el mundo vive en departamentos hacinados con sus padres, sus abuelos y hermanos, así que no les queda otra que irse a otro lado. Ellos tienen los PC Rooms, que son unos lugares donde los hombres pueden jugar videojuegos, y que están siempre repletos, sirviendo ramen y bebidas. Los hombres y algunas mujeres se sentaban ahí todo el día, hora tras hora, las mujeres podían estar en casa viendo la televisión, y los chicos jugando videojuegos. En el subte y en los colectivos, que también estaban siempre llenos, todo el mundo estaba con sus celulares jugando o mirando películas, todo el mundo estaba ocupado con la tecnología. Pero si lo ves de modo realista es cierto que no podés tener 24 millones de personas corriendo por todas partes y haciendo lo que quieran, los tenés que tener ocupados.

Yo creo que la tecnología sí cambia las cosas, pero tenemos que entender que “lento” significa “sin violencia”. Pasarse links entre amigos y familiares cambia a las personas lentamente, un familiar que quizás nunca reparó en los problemas de la comunidad LGBTQ o de la gente negra quizás llegue a leer un artículo y empiece a ver al mundo un poco diferente, y la próxima vez que vote, vote de manera diferente. Es lento, pero es no violento.

noah cicero metalucida

Trabajá. Cuidá a tus hijos. Pagá tus cuentas. Acatá la ley. Consumí

Noah Cicero

Metalúcida

240 pág.

$160