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Valle de Muñecas

Gonzalo Bustos
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El final de las primaveras, el cuarto disco de Valle de Muñecas, transcurre como un temporal. El grupo comandado por Mariano “Manza” Esaín en voz y guitarras que completan su hermano Luciano en batería, Fernando Blanco en guitarra y Mariano López Gringauz en bajo, entrega un álbum maduro que condensa lo mejor de su derrotero: furia punk con arreglos preciosistas y capas sonoras. Las once canciones de la obra van de la delicadeza del pop más poderoso al intimismo acústico pasando por el noise, el punk y el rock clásico. Todo unificado por las guitarras magistrales que los caracterizan y la voz filtrada de efectos de Manza haciendo estallar sus tormentas internas en líricas tan oscuras como luminosas. De los procesos del nuevo trabajo, de la escena independiente nacional y del pasado hablan los hermanos Esaín.

El final de las primaveras es un disco variado en climas y texturas. ¿Lo pensaron así?

Manza: Tiene una coherencia general, aunque es más variado que otros discos. Nos dimos cuenta al momento de hacer la lista de temas porque no fue tan fácil ordenarlos. A pesar de eso lo veo bastante coherente. Me parece que hay un hilo conductor en el sonido de las voces y las guitarras. Después hay una variedad en las baterías que en otros discos no había. Incluso de voces, pero hay un color que es como la marca de la banda.

Lulo: Eso lo junta con los otros discos. Siempre es Valle de Muñecas. Hay una línea en lo que pasa. Una forma de cantar, la línea melódica, el tipo de arreglos.

M: No nos gusta andar poniendo muchos rótulos. Somos una banda de rock y punto. A esta altura con cuatro discos el sonido de VDM está bastante definido. Uno puede ir por un lado o por otro, pero está. De hecho, creo que este disco no es igual a ninguno de los anteriores y aún así mantiene los elementos principales.

¿Qué es lo que lo diferencia?

M: Tiene un trabajo de guitarras un poco distinto. Compositivamente es bastante similar, no encuentro una gran diferencia desde las canciones. Me parece que hay elementos en las guitarras que antes no estaban y eso es fruto de los años de trabajo con Fernando (Blanco). Cuando grabamos el disco anterior (La autopista corre del océano hasta el amanecer, de 2011), hacía poquito que estaba y esos temas se armaron mientras entraba. Al mismo tiempo que hacía los arreglos para esas canciones les iba poniendo su toque a los que ya teníamos. Este es un disco con él metido en la banda. Ahí está lo que lo distingue.

¿Cuál es el aporte de Fernando en la banda?

M: Tiene un poco más de saturación que mi sonido de guitarra y que el de Leandro (De Cousandier), el violero de antes. Es menos claro en sus líneas melódicas y es más de hacer colchones, entonces se arma una cosa distinta.

L: Tiene más esa cosa de la zapada noise o del cuelgue. Los temas de este disco tienen como pequeñas codas donde él tira una cosa que pone algo cíclico al final y ahí responde lindo. Le sale naturalmente. Los temas tienen ese yeite. Eso está bueno porque hay cosas que se buscan y otras que suceden solas.

¿Cómo fue el tratamiento de las letras?

M: La mayor parte de las letras las trabajé como siempre y algunas con el poeta Nicolás Domínguez Bedini. Fue cuando necesitaba que alguien leyera lo que estaba escribiendo. Pensé en él porque conoce mis letras desde la época de Menos Que Cero. Le di un par y me corrigió cosas que me parecieron copadas. Al final hubo tres que las terminamos haciendo juntos (“Las espadas del sol”, “Insomnio” y “Reinvención”). Nico me dio algo que estoy acostumbrado a trabajar cuando hago los arreglos: alguien que me devuelva una pared y poder decir “qué bueno, esto no se me hubiera ocurrido”. Eso con la música pasa todo el tiempo. En las letras es más difícil, soy más hincha pelotas porque es la voz, lo más expuesto. Cuando a una persona no le gusta una banda lo más seguro es que no le gusta la voz o las letras. El resto lo percibe después. Uno tiene esas inseguridades cuando canta. Hay gente a la que no le cuesta cantar pelotudeces. A mi me cuesta, no me sale. No soy tan flexible.

También le das valor a cómo suenan las palabras.

M: Me fijo más cómo suena y la “belleza de las palabras” que en lo qué estoy diciendo realmente. Uno muchas veces tiene las canciones y está cantando la melodía o tarareándola en un falso inglés y suena todo bárbaro. Entonces cuando empezás a ponerle las palabras tenés que lograr algo que suene tan bien como eso que estabas probando. Esa es la parte complicada.

ValleDeMunecas_06_MaiaOttavianoEn este disco la voz está más cargada de efectos. ¿Por qué ese uso?

M: Sí, hay un uso de pequeñas saturaciones y filtros que en otros discos no está. El tipo de cámaras y delays es el mismo casi, pero hay un color diferente. Lo implementamos porque me aburren los discos en los que la voz suena siempre igual.

L: Casi todos los instrumentos tienen una saturación extra. Y si vos ponés los instrumentos fuertes, la voz para que resalte tiene que estar muy fuerte. Al tener una saturación, un color extra, permite que se meta y siga dando esa sensación de que la banda está tocando fuerte.

M: También hay una cuestión estética. Hay un montón de discos contemporáneos, y otros viejos, que usan ese recurso y hay un sonido hoy en día donde la voz tiene ese tipo de colores. Uno está acostumbrado a trabajar el sonido desde los instrumentos: cambiás la guitarra o un tacho y suena distinto, entonces por qué hay que asumir que la voz suene siempre igual. Si hay un montón de recursos. Se tarda tantos años en desarrollar un sonido de instrumento, vas probando hasta alcanzarlo y con la voz es igual, no es que suena así y se acabó la historia. Como uno prueba distintas maneras de cantar también puede probar cosas para amplificarla.

Juan Steward colaboró en la producción, ¿cuál fue su rol?

L: Con él venimos laburando hace un montón, en discos de otras personas incluso. Hay una información que circula entre los tres. Me gustó cómo interpretaba los sonidos que pongo en las baterías de otros desde mi lugar de drum doctor y dije de hacer la bata con él. A Manza le copó porque aportaba una mirada externa.

M: Tenía ganas de que colaboré alguien más, porque en la primera etapa de grabación de las bases quería estar metido en la sala tocando la guitarra. Lo elegimos a Juan porque tenemos una amistad y porque es el que tiene el approach más diferente al que yo podía darle. Me parece que tenemos puntos de vista y maneras de trabajar muy complementarias. Sabía que me iba a aportar cosas que a mí no se me iban a ocurrir y eso estaba bueno. Si bien él no estuvo de principio a fin en el proceso del disco, en la primera etapa fue muy importante y después fue un consultor permanente.

L: Es muy claro y espacioso en sus laburos. Nosotros somos más roñosos.

M: Más orgánicos. Sus laburos tienen más capas y texturas, al laburar mucho con él incorporé un poco de eso en mis trabajos. El primer disco nuestro donde está eso es La autopista..., se nota esa influencia.

La autopista… fue su disco mejor recibido, ¿cómo fue planear el siguiente paso?

M: Se suele decir que un disco así te sube la vara. Para mi es interno eso, no es sólo hacia fuera. Yo sé que quiero hacer cada vez mejores discos. Uno va persiguiendo una especie de excelencia. Decir que tiene que estar a cierto nivel como mínimo, La autopista… nos dio un piso. Uno es exigente ya de por sí y a medida que pasan los años se pone peor.

ValleDeMunecas_05_MaiaOttavianoEl disco está para descarga gratuita, ¿por qué esa decisión?

M: Para nosotros, y creo que para todas las bandas, el disco es una herramienta de difusión. Ninguna banda vende los discos que se vendían antes. El disco es una carta de presentación, un arma de difusión y un objeto de arte. Cuando veo que hay bandas grandes que se oponen y saltan hablando de la libertad de trabajo del músico… Bueno, estás diciéndolo vos que estás cobrando el cuatro por ciento del disco que vendés y alguien está poniendo un montón de plata para que te pasen en la radio. Nosotros la ponemos en regalarle los discos a la gente.

¿Cómo ven en la escena independiente con los años?

L: Del 2008 para adelante, la cantidad de bandas y nivel creció mucho.

M: Hay mejor nivel. También creo que hay más bandas porque hay más posibilidades de hacer cosas, de difundirlas, de grabarte el disco vos mismo. La gente tiene nuevos estímulos y ya no deja de tocar como hace quince años, todos siguen. Entonces hay muchas más bandas y encontrás alguna perla. La escena va aprendiendo a grabar sus propios discos con un buen nivel técnico y estético. Antes no pasaba, los discos que sonaban bien eran los de las major, los independientes sonaban mal. Cuando se pasó de lo analógico a lo digital las producciones under eran solamente música mal grabada. Llevó unos años esa estética más lo-fi y reconocible de lo independiente, que es diferente a como suenan los discos mainstream que son todos iguales.

¿Vivieron los 90 desde adentro, qué tan importante fueron para hoy?

M: No creo que haya sido tan importante estéticamente como lo piensa la gente que no lo vivió. Uno siempre idealiza lo que no vivió. Sí tuvieron dos cosas muy importantes. Primero, que fue la última época del rock argentino en la cual estuvo de moda ir a ver bandas, era trendy. Como años después fue ir a la rave o militar en política. Eso hacía que hubiera mucha gente en los shows. Por ahí estaban de paso pero hacían número. Estaban los que iban a ver música, pero otro montón lo hacía porque era un acontecimiento social. La otra cosa es que fue la última camada que rompió con lo anterior. La que se plantó y dijo que lo que estaba antes era una porquería. El hecho de que ninguna de esas bandas haya tenido un éxito masivo (aunque Babasonicos lo consiguió pero años después) produjo que no haya una camada posterior que renegara de nosotros. Eso no pasó. Creo que desde los ´90 para acá hay una continuidad de un montón de cosas, aunque hay otras que no tienen mucho que ver, se llegó por una continuidad, no por una ruptura y creación de algo nuevo. Es fue lo importante del rock alternativo o nuevo rock argentino.

Fotos: Maia Ottaviano