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RUIDO DE FONDO

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1.3 pajas por día

Carlos Godoy
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Lo que se conoce como poesía de los noventas suele ser visto como un movimiento muy importante para la historia de la literatura argentina reciente. Pero en realidad, lo que la poesía de los noventa deja para los arqueólogos del futuro es un libro que condensa el movimiento: Punctum (Tierra firme, 1996) de Martín Gambarotta. Un libro que lo cierra: Poesía Civil (Vox, 2001) de Sergio Raimondi. Y un solo poeta: Daniel Durand. Una sola persona comprometida con la poesía de un modo salvaje, irracional y con una constante renovación. Durand desde muy joven escribe, traduce y edita, generando a su alrededor una forma de escribir, leer, editar y traducir.

La obra de Daniel Durand es bastante extensa y compleja. Extensa porque solo publicó apenas un puñado de sus textos y traducciones. Y compleja no en referencia a su estilo, sino a la concepción misma de la obra y a su múltiple abanico estético. Cada libro expone vericuetos y decisiones a veces indescifrables entre los demás libros y a su vez cambian de un estilo genérico al ingreso en una tradición específica hasta llegar a trabajos formales como la poesía concreta y el arte experimental. El ciclo segoviano son los poemas que rondan a la iniciación sexual y a la vez de la escritura. El ciclo tufiano son los textos marcados por la impronta de las traducciones del poeta chino Tu Fu. Y seguramente se pueda ver un ciclo naturalista con sus poemas litoraleños sobre el río, otro visual con sus experimentos formales, otro objetivista con su poema mejor recibido por la crítica (reeditado este año por Blatt & Ríos) El cielo de Boedo.

En agosto la editorial Mansalva publicó la primera colección de relatos de Daniel Durand titulada Como un Malboro. Los textos son breves -a excepción del que le da título al libro- y son apostillas de viajes y encuentros sexuales. Podría sonar a un libro del montón sino fuera porque los viajes y la sexualidad -específicamente onanista- es uno de los ejes de la propuesta estética de Durand. Los encuentros sexuales azarosos, lúdicos, periféricos, más vinculados con la vida sexual de una clase baja, y la masturbación como una oda a la independencia y a la convivencia armoniosa con la soledad son dos temas muy frecuentes en la obra de Durand, sobre todo en el ciclo segoviano. Hay una búsqueda por mostrar la sexualidad de un modo festivo, alejado de la complejidad que le asignan las clases medias y altas. Pero Durand no solo sorprende con la frescura de su narrativa iniciática, enamoradiza, erótica y adolescente; también lo hace con la síntesis y la precisión de su prosa y, a la vez, con un registro sintáctico muy personal en la puntuación. No hay guiones de diálogos y la respiración del texto es marcada solo por comas. Una destreza posible de lograr solo por alguien con gran conocimiento del lenguaje escrito y particularmente el oral. Lo que hace que Durand sea uno de los autores más influyentes de los últimos quince o veinte años, no sólo se puede ver en sus poemas, ediciones o traducciones. A partir de ahora también se puede apreciar en su obra narrativa.

como un malboroComo un Malboro

Daniel Durand

Mansalva

2014

112 p

$150