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El fanático de la Oficina Anticorrupción

Ni a Palos
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Lee mucho las solicitadas de los diarios.

Su página de inicio es chequeado.com.

Se hizo fan de Argentina Debate.

Se emocionó cuando a Barrilli se le quebró la voz.

Se quiso dejar la barba de Luis Novaresio.

Le quedó como el culo.

Se lamentó por la cantidad de CEO’s en el gabinete de Macri porque esperaba más referentes de ONG’s y líderes comunitarios.

Igual se tranquiliza cuando recuerda el proverbial teorema de que un CEO “no se mete en política por plata porque ya tiene”.

Dice mucho “líderes comunitarios”.

Pone muchos ejemplos de política norteamericana para cualquier cosa.

Obvio, es más de The West Wing que de House of Cards.

Su intendente favorito de la historia es Martiniano Molina.

Aunque Diego Valenzuela también rankea alto.

Juan Carr: política de Estado.

Apoya cualquier ONG que tenga a Julián Weich de imagen.

Es uno de los pocos argentinos que banca a Facundo Arana.

“Endorsement” una de esas palabras que usa todo el tiempo y que, por lo general, aplica mal.

Muy fanático de difundir teorías conspirativas por Whatsapp.

La última: el pacto Macri-Cristina para achicar la diferencia de 10 puntos en el ballotage a cambio de una transición ordenada.

Sigue viendo Homeland.

Lee los suplementos de Responsabilidad Social Empresaria de todos los diarios.

El día que fue elegido Papa, subió a Facebook la foto trucha de Bergoglio con Videla.

La borró a las doce horas.

Ahora sueña con viajar a Roma, esperar tras una valla, sacarse una foto dándole la mano al Papa, entornar levemente los ojos y dejar caer los hombros como expresando la paz y el regocijo que le transmite el Santo Padre, y poner esa imagen como portada de Twitter.

Usa anteojos de marco polémico.

Esta semana militó el nombramiento de Iván de Pineda al Ministerio de Turismo porteño porque “hay que darle la oportunidad a gente nueva”.

Se la pasa diciendo que “gobierne quien gobierne quiero que le vaya bien al país”.

Tiene en su haber un voto, no irónico, al Partido de la Red,