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No fueron las mujeres

Florencia Angilletta
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El 2015 se termina y en tan sólo un año la Argentina recibió la visita de dos estrellas de los estudios de género -Judith Butler y Beatriz/Paul Preciado-, el #NiUnaMenos instaló el problema de la violencia de género, la primera presidenta electa y reelecta terminó su mandato y la provincia de Buenos Aires eligió a una mujer en el más alto cargo ejecutivo. 365 días que han puesto en escena los deseos, cruces e interferencias en torno a la participación pública femenina y el eterno dilema: ¿igualdad o diferencia?

Si se mira con atención, el atuendo que usó la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su último acto de gobierno, cuando se descubrió el busto de Néstor Kirchner en la Casa Rosada, era muy similar al de la asunción de su cargo en 2007. Ambos vestidos parecían mostrar unas florcitas en el encaje blanco; otras florcitas también tuvo el entonces estampado negro -de estricto luto- de 2011. Quizá esas florcitas, sutiles, condensan un signo profético de los tiempos que vinieron y se fueron. Cada quien tiene su imagen de estos doce años; una de las más potentes es esa famosa foto en un acto en Berlín que mostraban los zapatos de la canciller alemana Ángela Merkel y los de la presidenta argentina: Merkel con unos zapatos chatos, simples, algo gastados; CFK con unos imponentes stilettos negros de charol. Cristina fue una presidenta en un mundo sexo-generizado, en un ecosistema en el que cada vez que nace un bebé lo primero que comentamos en una foto de Facebook es “qué lindo”, en el que la ropa construye la identidad más que la genealogía o la escuela, en el que el imperativo de coger bien es más fuerte que el de no mentir. En esas coordenadas, CFK construyó una subjetividad que hizo trizas las divisiones clásicas del habitus social. Una mujer en la res pública, con las pestañas cargadas de rímel, luciendo los estampados de flores, que hasta se animó a las calzas y al crop top.

En la última década, la Argentina se ha consolidado como un faro latinoamericano en avances políticos, jurídicos y sociales para las mujeres y la comunidad LGBT -en particular, con la sanción de las leyes de Educación Sexual Integral (2006), Matrimonio Igualitario (2010) e Identidad de Género (2012)-. Sin embargo, siguen siendo años de desafíos pendientes: cada 30 horas ocurre un femicidio -según las estadísticas no oficiales de La Casa del Encuentro difundidas el mes pasado-, el aborto es la principal causa de muerte materna en el país y continúa la lucha por la regulación del trabajo sexual autónomo. La agenda feminista y de la comunidad LGBT ha alcanzado -con todas las potencias y desafíos ad hoc– una aparente aceptación social que la transformó en un tópico ineludible para lxs candidatxs. Por un lado, la vicepresidenta Gabriela Michetti manifestó, en una entrevista con el programa “La mesa está lista”, días antes de las elecciones, estar arrepentida de no haber votado la ley de Matrimonio Igualitario. El asesor del PRO Jaime Durán Barba redobló la apuesta en su provocador estilo y expresó, después del acto final de campaña: “Estamos a favor de la libertad de la gente. Que cada uno haga lo que quiera. Y si una señora quiere abortar, que aborte”. María Eugenia Vidal, en el acto de asunción de su cargo como gobernadora, habló de los nuevos liderazgos femeninos, convocó a las mujeres y le dedicó el día a su abuela: “A una mujer bonaerense, a Corina, que me felicitó cuando fui la primera nieta que egresó de la universidad”. A su vez, la propia CFK recogió el guante feminista, cuando dijo después de las elecciones presidenciales: “Planté la pica en Flandes. Fui la primera presidenta y reelecta, para que ahora otras mujeres puedan participar en política. Me siento muy orgullosa. Las mujeres del peronismo hemos hecho historia”.

Tal como señala la feminista española Amelia Valcárcel, “el feminismo es el hijo no querido de la Ilustración”. Nacido como movimiento político, el feminismo está ligado a la lucha liberal sufragista que busca, desde el siglo XVIII, la igualdad en la esfera pública, es decir, los mismos derechos civiles, jurídicos y políticos. En el caso argentino, sin obturar la importante labor de anarquistas, socialistas y radicales, el peronismo ha sido el propulsor, a escala masiva, de un nuevo vínculo de las mujeres con la esfera pública. CFK acierta al retomar este binomio freak: si el feminismo es el hijo de la Revolución francesa, el feminismo vernáculo es uno de los hijos bastardos del peronismo. Cuentan algunos hitos: el voto femenino en 1952 -cuarenta años después de la sanción de la Ley Sáenz Peña-, la primera vicepresidenta mujer en 1973, la equiparación de derechos en 1994, la primera presidenta elegida y reelegida desde 2007. A la vez, con la reforma constitucional de 1994 la “ley de cupo” estableció que en las listas de candidatos a legisladores debe haber un mínimo de 30% de mujeres. A partir de su implementación, en tres décadas de democracia el Congreso argentino se transformó en una de las legislaturas con mayor presencia de mujeres del mundo.

mujeres#10D para todas

Desde el 10 de diciembre, la presidencia está, después de ocho años, en manos de un varón. No obstante, la sensibilidad de una época va encontrando sus nuevas grietas y las mujeres siguen teniendo lugares claves. Gabriela Michetti ocupa la vicepresidencia y María Eugenia Vidal gobierna la provincia de Buenos Aires, ambas del espacio PRO. Vidal se suma a las cinco gobernadoras que tiene en este momento la Argentina -un número sin precedentes en nuestra historia democrática-: Alicia Kirchner (Frente para la Victoria –FPV–) en Santa Cruz, Rosana Bertone (FPV) en Tierra del Fuego, Claudia Abdala de Zamora (Frente Cívico por Santiago) en Santiago del Estero y Lucía Corpacci (FPV) en Catamarca. Del gabinete presidencial de Mauricio Macri, tres mujeres tienen posiciones estratégicas: Susana Malcorra en Cancillería, Patricia Bullrich en el Ministerio de Seguridad y Carolina Stanley en el Ministerio de Desarrollo Social. Además, se anunció la designación de Fabiana Tuñez -coordinadora de La Casa del Encuentro- al frente del Consejo Nacional de las Mujeres. En particular esta designación, junto al nuevo escenario político post #10D, ha vuelvo a poner en escena al feminismo como un auténtico laboratorio de pensamiento y no como un manual de certezas sexo genéricas.

Georgina Orellano, Secretaria General de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), expresa: “Conocemos la posición abolicionista de Fabiana Tuñez pero también entendemos que desde el Consejo Nacional de Mujeres tendrá que escuchar las demandas de todas las mujeres, al margen de su opinión personal. Esperamos que su gestión sea de verdaderas puertas abiertas, como ella misma anticipó”. Pola Oloixarac, escritora y autora de novelas como Las teorías salvajes y Las constelaciones oscuras, reflexiona también sobre este escenario: “Las mujeres en roles públicos inspiran a las niñas y crean cultura igualitaria. Y las mujeres somos muy diversas, no como nos quiere hacer creer cierto feminismo ramplón: algunas somos más Mariu o más Cristina, y está buenísimo, ambas merecen ser celebradas en sus logros y sus magias específicas. En particular, también me gusta que algunas, como es el caso de Malcorra, muestran una clara superioridad sobre ciertos hombres. Las mujeres no estamos sólo por la igualdad: la igualdad de derechos es sólo un punto de partida”.

La Licenciada en Filosofía y escritora Silvina Giaganti aporta: “El efecto es doble: se asienta la creencia en que una mujer puede ocupar el más alto rango del ejecutivo, o gobernar una provincia inmensa y conflictiva, sin doble comando y sin el presunto peligro de la debilidad. Y el otro efecto es que las mujeres incrementen su saberse poderosas, competentes y eficaces por medio de estos arquetipos, que son a su vez mujeres de carne y hueso, pero en cargos hiper amplificados que alteran los esquemas tradicionalmente patriarcales de la política”. A su vez, el sociólogo y escritor Mariano Canal comparte: “Si se hace un repaso a vuelo de pájaro por la historia de las mujeres que llegaron a la jefatura de gobierno o de Estado en los últimos cincuenta años -y ése es el único período de tiempo en toda la historia en que eso se produjo- la conclusión parecería obvia: en la abrumadora mayoría de los casos se trató de líderes que construyeron a su alrededor gestiones ‘fuertes’, como Golda Meir, Indira Gandhi, Margaret Thatcher, Benazir Bhutto, Ángela Merkel. Y Cristina Fernández, primera mujer electa y reelecta de nuestro país. ¿Esa etiqueta fácil es un requisito o un efecto del cargo? ¿Hay un plus de carisma, de rudeza, de astucia maquiavélica que vendría adosado a las características de estas mujeres que rompen el techo de cristal de los altos cargos políticos? ¿O eso es un sesgo machista que le atribuye a ellas virtudes y defectos que en realidad son compartidos por todos -sin importar el sexo- los que tienen el ‘animal spirit’ necesario para sobrevivir y ascender en la carrera darwiniana de la lucha política? Es una discusión eterna, y los ejemplos empíricos no son muchos, todavía, como para refutar ninguna posición. María Eugenia Vidal acaba de asumir como gobernadora de la muy masculina e inmanejable provincia de Buenos Aires. No es una feminista militante, como tampoco lo fue Cristina. Como tampoco lo fueron ninguna de las ‘iron ladies’ mencionadas antes. Pero sí es una mujer. ¿Debemos esperar, como muchos que sitúan al género como primera variable explicativa, algunos rasgos de esos lugares comunes ya ajados como la ternura y la sensibilidad femenina, o la empatía con los más débiles, o la mano cariñosa que restaña las heridas de la violencia de un mundo de hombres que no pueden contener sus impulsos primarios? ¿No es esa una esperanza hecha a base de un esencialismo de género que le debe más a la ilusión romántica del ‘eterno femenino’ que a la negociación dura, áspera y siempre imperfecta de la política real?”.

calzas-3A los ojos

La “ley de cupo” es una lectura que el Estado hace de la sociedad: en efecto, no somos todos tan iguales y se plantea una política de discriminación positiva para la equiparación de los cargos públicos. Esta medida, en dos dimensiones, resulta progresiva. Primero, el impacto que ha tenido la presencia de mujeres en las cámaras para la sanción de leyes que mejoraron sus propias condiciones de vida. Segundo, las políticas argentinas han construido sus carreras desde el Congreso: la propia CFK y Michetti, pero también Lilita Carrió, Margarita Stolbizer y Fabiana Ríos -primera gobernadora electa del país-. No obstante, la “ley de cupo” plantea uno de los muchos dilemas del feminismo: ¿Una mujer en el gobierno garantiza una política feminista? ¿El liderazgo femenino sólo se piensa bajo el esencialista mandato de las “buenas madres de la nación”?

La docente e investigadora especializada en estudios de género Cecilia Palmeiro reflexiona: “Es un logro del movimiento de mujeres el haber creado las condiciones para la postulación y elección de mujeres en la administración pública. Ahora bien, eso no necesariamente quiere decir que en este caso la elección de María Eugenia Vidal o Gabriela Michetti constituyan un logro del movimiento. Hay mujeres que se identifican con el poder patriarcal, y como ellas, negocian y personalmente obtienen ventajas del patriarcado”. Oloixarac suma otro ángulo de la discusión: “Tuvimos 12 años de ‘progresismo’ y 8 años de una presidenta mujer con mayoría parlamentaria y no tenemos ley de aborto seguro y gratuito. Cristina no tuvo voluntad política de hacer una política feminista real e inclusiva para las mujeres que más sufren, que son las que abortan y mueren en condiciones de pobreza e ilegalidad”. Giaganti concluye: “No es suficiente que una persona sea mujer para que impulse políticas feministas. Su género biológicamente asignado no lo garantiza. Y acá traería la frase famosísima de Simone de Beauvoir: ‘mujer no se nace, se llega a serlo’. Una cosa es alterar o romper con los estereotipos de género en el poder y los efectos que puede derramar en la sociedad, otra es llevar adelante una agenda de género continua, responsable y comprometida”.

Dos días después del 30° Encuentro Nacional de las Mujeres realizado en Mar del Plata, CFK participó de la inauguración de una nueva línea de producción de L’Oréal. A pocos días de terminar su mandato como presidenta, Cristina nos hizo un guiño a las amantes de las flores, la moda y el pueblo, y expresó: “Compañeras de género, si somos el 50% del planeta y hay discriminación, quiere decir que también tenemos problemas hacia adentro. Seamos más solidarias. Las que más tenemos que luchar contra la discriminación somos nosotras dentro de nosotras mismas”. Y concluyó: “Y ojo que no me pongo en ultrafeminista. Miren como estoy peinada. Me pinto desde los 15 años como una puerta y me encanta resaltar que soy mujer. Pero tenemos que defender a todas las mujeres. A las que quieren ser lindas, a las que no les gusta arreglarse. Por el sólo hecho de ser mujer defender a las mujeres”.

Que así sea, chicas.