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RUIDO DE FONDO

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Amar ya no es cosa de locos

Facundo Arroyo
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Que una banda metida en la laguna del indie se le anime a la canción romántica y al bolero es un gesto importante. Podría ser también un proceso de maduración, pero en Valentín y los Volcanes las ideas nacieron maduras. Desde los primeros eps, la banda liderada compositivamente por Jo Goyeneche mataba de arranque a Santa Claus y cascoteaba el lago, y ese otro autor de canciones encantadoras (el que ya estaba rodando era el Chango Motorizado) salía, por fin, también a la luz. Una comedia romántica no da vueltas, te encaja un beso de arranque, casi de arrebato. El título es informativo y otorga una entrada amplia para que la banda nacida en La Plata se desenvuelva en géneros populares que, por estos días, comienzan a ser reconocidos en el sector alternativo más canchero. El tercer disco de VyV le abre la puerta a algunos músicos que hace rato no encuentran una salida en paz.

A su debut Play al viejo walkman lo editaron en 2009. Un conjunto de canciones que ya estaban tocadas y definidas antes de llegar al estudio. “Un chico cazando abejas en los pasillos de la facultad”, decía una de las primeras frases de “Rayos del verano”. Así presentaban la definición de su mundo, acompañadas por una estética artística también hecha por Jo Goyeneche. Todos los sábados del mundo (2012) ya estuvo acompañado de un productor amigo (Julián Perla) y compuesto musicalmente pensando en una obra acabada. Canciones simples, resbaladas y tan artys como las anteriores pero, ahora sí, mejor resueltas. Lo que seguiría iba a ser motivo de abismos permanentes pero la solución vino de la mano del amor, uno más crudo y real. La banda se encontró en una nueva casa en ruinas donde repasaron muchos discos de rock argentino, se retiraron del contacto continuo y letal del circuito y compusieron desde una nueva perspectiva.

“Costanera”, por ejemplo, es una canción romántica con arreglos algo insinuantes del tango más orillero. En “Los nuevos”, meten un Hammond melódico y desarrollan una charla entre una pareja ubicada en el pop más ambicioso: “Quería una canción que nos dé de comer”. “La tumba de los Rolling Stones” trae una añoranza nostálgica y urbana. En “El salto de Sofía” un piano conduce la melodía mientras un muro de voces repite versos como “Sos invisible / cruzás paredes / la realidad es la mitad”. Hay más de esta comedia, pero también aparecen enlaces como en “Golpea lo que encuentra” donde se ponen art-pop con pulso punk para asegurar que es hora de encender.

En Valentín y los Volcanes, la clave para lograr el sonido que buscaban vuelve a ser una decisión profesional: fueron a buscar a Tweety González, productor de El amor después del amor y de Canción animal entre tantos otros, y lo encontraron. También se sumaron Ulises Butrón y Pablo Di Peco como consejeros artísticos. El resultado es revelador: el indie también puede abandonar su impostura y ser gomoso.