inicio > Carla Sanguineti

ENTREVISTAS

anteriorsiguiente
  • carla-sanguineti
  • cck dj
  • sonido ambiente
  • sonido ambiente

Carla Sanguineti

Facundo Arroyo
Agrandar fuente Achicar fuente

Carla Sanguineti es un nombre conocido en el mundo de la producción cultural. Creó Sonido Ambiente, un proyecto que se dedicó a filmar en vivo a músicos tocando en todo tipo de lugares, y de donde se desprendió luego Discos Compartidos, un nodo de distribución y difusión web de música alternativa. Tras una breve experiencia en el Ministerio de Cultura de la Nación, desembarcó el año pasado en el Centro Cultural Kirchner como productora de contenidos y fue responsable, entre otras iniciativas, del ciclo Puente, donde ayudó a sacudir la vieja uniformidad de las experiencias culturales estatales y logró mezclar lo audiovisual, la tradición y los nuevos sonidos. Continuando con el balance de la producción cultural en la Argentina, conversamos con Carla, una referente anfibia cuya carrera toca tanto las particularidades de la autogestión como la producción con financiamiento público, para hablar sobre los desafíos de la creación cultural en la Argentina, su experiencia de trabajo con el Estado, lo digital, la fusión de géneros y la producción independiente.

Una de las piezas fundamentales para que el desarrollo de una obra se expanda es la figura del productor. Ese pilar forma parte del andamiaje de un circuito. Carla Sanguineti, nacida en el mundo de la publicidad y el cine, de un día para el otro, pateó el tablero y fundó Sonido Ambiente. Realizó el registro en vivo, con una estética definida, de la cancionística independiente en el nuevo siglo. Después, y casi de manera paralela, armó Discos compartidos. Una plataforma donde se pueden encontrar todas las producciones que forman parte de ese mundo filmado. Luego, también, de armar infinidad de ciclos, encuentros y cruces desembarcó en el novísimo Ministerio de Cultura para seguir con la expansión de esa música y más tarde se convirtió en productora de contenidos del Centro Cultural Néstor Kirchner. Antes lo hizo desde la autogestión y después, con el apoyo del estado, multiplicó esa tarea con disponibilidad de recursos.

De una u otra manera nunca paró. Y pese al actual conflicto que sufren los trabajadores del CCK, Carla asegura que no piensa aflojar: “Es raro que te tilden de ñoqui, fue mi primera experiencia de trabajo con el Estado y la verdad es que le puse mucho corazón. Más de lo que me pedían. Mi labor fue siempre la misma. Mi objetivo es expansivo y seguiré haciéndolo desde donde pueda (se ríe)”. Por estos días está cerrando detalles para la segunda edición del Mucho Gustok, un festival de música independiente que se realizará en Neuquén los días 12 y 13 de enero sin ningún tipo de apoyo.

Por eso, después de controlar un poco a Morbo y Mambo (una gata y un gato de pocos meses), Sanguineti tiene la necesidad de arrancar por el presente, desarrollar la situación laboral de sus compañeros, y deslizarse, de a poco, hacia el pasado.

Más allá del reclamo concreto y de la actitud fantasmal del nuevo gobierno, ¿ves algún panorama general del CCK a futuro?

Por día entran 7500 personas salvo los grandes eventos (durante La noche de los museos entraron 40 mil y el día del aplauso circularon 10 mil). Es un monstruo gigante que requiere de mucho trabajo. Los trabajadores del CCK lo cuidamos mucho y realmente pusimos mucho esfuerzo para que ese monstruo funcione. La verdad es que se trabaja muy bien y cada uno tiene un rol. Si se contrata a la mitad de las personas se va a trabajar muy mal. Es muy raro ver a la gente que se prende de ese discurso elitista que nos compara con los grandes museos. El CCK no es eso, un museo es algo estático donde la gente va y mira. El CCK es un centro cultural donde hay actividades todo el tiempo. Y esas actividades necesitan de responsabilidades y requieren de técnica y eso ya te hace necesitar un montón de gente. Ese discurso es raro. Es angustiante esa sensación que tenemos de que en realidad se quiere vaciar al espacio.

cck djSi repasamos tu labor como productora de contenidos del Centro Cultural, el ciclo Puente fue un proyecto que pudiste desarrollar de principio a fin. ¿Cuál es la sensación que tenés viéndolo con algo de perspectiva?

El ciclo se cagó bastante en las etiquetas. Fue multigenérico y realmente federal. Vino gente de todo el país y también de afuera. Fue un mundo que descubrí en estos años y pude visualizar un poco más la importancia que tiene. Sobre todo, pensando en artistas Djs y VJs. Hay nuevas formas de hacer música. Las herramientas entraron a todas las áreas de generación de contenido. Hay muchas cuestiones interesantes. Por ejemplo, muchos de los productores digitales trabajan sobre cosas ancestrales o folklóricas, o históricas desde distintos palos. Hay un nuevo folklore digital. Desde contenido en el CCK siempre la idea de cruce cultural, y también entre pasado y presente, es algo que dialogamos como concepto. En ese sentido, entonces, la propuesta del ciclo se enmarcaba perfectamente y le metí por ese lado.

Hubo cosas que entendí cuando el ciclo ya se estaba desarrollando. Sumamos, por ejemplo, a toda la escena de Vjs. Así como el Dj es otro componente de la música que, generalmente, está bastardeado desde la institucional, se supone como un proveedor que suma y no importa, el Vj es un artista más, tuve muchas discusiones sobre su papel. Después de eso se terminaron armando unas conjunciones entre artistas, y entre artistas y técnicos, que fueron muy enriquecedoras y que, además, cumplió con uno de los tantos objetivos del ciclo que era la mezcla y el intercambio.

¿Tuviste que discutir términos como los de “productor digital” o “cumbia electrónica?

Hay un salto generacional cuando uno tiene que empezar a hablar de cuestiones digitales. Y cuando esas cuestiones se ven en escena la gente flashea un montón. Porque si vos hablás de “productor digital” pensás que va a ser alguien que va a venir a pasar música house y después ven que en realidad un productor digital también puede ser alguien como, por ejemplo, Chancha vía circuito que trabaja con una coplera sobre canciones folklóricas. La cuestión del lenguaje digital todavía no tiene impacto ni entre la gente que hace contenido institucional. La palabra asusta y genera ciertos prejuicios pero hay que darle para adelante porque después genera muchos momentos enriquecedores como pasaron en ciclo Puente y en otros espacios también.

Antes de empezar a trabajar en el CCK, te llamaron del Ministerio de Cultura. ¿Qué fue lo que llegaste a hacer en ese espacio?

Entré ni bien se creó. Me convocaron para un proyecto en particular que nunca terminó de acomodarse. Estaba metido en lo que iba a ser un canal de música. Iba a depender de Igualdad cultural. Ahora parece que el canal digital de Igualdad cultural va a largar algo de ese material. Ahí iba a haber mucha presencia de todos los shows que había realizado este programa por todo el país. Fueron grabados con buena producción. Y querían compilar sesiones en vivo de todo el país de bandas independientes. Particularmente me llamaron para eso (a mi juego me llamaron). Bueno lo hice, y por más que no haya salido, tengo la base de datos de todo ese trabajo. La propuesta tenía una bajada muy interactiva y digital, la idea es que esté muy presente todo ese mundo. Buscaban hacer una especie de banco audiovisual de la música. Un Netflix de música hecho por el Estado. Dentro de ese marco, también querían meter documentales, videos de estudio, no sólo esta instancia de registro en vivo.

¿Llegaron a desarrollar otro proyecto?

Cuando eso se desactivó, pasamos a hacer producción artística de algunos eventos de Igualdad cultural. También hicimos ciclos digitales, yo hice uno que se llamaba Ciclos Circulares, lo grabamos en el Teatro Margarita Xirgu. Poníamos los artistas en el medio del teatro, con un escenario circular, y la filmación se hacía en 360, el mismo sentido que se le daba a ese recital en vivo. Ahora me enteré que quizás lo larguen por este canal digital. Fueron seis episodios.

sonido ambienteDe Cultura te llamaron gracias a Sonido Ambiente y a tu trabajo autogestivo. ¿Por qué arrancaste con ese registro?

Trabajé mucho en publicidad y cine hasta que en un momento hice un click y creamos Sonido Ambiente. Nació como un piloto de tele. Fueron cuatro: Elmató, Coco, Mañana en la batalla piensa en mí y La joven guarrior. Lo rodamos el 23 de diciembre de 2009, me acuerdo perfectamente porque hacía un calor bárbaro. Lo tuvimos un tiempo en gatera hasta que nos dimos cuenta de que el mundo de la televisión era realmente complejo para desarrollarse. Nos juntamos con grandes marcas y productores. Miles de reuniones, había gente muy interesada pero se querían meter en la idea madre. Desde meter a bandas más conocidas hasta poner a un conductor. En ese momento había una ebullición por el contenido online y todos se acercaban. La idea gustaba aunque no era tan original, nosotros veníamos viendo La Blogothéque y otros sitios similares alrededor del mundo, pero bueno, nunca terminamos de claudicar a la idea original de hacer un poco de relevamiento a toda esa escena que no tenía espacios donde difundirse. No quisimos doblegarnos ante eso.

Creíamos mucho en lo que habíamos empezado, lo largamos y gustó. La idea explotó por la web. Pero bueno, también la realidad es que estuvimos dos años trabajando con eso y nunca tuvimos ingresos. Al principio invitábamos directores, sonidistas, alquilábamos equipos y eso después se fue reduciendo hasta usar mi cámara y mi sonido. Llegó un momento en que limé.

¿Y cómo nació la idea de Discos Compartidos?

Una acción que devino de la experiencia de Sonido Ambiente. Un hermanito menor. Con la misma intención también, la de dar a conocer. Todas las bandas con las que interactuaba andaban colgando sus discos gratuitos como una forma de promocionarse. De hecho, surgió de una charla con Alfonso (Barbieri). Hablábamos sobre ese acto de que alguien saque un disco gratuito y el usuario lo tenga que ir a buscar. Para un público nuevo eso no tiene sentido porque nunca va a llegar, van a ir los que conocen a Alfonso en este caso. En ese sentido es rara la difusión cruzada. Entonces la idea era esa, hacer un lugar donde estén todos los discos. Esa misma noche me quedé carburando y subí 200 discos de un tirón. Hice un sitio en tumblr y explotó, fue una locura también. Ahora la página se está mudando porque no hay tanta estructura, de tumblr pasó a un wordpress. Una mujer sola no puede hacer todo. Discos compartidos se podría convertir en algo más comunitario. Hay que hacerle un seguimiento que lleva mucho tiempo, porque hay enlaces que se van cayendo, más los discos que siguen saliendo, entre otras miles de cuestiones.

¿Por qué creés que, así como vos, hay mucha gente desarrollando proyectos para difundir la cultura de nuestro tiempo?

La gestión cultural lleva un montón de tiempo. La gente que hace esto o cualquier otro proyecto, no lo hace por dinero. Por lo general somos gente que estamos bastante border económicamente, somos los bohemios digitales, somos gente que hace porque las cosas se tienen que hacer. Tenemos la necesidad de hacerlo porque hay un bien común en el cual comulgamos.