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RUIDO DE FONDO

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El yo es el otro

Carlos Godoy
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Mario Levrero y Francisco Gandolfo mantuvieron una correspondencia de más de una década con la que se propusieron, además de acompañarse, criticarse y felicitarse, fundamentalmente no estar solos. Jonathan Franzen tiene un libro de ensayos que se llama, en este mismo sentido, Cómo estar solo (Seix Barral, 2003) y refiere precisamente a esa condición extraña y a la vez necesaria que tiene el trabajo del escritor de acostumbrarse al aislamiento y a estar atento a las pocas compañías que podrían custodiar -siempre a la distancia- esa soledad. En esta colección de ensayos Franzen establece dos categorías para interpretar a la literatura. Por un lado la seria y por otro la que no lo es. El modo de distinguirlas es específicamente el componente trágico. La tragedia, el dolor, en la concepción del evento literario es lo que, según Jonathan Franzen, asigna ese valor necesario para que la literatura sea considerada seria.

Las preocupaciones y los debates que plantean los dos autores en estos intercambios epistolares que publica la editorial rosarina Iván Rosado bajo el título Correspondencia, con la edición al cuidado de escritor y crítico Osvaldo Aguirre, no pueden ser, sino, la de dos personas que conviven con la trágica y obsesiva preocupación por concebir una literatura seria, honesta.

Entonces, estas cartas, más en Gandolfo que en Levrero, manifiestan esa necesidad del autor de tener un lector consciente. Durante todo el intercambio el montevideano ya era un escritor con libros publicados y cierto reconocimiento en algunos círculos. Galdolfo en cambio era un padre de familia abocado a su trabajo de imprentero que cultivaba esa misteriosa personalidad del poeta secreto. Leónidas Lamborghini, en esos mismos años, mientras estaba exiliado en México solía volver a Buenos Aires en visitas relámpagos a familiares y, también, para leerle a Fogwill lo que estaba escribiendo. A veces a las apuradas en el aeropuerto antes de abordar. Esa necesidad vital de completarse en el otro.

Gandolfo centrado en producción poética con ejercicios o ensayos de narrativa y Levrero atrincherado en el cómic y la narrativa experimental tienen un intercambio que deja ver más allá del mero crecimiento de una amistad. También puede leerse uno de los problemas del género epistolar y en especial de la edición de textos privados de personas con un personaje público como autor.

Aguirre en la contratapa plantea la dificultad del investigador o editor al trabajar con textos de carácter no público por la trama de sobreentendidos y complicidades, y también especifica una intencionalidad por parte de los autores por dejar sus cartas como legado. En este contexto, la correspondencia entre Gandolfo y Levrero funciona como un documento biográfico que puede servir, para el lector científico, como anexo que acompaña el desarrollo de las obras que los autores escribieron durante estos años. Las anécdotas, las citas, el tono en el que se escriben y los debates tiernos y anticuados nos hacen ver a dos viejitos en camisa sentados en la vereda. Y vuelve a ese debate extraño e irresuelto que supo planear Kodama criticando a Casares a propósito de la publicación de quizás su mejor libro, Borges (Destino, 2006), sobre si la la literatura vale más que la vida de las personas o viceversa.

 

gandolfo levreroCorrespondencia

Mario Levrero y Francisco Gandolfo

Iván Rosado

2015

216 págs.