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Botis

Facundo Arroyo
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Sigue siendo el músico más raro, excéntrico y talentoso de los últimos años. Ideólogo de La Manzana Cromática Protoplasmática, le bastaron un par de discos con ese proyecto psicomágico y delirante, más un álbum solista –Botis en el bosque estrambótico, un verdadero tour de force por su mente de Syd Barrett montañés- para convertirse en uno de esos artistas imprescindibles y secretos, capaces de resumir su talento en una obra exigua pero intensa. “Spinita” es el nombre que le puso a su hermosa canción que formará parte de Luz al instante, un homenaje colectivo y rioplatense a Luis Alberto Spinetta. Desde su refugio en las sierras cordobesas, Botis habla de ese proyecto, su carrera y lo que viene.

¿Cuál es la sensación que dejan esos artistas trascendentales cuando su obra no tuvo un gran desarrollo? Que un compositor genial no tenga demasiadas canciones grabadas no ha sido un factor determinante para estar entre los grandes de la música popular argentina. Iconos como Tanguito, Miguel Abuelo, Moris, Luca Prodan o Ricky Espinosa metieron impactos emocionales en discografías limitadas. El caso de Botis, ideólogo de La Manzana Cromática Protoplasmática, viene más o menos así. Además de editar Un viaje por la vía láctea (2006) y Titiriscopio (2009) con ese proyecto psicomágico y delirante, su único disco solista hasta el momento son canciones de un período de composición que comprendió sus ratos libres en esos años de largos viajes al interior de su mente y al del país. Botis en el bosque estrambótico (2012) es una de las grandes perlas para la canción de Buenos Aires en el siglo XXI. Un Syd Barrett de la montaña con su guitarra acústica en la espalda y sus vínculos con las experiencias en Francia de Miguel Abuelo y las conexiones simbólicas de Hermeto Pascoal.

Cuando otros cantores se refieren a él, dicen no poder creer el grado de iluminación que tiene este músico nacido en el conurbano bonaerense y trasladado a las sierras de Córdoba para desarrollar su vida cotidiana entre los árboles y el agua. Hay que verles las caras a Juanito el Cantor, o a Sofía Viola, o a Ezequiel Borra, o a Jano Seitún cuando, ante la quietud y las melodías, el cromático les canta una canción. Para esta entrevista, Botis baja varias veces del monte a tratar de conectarse en un cyber amigo. Es difícil lograr un buen rato con Botis, algo así como intentar sentarse al lado de una mariposa.

¿Es verdad que cuando eras chico te grababas las músicas de Carl Stalling? (compositor y arreglador del mundo Looney Tunes)

Sí, en ese momento no poseía mayor tecnología que un grabador a casette de periodista. Lo apoyaba en el televisor y me grababa capítulos enteros de Tom & Jerry o El Correcaminos. ¡Recuerdo subirme al (tren) Sarmiento y escapar del chancho aprovechando los sonidos del Coyote!

Antes de empezar a definir tu mundo estético pasaste por una banda como Nagual, ¿cómo planteabas en ese momento los géneros a desarrollar?

Nagual tenía varias canciones con cercana lejanía a la franja que grabé años más tarde con La Manzana. Mi búsqueda compositiva ya estaba inclinada a la sensibilidad de la música. Quebrar la mente, con melodías fuertes y desvíos imprevistos. Aún estaba presente una necesidad adolescente en cuanto al decibel y la vitalidad, y en aquel momento estaba más abierto a responder (aunque no sea de la forma más convencional) a géneros y ritmos musicales definidos como el reggae, el candombe y ciertas reminiscencias del metal. En fin, ¡con Nagual hoy me hubiera ido bárbaro! (Se ríe).

¿Cómo fue que construiste el particular mundo estético y el lenguaje de La Manzana Cromática Protoplasmática?

La banda siempre tuvo una manera particular de trabajar: más emparentada (en lo netamente artístico) con un solista que con un grupo. Nunca me gustó la diferenciación de solista y grupo. Para mí, en lo que refiere a mi rol artístico con la música, siempre fue y sigue siendo igual, lo que va cambiando y al mismo tiempo inspirando es el paisaje humano y musical que rodea mi arte en un determinado momento. Pero si tenemos en cuenta que estuve encargado de todos los temas, de los arreglos, de los personajes, de las historias y hasta del diseño de los disfraces, muchos podrían considerar que se trataba de un proyecto solista más. Como decía, todo fue inspirado por mi entorno de grupo, que además de aportes en lo musical y en el entusiasmo que siempre caracterizó a La Manzana, también se encargaban de la parte organizativa. Esta aclaración me es necesaria para explicar porque a veces mis respuestas son en primera persona del singular. Pero bueno, el mundo y el lenguaje de La Manzana fue un proceso tal vez más íntimo de lo que a primera lectura se puede entender.

botis la manzana¿Cuál es la razón de los personajes que fueron apareciendo en vivo?

En un viaje por el noroeste del país conocí a un titiritero tucumano, me inspiró y me introdujo al mundo de las marionetas. Creo que esa fue mi máxima influencia, la que intenté incorporar desde el plano musical. Y también escénico.

¿Qué te dejó la experiencia de ese proyecto?

¡Algunas deudas! Hablando en serio, es difícil responder en detalle y sintetizar. Me dejó lo que puede dejar una experiencia compartida por más de diez años: aprendizaje intenso.

Si bien El bosque estrambótico fue tu primer disco solista, las canciones ya estaban compuestas hace rato. ¿Cómo sentiste ese duelo y ese comienzo?

Sacar El bosque… no fue un punto de partida desde ningún ángulo. Se podría decir que El bosque… es presente pero es más pasado que La Manzana ya que todos esos temas fueron compuestos entre 1996 y el 2001. Toqué antes y durante todos los años de La Manzana varios de esos temas solo, o con dúos, o bandas: “El eslabón perdido” (dúo con “Kracus” Leandro Bulacio en piano o Andrés Albornoz también en piano). En trío con “La nave de tierra” y hasta en el 2005 hice un recital con un cuarteto. La demanda de La Manzana hizo que fuera más intermitente con otros proyectos pero siempre estuvieron mechaditos a la par.

¿Cuál es la verdadera historia de la canción “Alemanes en Jujuy”?

Es una historia verídica de un viaje al noroeste del país hace muchísimos años. Sintéticamente, solía viajar de forma indigente y acababa de colarme en un camping. Al día siguiente, en ronda de mate, conocí a dos alemanes que se acercaron a saludar. Contaban que partían con su auto alquilado desde Tucumán (donde estábamos) a Jujuy. Después tenían que volver a Buenos Aires a dejarlo en la agencia. Me venían como anillo al dedo y adelante de las veinte personas presentes en la ronda les pedí, literalmente y sin rodeos, si podía ir con ellos. Presiento que los comprometí. Me llevaron y al principio me odiaban. Pero después, pasaron algunos días y le enganchamos la onda. Estuvimos en Termas de Reyes y otros lugares hermosos de Jujuy. Pero después el viaje se extendió y… ¡terminamos en mi casa de Ramos Mejía!

“Niño” cuenta con la dulzura de una canción de cuna pero entiendo que el contexto de creación y reflexión fue otro…

Lo compuse sentado en el inodoro de mi casita de Haedo. Sentía emoción y consternación, creo.

botis¿Cómo fue la convocatoria para grabar en un nuevo homenaje a Spinetta y por qué finalmente no le pusiste Spinita?

Vi la propaganda en Facebook y me gustó (“Luz al instante”, canciones inspiradas en Luis Alberto Spinetta), además tengo gran estima hacia Demi Adler (uno de los organizadores). Así que le escribí y le mandé una grabación impresentable. Se ve que él me tiene también estima porque quedó seleccionada. El archivo que mandé tenía el nombre de “Spinita”, pero en realidad se llama “Fin del universo”. Pensé en la brújula que significa un artista como Spinetta, incluso ya ni siquiera en el plano exclusivo de su obra con la que a veces comparto afinidad y a veces no tanto, sino en su autoridad energética. Pensé en eso, en su aura.

¿Cómo es la teoría de tu nuevo espectáculo “Conjuntibotis”?

Bueno, ante todo tendría que aclarar: al apagarse La Manzana, que era el sol de los planetas cromáticos protoplasmáticos, comenzaron a surgir virus y bacterias por todo el sistema. Uno de los más bravos es la “conjuntibotis protocromática” que ataca al niño interior de los seres vivos, cerrándole los ojos y despojándolos de su propia esencia creativa. El escuadrón Conjuntibotis intenta erradicar a Patógeno, la bacteria líder, introduciéndose en el interior de los infectados. Los resultados, aún, son inciertos.

¿De qué hablás en las canciones que todavía no grabaste?

Del espíritu del monte, de la máquina del tiempo y de la conciencia de la babosa. Allí existe una pregunta retórica que busca respuestas desde la oscuridad: ¿el amor se reserva únicamente a la relación de pareja?

Botis no nació de un capullo. Su madre es la cantante Gloria Marcó (actualmente vive en París), su tío tocaba blues en Dulces 16 y su abuelo fue Héctor Marcó, el conocido letrista de tango que compuso para referentes como Carlos Di Sarli, Edmundo Rivero y Miguel Caló, entre otros. Hubo épocas en las que vivieron en la misma casa. Botis siempre rescata que ese hecho fue algo inspirador pero también su mundo normal. De todas formas, su metodología fue siempre otra; una que, de repente, podrían seguir algunos mandatos de la naturaleza.

¿Qué música estás escuchando?

No escucho música. No es que no me guste, me encanta, pero la verdad es que no tengo un equipo de música ni tampoco computadora, en fin.

¿Cuáles son tus límites con el arte?

Descubrí que en mí, tanto para hacer una canción, como inventar una historia o un personaje, es una simple ofrenda que me hago y que le hago a quien quiera recibirla. Si no habría nadie que pueda recibir esta ofrenda, el sin sentido de este juego sería completo. Hasta la parcialidad del sin sentido me la banco.

Fotos: Hernán Vargas