inicio > Lecturas internas

LA MALA LECHE

  • pj

Lecturas internas

Martín Rodríguez
Agrandar fuente Achicar fuente

La hora del balance crítico del peronismo llegó. Se puede leer en blogs, tweets, revistas digitales, diarios oficialistas, etc. De la prensa que abunda en detalles e impresiones de la ruptura parlamentaria está lleno. En este caso y para esta columna me interesa destacar un análisis sobre la memoria reciente. La socióloga Ana Natalucci publicó en la Revista Panamá parte de un proyecto de investigación que lleva adelante sobre sindicalismo y kirchnerismo. En líneas generales, es una apuesta por conocer el poder detrás del poder en los años kirchneristas, es decir, las formas y movimientos que tuvo el Frente para la Victoria en sus años de hegemonía política. Analiza el “moyanismo” (principal aliado sindical en el período 2003-2011) y el intento de esa poderosa expresión sindical de ubicarse como sujeto del poder en la reconstrucción kirchnerista. Copio estos fragmentos:

“Una de las conclusiones que se desprende de esta exposición es que la aspiración sindical reunía la posibilidad de recuperar su función como articulador de demandas obreras -y opinar consecuentemente en el rumbo del modelo económico- y de participación política bajo una estrategia heterónoma con la esperanza de resindicalizar el peronismo -a partir de su involucramiento en los procesos de toma de decisiones y ocupación de cargos ejecutivos y legislativos-. // La imposibilidad de perseguir esta estrategia debe atribuirse a errores propios del nucleamiento sindical, pero fundamentalmente a cómo entendían los protagonistas el proceso de fortalecimiento sindical y sus consecuencias. Es decir, dirigentes kirchneristas (Kirchner y fundamentalmente CFK) lo pensaban en términos de poder construir un contrapeso al sector empresarial en el marco del modelo neodesarrollista, de modo de compensar la puja distributiva, sin restituir por esto la gravitación política al actor sindical. Esto implicaba que pudieran vetar algunas iniciativas empresariales pero no hacer propuestas que modificaran la correlación de fuerzas -como el proyecto de reparto de ganancias-. No obstante las tensiones entre el kirchnerismo y el moyanismo, este mantuvo su expectativa del salto a la política. Las aspiraciones recreadas durante el kirchnerismo no se extinguieron por su ruptura con aquel. En todo caso, optaron por acuerdos con otras élites políticas, como el espacio de De Narváez o el Frente Renovador. // Más allá de los resultados, desde las organizaciones sindicales -y contra lo que indicaría el sentido común- ha primado un esfuerzo por superar el corporativismo y poder dar cuenta de esa doble representación de demandas obreras y políticas. En este punto, el límite lo puso el kirchnerismo, esto es, no estaba dispuesto a restituirle a las organizaciones sindicales su reclamado estatuto de sujeto político, la desindicalización del peronismo ocurrida en los ochenta era irreversible.”

Volvamos a estos días. La ruptura del bloque del FPV es una foto previsible sobre la fragilidad que adelantaba su edificio para cuando no ocupara el Estado. Como dijo un militante kirchnerista de la provincia de Tucumán: “la pregunta que no nos hicimos es ‘¿cuál es el sujeto?’. O en palabras del gran Gerardo Aboy Carlés, “que fuera del poder el cristinismo quede reducido a un Nuevo Encuentro ampliado era absolutamente previsible”. Se verá.

El documento de la ruptura conducida al menos visiblemente por Diego Bossio es un panegírico de generalidades, una mano que tapa el sol. El 8 de mayo el peronismo tendrá su cita interna. Por lo pronto, el gobierno macrista se frota las manos y mira cómo a un mes del inicio de sesiones parlamentarias ya tiene esta convulsión en el seno del peronismo. ¿Los sindicatos? Eso: los sindicatos. Cada cual atiende su juego. Incluso Beatriz Sarlo, aún en la mirada despiadada que le merece siempre el reciente gobierno, ya observa con atención la figura de Rogelio Frigerio, el ministro-punta de lanza de algo que el PRO demoró y tal vez sólo se empieza a conocer: ¿qué harán con el peronismo? Se habían reservado esa respuesta hasta el momento ideal: cuando llegaran al poder.