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ENTREVISTAS

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Andres La Blunda: “Construir una juventud que sea sujeto de decision politica”

Julia Mengolini
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Por Julia Mengolini

Andrés mantiene intacta esa curiosidad en la mirada que sólo puede tener un chico. Los nietos recuperados tienen un no sé qué. Tal vez sea la inquietud permanente de quien tiene un pasado irresoluble, tal vez esa extraña gratitud por algo tan simple como saber el propio nombre. Andrés La Blunda está todo el tiempo en construcción y cada vez más firme.

-¿Cómo es tu historia?
-Para contarte mi historia te tengo que contar la historia de mis padres que es determinante en mi vida. Mi mamá fue una militante peronista en Paraná, a mediados del 74 ingresa a Montoneros y en diciembre del 75 pasa a la clandestinidad. Mi viejo también era militante peronista, de Junín, abogado, egresado de la Universidad de la Plata e ingresa a Montoneros en el 74. Me cuenta mi familia que cuando mi viejo se mete a la orga vende todo lo que tenía, pasa a la clandestinidad y se va de Junín. Tiene una participación militar en Formosa, después de eso la organización lo coloca en la Columna Norte y ahí, en la clandestinidad, conoce a mi mamá.

-Vos reivindicás mucho a esa juventud, pero ¿nunca los pusiste en cuestión? ¿No te preguntás, por ejemplo, si no fue un poco irresponsable tener un pibe en la clandestinidad?
-No. Me asombra el valor, la fuerza y la convicción. Estaban absolutamente seguros del mundo que querían para mí, para mi generación y para los argentinos. Después podemos discutir métodos, estrategias, tácticas. Pero no digo “qué imprudencia”, al contrario, digo “qué transgresores”. Qué fuerza de convicción. Cuando empiezo a reconstruir la historia de mis viejos, todo el mundo resalta la claridad y la firmeza de los valores de mi papá. Eso lo admiro. Uno compara con el hoy y te das cuenta que toda esa mística y esos ideales intentaron ser destruidos.

-¿Y en esa comparación con el hoy qué ves?
-Veo que estamos en una época de cambios, que estamos transitando las consecuencias últimas de la dictadura y del neoliberalismo, pero que estamos en un proceso de salida y de encuentro con nosotros mismos, de reencuentro con nuestra identidad nacional. A veces hago una comparación de lo que fue la reconstrucción de mi identidad y lo que es la reconstrucción de la historia y de la identidad de todos los argentinos. Eso me ayudó también porque yo asumía la reconstrucción de mi identidad como algo personal y con el pasar del tiempo me fui dando cuenta que mi historia no era solo la mía sino la de todos los argentinos. La pude contextualizar, pero es recién con Kirchner.

-Volvamos a tu historia.
-A mis viejos los secuestra el Ejército en San Fernando. Tuve la suerte de no entrar en el plan sistemático de apropiación de bebés. Se ve que hubo una falla en la inteligencia porque no sabían que yo estaba y mi vieja me entrega a la familia de enfrente, a los vecinos. A mis viejos se los llevan y nunca más supe de ellos. Ni siquiera sé adónde se los llevaron. Este vecino me recibe y va a la comisaría donde le sugieren que inicie los trámites para la adopción y me entrega a su hermana, Cristina Benavidez, que estaba casada con Raúl Cabral. Ellos siempre actuaron de buena fe. Van al tribunal de menores N° 1 en San Isidro, a cargo de la jueza Ofelia Hejt que es la misma jueza que entrega en adopción a Marcela y a Felipe Noble Herrera, y es ella quien comete irregularidades porque no completa los requisitos que marca la ley y me otorga en una guarda –tenencia. Después la adopción se dictamina en Mar del Plata varios años más tarde. O sea que desde el 77 hasta el 83 fui NN. Paralelamente, mi familia biológica de parte de mi papá empieza la búsqueda, hasta que llegan al juzgado. Como no les prestaban los expedientes, interviene Abuelas y pudieron ver que yo estaba en Mar del Plata. Entonces van a buscarme con Abuelas y se produce el encuentro. Yo tenía siete años.

-No entendías nada, ¿qué te dijeron? ¿qué te acordás?
-No me dijeron nada. En ese momento nace la mentira. Las dos familias acuerdan no decirme nada con la excusa de cuidarme. Fue el gran error. No podés negarle la identidad a una persona.

-¿Por qué hablás de excusa? ¿No creés que de verdad había un interés genuino de cuidarte?
-Sí, pero no podés mentirle a una persona. Mi caso es diferente porque no se trata de una apropiación, pero cuando la adopción la hacés en el marco de una mentira y ese amor no va acompañado de verdad, no sé hasta qué punto no es apropiación. Lo que sentí con mi familia adoptiva fue un amor vinculado más a la posesión y no a un amor genuino.

ScreenHunter_01 Jul. 14 13.56-¿Cuándo te enteraste?
-Cuando me encuentran no me dicen nada pero yo continuo el contacto con mi familia biológica porque me los presentan como unos tíos lejanos de Junín. Eso lo naturalicé y lo mantuve hasta los 22 años cuando una prima mía biológica vino de visita a Mar del Plata y me cuenta todo una noche en un bar. Me tira dos bombas: la primera que soy adoptado y la segunda que soy hijo de desaparecidos. En ningún momento dudé de si lo que me decía era verdad, porque lo supe, porque lo había intuido. Y me quedé solo con esa verdad porque ella al otro día se fue. Mi historia tiene grises porque no fue apropiación de gente vinculada a la dictadura. Me dieron amor, me cuidaron. La cosa quedaba en una línea poco clara para mí. No podía romper con esa familia.

-Vos no dejaste de llamarte Mauro.
-Por un tiempo. No todas las historias son iguales. Cuando yo me entero, tengo acceso a mi verdad histórica, pero no puedo decir que ahí recupero mi identidad. Yo podría haber dejado todo como estaba y pese al dolor, empecé a recorrer el camino de la reconstrucción de mi historia. Empecé a conocer parientes, compañeros de militancia de mis padres, resignifiqué el vínculo con mis tíos. Me acuerdo que lo primero que hice fue llamar a las Abuelas de Mar del Plata, y cuando le digo quién soy, me contestan: “Hola Andrés”, ya sabían toda mi historia. Fue fuerte hablar con gente que sabía tanto. Además me costó contarle a mi familia adoptiva que yo ya sabía todo. Intentaba resguardarlos pero con el paso del tiempo empecé a entender que tenía que reconstruir mi identidad cueste lo que cueste. En el año 2002 decidí venir a vivir a Buenos Aires, donde había nacido, y me involucré un poco con las Abuelas y con la política de Derechos Humanos. Hace dos años, después de diez años de reconstrucción de mi historia, decidí cambiarme el nombre. Justo a los 31, la misma edad a la que desaparecieron mis padres. Cambiarme el nombre a los 22 hubiese sido como dar un salto al vacío.

-Además el contexto histórico de ese momento hacía más difícil reivindicar y entender la historia de tus viejos.
-A partir del 2003 hay un cambio en la sociedad. Empieza a correrse un velo que me permitió ponerle más piezas al rompecabezas que había empezado a armar desde los 22 años. Mi historia tiene un componente político muy grande, mi cambio de nombre tiene más de decisión política que de decisión personal. Porque esos grises de mi historia me dejaron en un suspenso por tiempo indeterminado. Y después, mi participación política en el kirchnerismo, unida a un proyecto de país que asume como política de Estado la política de derechos humanos, que reivindica a esa generación, culmina con mi cambio de nombre.

-¿Cómo terminás como Secretario del Consejo Federal de Juventud?
-En mayo del 2003 empecé a trabajar y militar en el Ministerio de Desarrollo Social junto con Alicia Kirchner. Mi llegada al proyecto viene de la mano del vínculo que mi padre tenía con Alicia porque eran compañeros de militancia. Cuando Alicia se entera que estoy en Buenos Aires me llama y cuando nos conocimos me dijo: “Sos, pensás y hacés igual que tu padre”. Al principio no entendía lo que me quería decir, después entendí que no era una cuestión de personas sino de proyectos y lo que ella encontraba era un hilo conductor histórico que nos unía. Después, con el paso del tiempo y con la consolidación del modelo entendí que se estaba reivindicando a una generación y a sus herederos. Mi laburo en el Ministerio me dio un volumen político y un componente a mi historia que termina en ese cambio de nombre. Le puso cuerpo a Andrés.

-¿Qué objetivos tiene el Consejo?
-El otro día una compañera sintetizó muy bien qué es lo que queremos: “construir una juventud que sea sujeto de decisión política”. Entonces, todas las acciones que desarrollamos van a ese norte, a considerar a una juventud protagónica como sujeto formador de las realidades y con aportes para la consolidación de este modelo de país. En el 2008 empezamos trabajando en las Jornadas de democracia participativa y políticas públicas, donde empezamos a hacer encuentros provinciales de discusión política en todo el país y empezamos a convocar a distintas organizaciones para que discutan qué proyecto de país queremos. Eso es algo inédito en las políticas de juventud porque hasta ahora no se había puesto el norte en esa dirección. El desafío, que es la etapa que viene, es la inclusión política de toda una generación que los medios estigmatizan y que nosotros vemos como una juventud solidaria. Y desde el Estado tenemos que generar los canales para incluir los proyectos que surjan de parte de la juventud. Una de las demandas más fuertes de la juventud, producto de la dictadura mediática que sufrimos, es tener los canales de comunicación para expresarse. En el marco de las jornadas visualizamos la necesidad de construir espacios para la participación, la necesidad de reconstruir nuestra historia y nuestra memoria y por eso la necesidad de generar los ámbitos de discusión. Vimos, entonces, que había que ir por la institucionalización de los espacios de participación de los jóvenes a nivel territorial. Por otra parte también están las Mutuales del Bicentenario. Desde el año 2003 la política pública se orienta a reconstruir las injusticias sociales y económicas que dejó el genocidio primero y el neoliberalismo después. Lo que hay que reconstruir es lo público y la política. Así nos pusimos a pensar en dispositivos de trabajo que permitan reconstruir los lazos sociales y solidarios para la organización social y surgieron las mutuales, que son espacios para la participación y organización popular de la juventud. Están conducidas por jóvenes pero no conformadas únicamente por jóvenes. Nos parece que los jóvenes tenemos que conducir los procesos de inclusión de todos. Por eso no se llaman “Mutuales de la juventud”, sino “del Bicentenario”.

-¿A qué le decís Ni a palos?
-A la impunidad. Porque no hay proyecto de país sin memoria y sin historia.