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ENTREVISTAS

Mariana Moyano: “El Estado siempre fue el tonto del curso”

Julia Mengolini, Martín Rodríguez
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Por Julia Mengolini y Martin Rodriguez

En los últimos tiempos Mariana Moyano se transformó en un personaje ineludible para saber de qué se habla cuando se habla de Papel Prensa. Ese mérito tiene una razón: ella conoce esa vieja trama desde hace muchos años, cuando la empezó a investigar, difundir y enseñar. De hecho, asistió los contenidos y la línea histórica del documental sobre esta empresa que se estrenó hace pocas semanas en la Televisión Pública. Hablar con ella es la oportunidad de revisar algo que ya fue puesto sobre la mesa, más allá o más acá de las vicisitudes legales o parlamentarias del affaire Papel Prensa, que tiene que ver con la discusión sobre la trama profunda de la relación entre medios y sociedad. Entre todas las versiones y la saturación de información, un poco de balance a mitad del río.

– Vos que conocés la historia de Papel Prensa hace mucho, ¿cómo ves el modo en que sale a la luz?

-Hay un problema cuando uno mira la historia en términos de buenos y malos. Es  mucho más complejo. La versión lineal de  Clarín y La Nación que dice que como Lidia Papaleo no estaba desaparecida el día que se realiza la asamblea en la cual se transfieren las acciones y es detenida en marzo del año siguiente, entonces no estaba presionada y estaba en  libertad absoluta, es una versión para niños. Pero hacen una lectura lineal también ciertos advenedizos a la  problemática. La prueba de que este tema es de una enorme complejidad es que ha sido tomado por referentes del liberalismo más rancio como Julio Ramos, y por referentes del sector más combativo de los medios, como Pablo Llonto y, sin embargo, los datos que ellos aportan coinciden. Papel Prensa es como un paradigma de una situación: es el Nunca más de la complicidad civil y empresarial con la dictadura, al que se agrega incluso la pata periodística. Los civiles  daban órdenes a quienes gerenciaban la muerte, y faltaba decir quién contaba la historia para que la sociedad no  reaccionara. Simultáneamente, estos días yo vi que por primera vez el relato del Estado no fue corriendo atrás del relato de los privados, tratando de responder a los apurones. Por primera vez instaló su propia información. Tuvo la  iniciativa.
Por otro lado, el as que tenían en la manga La Nación y Clarín para rebatir el acto de la Presidenta era un testimonio  personal, con la lógica de que había que contestarle al testimonio de Lidia Papaleo, que se suponía que era el nudo del informe. Pero si leés el informe completo, notás que el testimonio de Lidia Papaleo es sólo una parte, si querés, un hilo conductor que ordena un relato, pero la prueba no es el relato de Lidia. La prueba son los documentos que surgen del Consejo de Guerra, de las actas de la Junta, o sea, papeles del Estado. Pero los diarios no han podido contestar a esos  papales, por eso insisten con personalizar la crónica. Supongamos que Lidia miente, que expliquen entonces por qué  son tan irregulares las actas de la empresa FAPEL. Los balances del 76 no están, no los pueden conseguir.

-¿Cuándo fue que vos empezaste a estudiar el tema? ¿O cuando tomaste conocimiento?

-Calculo que cuando empecé la carrera, en el año 87, empecé a escuchar sobre  el tema. Además, al poco tiempo me pongo en pareja con un periodista más grande que yo que había estado exiliado y empiezo a participar de todo un  mundo que no me corresponde generacionalmente. Me empiezo a fascinar con el tema en esa época, en el año 91. Y me  fasciné con el libro de Ramos, con quien no tengo la más mínima adscripción ideológica, pero es de una rigurosidad periodística impecable. En el 94 empiezo a dar clases en la Facultad, y doy el libro de Ramos, Los cerrojos a las prensa,  el de Jorge Asís, Diario de la Argentina, y el de Pablo Llonto, La Noble Ernestina. La consigna apuntaba a pensar el  fenómeno Clarín, en cuanto a qué significa Clarín en la construcción cultural argentina. Como era un momento en el cual todavía el periodismo era el fiscal de la República -pensemos que el país se estaba desarmando de a cachos, entre el 98 y el 2001- a partir de una propuesta muchos periodistas de Clarín aceptaron dar notas a los alumnos. Hay que ver  las cosas que decían, cosas como “nosotros peleamos por instalar nuestra línea de pensamiento en toda la Argentina” o  “somos más poderosos que un presidente”. Me parece que lo que está pasando ahora con Papel Prensa, es que se empieza a ver la imagen del rompecabezas, pero las piezas estaban.

-¿Cuál es la coyuntura que dio lugar a que ese rompecabezas se empiece a armar?

-Tiene que ver con la voluntad política de un gobierno de llevarlo adelante. Y obviamente se puede hacer en este  contexto. El Estado siempre fue el tonto del curso, el que lleva caramelos y todos se los afanan. Y ahora se hinchó de  que le peguen siempre, entonces agarró al grandote y se le plantó, se puso de pie, “a mí los caramelos no me los van a afanar más, si quiero reparto, pero no me los afanan”. El bobo del curso se le animó al canchero, al grandote. Lo que  supieron hacer los gobiernos kirchneristas no fue mandar, sino comandar a un Estado, ponerlo a funcionar.

-Siempre están los giles que rodean al canchero y le pegan al bobo…

-Son más bobos que el bobo.

-¿Cómo ves la discusión en el Congreso?

-Agustín Rossi se me agiganta cada día más. Alguna vez dijo, en referencia a la  discusión sobre la Ley de Medios que lo que hay que entender es que es una discusión entre la política y las  corporaciones. Que se hable de esa manera en el Congreso es maravilloso. Jorge Sarghini, quien votó en contra, dijo  que si no llenamos la política de contenido, la video política nos lleva puestos. Esa discusión, en esos términos, es genial. Pero también ves a otros que repiten párrafo por párrafo lo que dijo Clarín. A mí me da vergüenza por sus  votantes. Elisa Carrió debería acordarse lo que decía Clarín de ella cuando denunciaba el lavado de dinero, la trataban  de loca, recordemos lo que Clarín le hizo a la Alianza. Es como un pegame porque me gusta o algo similar al círculo que  se da en la violencia doméstica.

-¿Desde dónde se reinstala tu idea de la ética periodística?

-Creo que el periodismo tal cual lo conocemos ha muerto hace rato. Para mí, a mediados de los noventa, cuando el  periodismo eligió el espacio de las estrellas, cuando los periodistas eligieron ser famosos como fiscales de la Nación. Y  eso obviamente avanza cuando la política está sepultada. Había que destruir a la política para que eso pudiera  instalarse. Cuando la política decide ponerse de pie, esa lógica cruje. En ese sentido, lo que pasó fue que ese periodismo quedó muy enojado porque quedó como desorientado frente a lo que está pasando. La política te pregunta de qué lado  te vas a poner. Pero no desde una lógica binaria sino que los grandes temas te preguntan de qué lado te ponés. Frente a  las Invasiones Inglesas, ¿de qué lado estás? ¿Con los que invaden o con los que resisten? Los grandes hechos de la  humanidad te preguntan de qué lado te ponés. ¿Qué hace un cronista de las invasiones inglesas? ¿Describe  objetivamente? ¡No!, de un lado te ponés. Vos podés trabajar de periodista pero haciendo una opción. Lo perverso de  este momento es que los que han hecho abiertamente una opción, son periodistas “adictos y pagados por el  multimedios del gobierno”; y los que hicieron otra opción, igual de legítima, esos son “independientes”. Pero también  hicieron una opción. Yo no la cuestiono, pero que no cuestionen la mía. Eso de mirar la historia mientras ocurre no  existe, siempre se ha elegido en qué lugar ponerse.

-Seguramente todas estas ideas las tenés en tu cabeza hace mucho, pero la discusión sobre los medios se hizo pública y patente hace una par de años, ¿qué te pasa a vos con este momento?

-Es como si me hubieran dado de alta en  terapia. Desde el año 94 que explico en la Facultad que una noticia es una  construcción y que no se puede alcanzar la objetividad porque la carga de subjetividad, bla, bla, bla. Eso me llevaba  varias clases para que lo entendieran. Era como remar en dulce de leche. Ahora me lleva 15 minutos explicarlo.

-¿Existe un grado un poco más cercano a la objetividad o por lo menos a la no manipulación?

-Me parece que cuando vos asumís que tenés un problema, empieza la solución. Entonces, cuando los periodistas asumamos que nos es imposible la objetividad, vas a estar tan cuidadoso de no ser subjetivo que vas a recurrir a todos  los elementos que tengas a mano para ser lo más imparcial posible e intentar no manchar tu crónica de tu carga personal.

-A veces, los medios oficiales parecieran carecer, no de objetividad, sino de una lógica periodística, en cuanto a eso de  que siempre “tenés que dejar hablar a las dos campanas”. Eso es notable en 678, donde no hay presencias críticas hacia el kirchnerismo.

-En el caso de los que están del otro lado no es un error, es una intención, hacen “democracia de escenografía” porque invitan a un oficialista y a un opositor, pero las reglas las pone el que pregunta. Esa es la lógica. “De este lado de la Patria”, se está construyendo otra cosa, pero Me parece que hay que dejar de hablar entre los convencidos, salir a hablar con los otros. Si los argumentos están. Para eso hay que bajar la carga de adjetivación y subir la carga de rigurosidad. Esto no se lo pido a 678, que creo que cumple con un rol muy importante, pero tiene que haber otros espacios.

-El kirchnerismo venía bien, repuntando tranquilamente, ¿era momento de salir con lo de Fibertel y Papel Prensa?

-Nunca me hago esa pregunta, “¿era el momento del desembarco de Normandía?” ¿Cuándo es el momento? La Ley de Servicios Audiovisuales salió con el kirchnerismo en picada, ¿era el momento de ir contra las corporaciones mediáticas o era momento de salir a recuperar el electorado?

-¿Te parece que Fibertel o Papel Prensa sean cosas del microclima?

-Pueden ser, pero son esas cosas que se ven a largo plazo. La preocupación que algunos teníamos en los años 90 porque se privatizaran las empresas les preocupaba a unos pocos, y sin embargo las consecuencias las vivimos todos después. Me parece que esta es una sociedad muy espectadora, pero las consecuencias las padecemos todos. Pero con ese criterio no hay que meterse casi con nada, porque todo es microclima. Lo de Fibertel me parece diferente porque no hay intermediación entre el problema y el usuario. En Papel Prensa sí, tenés el problema, la Justicia, el Congreso, la discusión política, en los diarios y al tipo le llega después. Además, Papel Prensa involucra a la dictadura, la muerte, la  desaparición, la complicidad civil, la estafa al Estado. El Estado es socio de esa empresa en un 27 por ciento, ¡o sea, es nuestra plata! Parte de lo que se hace con nuestros impuestos lo deciden Clarín y La Nación. ¿Estamos de acuerdo con eso?

-¿A qué le decís Ni a palos?

-A volver al clima de los 90 donde nadie se daba cuenta que estábamos metidos en la Matrix, esto es desprolijo pero es “el desierto de lo real”.