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ECONOMíA

La matriz

Ivan Heyn
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Por Iván Heyn

Esta semana se reunió el segundo congreso anual de la Asociación de Economía para el Desarrollo Argentino cuyo eje central fue el debate sobre la necesidad de un cambio estructural en la economía argentina. El mitin reunió a más de 500 economistas que sobre las necesidades que enfrenta la economía argentina del Bicentenario.
Aldo Ferrer, uno de los próceres vivos del pensamiento económico nacional, señaló que el “fortalecimiento de la densidad nacional es también observable en el retroceso de la ideología neoliberal y del pensamiento único, desautorizados por la catástrofe que provocaron en la Argentina y, poco después, en la economía mundial. De este modo, ha vuelto a surgir un pensamiento crítico como, por ejemplo, el reflejado en las contribuciones del Grupo Fénix de la Universidad de Buenos Aires o las de los jóvenes economistas agrupados en AEDA”
Y es cierto que la posibilidad de que aparezca un pensamiento autónomo, nacional, que piense la problemática del desarrollo económico desde las características particulares de de nuestro país es una novedad.
Aquellos que nos dedicamos a la economía y que tuvimos la oportunidad de formarnos en la década del 90 vivimos una experiencia muy interesante. En el año 89 caía el Muro de Berlín y con él la experiencia de la Unión Soviética, bastión del socialismo realmente existente. Hasta ese momento en el mundo se discutía entre dos modelos y el fin de uno de ellos instaló la idea de que la historia se había terminado. El modelo económico a seguir era el del libre mercado. La sociedad, su producción y su riqueza debían organizarse dejando que la mano invisible del mercado se hiciera cargo. Y con la mano invisible también llegó la mano visible del Estado que liquidó las empresas públicas, abrió el comercio exterior y endeudó al país hasta límites insospechados. Sin embargo, mientras la economía argentina colapsaba, en nuestros cursos de la Facultad se insistía hasta el cansancio con que el problema era la corrupción y no la política económica.
Es más, en contra de las recomendaciones de la mayoría de los economistas la política económica llevada adelante desde 2003 a esta parte ha desencadenado el ciclo de crecimiento más largo que recuerde la historia argentina con recuperación del empleo, de la industria, de las exportaciones, bajando la deuda externa y generando una situación que, incluso, logró poner al país a salvo del impacto de la peor crisis financiera internacional que recuerde el mundo desde la famosa crisis del 30.
Cuando se creó AEDA, la necesidad era articular un marco teórico que permita entender cuáles eran las características que permitieron los resultados exitosos que se observaron en la Argentina en este ciclo inédito de prosperidad con el fin de establecer un modelo de crecimiento que garantizara al mismo tiempo una mejor distribución del ingreso y un crecimiento del empleo.
Esa primera etapa fue ampliamente superada y en las intervenciones quedó bien claro que uno de los aspectos centrales en la recuperación económica tuvo que ver con el aumento en la participación del Estado en el funcionamiento de la economía como eje del nuevo modelo de desarrollo.
La conclusión que sobrevuela las exposiciones de este Segundo Congreso es que para que nuestro país siga en el sendero de crecimiento iniciado hace casi 8 años es necesario avanzar en una profundización de la industrialización y complejidad de la estructura productiva, ya que cuando un país realiza actividades económicas con alto contenido de innovación y tecnología genera mejores niveles de salarios y, por lo tanto, de consumo, lo que redunda en una menor dependencia de lo que ocurre en los mercados internacionales. Este cambio estructural hace necesaria una fuerte intervención del Estado y para esto es indispensable contar con cuadros técnicos con capacidad de llevar la gestión adelante. Por la cantidad y edad de los asistentes parece que hay equipo para rato.