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ENTREVISTAS

Alejandro Rubio: “Si vos queres saber como sos, preguntale a tu peor enemigo”

Julia Mengolini
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Por Julia Mengolini
Llegué a él por recomendación de amigos y compañeros de este mismo suplemento. Y empecé por leer su reciente libro editado: La Garchofa Esmeralda (editorial Mansalva, 2010). Tres textos que arrancan por la enorme “Autobiografía podrida”, donde Alejandro Rubio desconcierta con los que podrían ser los datos fundamentales de su vida. Se trata de uno de los cucos de la literatura argentina, un personaje extraordinario de Buenos Aires y una de las plumas más corrosivas de la época.

-Me encantó tu Autobiografía podrida, ¿por qué pensás que a la gente le gustan las biografías en general?
-Porque a la gente le gusta que le mientan. Las biografías bien hechas pueden ser informativas pero las autobiografías son todas mentirosas. Es imposible decir la verdad sobre uno mismo. Es estructuralmente imposible porque uno no se conoce a sí mismo. Si vos querés saber cómo sos, preguntale a tu peor enemigo. Él lo sabe porque te estudia, te mide, piensa mucho en vos. Uno tiene una relación oscura con su enemigo.

-¿Vos creés que la gente es conciente de que le están mintiendo cuando lee una autobiografía?
-Es como un chico que te chamuya. Te creés las mentiras y no te las creés tanto, pero te gusta en cierto modo que te mienta así. Es un juego. El lector más experto cree menos en las autobiografías, es la diferencia entre una chica adolescente y una más madura.

-¿No crees que hay algo de chusmerío, del morbo por saber sobre la vida de alguien?
-Debe haber, pero ese alguien no te va a contar nunca lo más interesante, eso que lo hace quedar realmente mal.

-¿Cómo encaraste tu autobiografía?
-Como una parodia del género autobiográfico. Lo conozco, sé cuáles son los yeites y cuento cosas como mi iniciación sexual o cosas como que nunca me drogué. En los últimos capítulos directamente invento.

-Te gustan los blogs y sos un gran comentarista (bajo el seudónimo de Maiakovski), ¿por qué no tenés tu propio blog?
-Porque me gusta jugar al contraataque. Yo me meto en un diálogo que ya está empezado y ahí me surgen ideas. No sé si puesto a escribir un post por día sería muy brillante. Seguramente no.

-¿Vos querés ser brillante?
-Todo el mundo quiere ser brillante. ¿Vos no querés ser brillante?

-Es la primera vez que escribís prosa siendo un poeta sólido, según tengo entendido. ¿Te importó la prosa? Porque sos un gran formalista.
-Me importaba ser un gran formalista en verso y podía ser un gran formalista en prosa. No soy del tipo de poeta que te dice “yo sólo leo poesía porque es lo más alto que hay”. Yo leo mucha prosa, mucha novela, mucho ensayo, mucho libro de historia. Me gusta la prosa que considero buena. La prosa de Osvaldo Lamborghini, de Carlos Correas, me parecen excelentes, formalistas y jugadas. Es como encontrar el puente para cruzar un río, ancho y caudaloso que sabés que si te tirás a nadarlo te ahogás, pero si encontrás el puente después de mucho caminar, se franquea la distancia.

-¿Para vos es necesario contar historias?
-No. Para nada, yo creo que no hay que contar historias. Hay que escribir lo que pasa. Lo que te pasa a vos, lo que pasa en tu familia, en la sociedad, lo que pasa. La idea del relato, esa boludez que se habló en los noventa de que “sólo cuenta el que cuenta”. ¿El que cuenta qué? ¿Qué hay que contar?

-¿No hay un lector? ¿No hay alguien que espera un relato?
-¿A mí qué carajo me importa el lector? ¿Es un cliente al que tengo que satisfacer? Yo no soy una prostituta que tiene que tratar bien al cliente para que vuelva y me siga pagando. Me gusta que la gente me lea y le guste y me comente. Tengo una vanidad como cualquiera, pero no es que estoy escribiendo pensando si no será muy fuerte esto para el lector, si le gustará esto, cuáles son las tendencias del mercado. Eso lo tiene que averiguar un tipo que está en publicidad, no el escritor.

-¿Qué pasa con la complejidad de la poesía?
– Un mito. La poesía argentina contemporánea no es críptica. En general, la parte comunicativa de la poesía, en gran parte, se sigue manteniendo. Yo en este momento en Argentina, no veo ninguna línea de poesía hermética.

-Vos pensás al campo literario como un lugar donde se representan batallas, donde creás enemigos, no es un lugar de paz y armonía

-No, no lo es. No sé si la poesía es muy representativa de los conflictos de clase que hay en nuestra sociedad. Pero si vos tenés cierto temperamento vas a tener enemigos y batallas en el papi fútbol, en el baile, en el trabajo, en todas partes.

-¿Y cuál es tu batalla?
-Es contra los hipócritas y los mediocres que medran contra algo que en sí mismo es muy hermoso y que lo degradan. No se puede ganar porque tipos así encontrás en alguna medida, siempre. Pero por lo menos hacéselas un poco más difícil.

-Vos te hiciste poeta en los 90. ¿Por qué?
-¿Sabés lo que era ser veinteañero en la presidencia de Menem? Para la gente de nuestro palo, estabas derrotado, humillado, silenciado y ridiculizado. No existías. En parte por eso hay tanta presión crítica y tanta agresividad en la poesía de los noventa. Tenés mucha presión social, sos un looser.

-Y considerando el cambio del clima de época, ¿qué te queda para escribir entonces?
-Siempre te queda la idea de cómo escribir mejor, una vez que estás en el juego querés seguir. Y después, en cuanto a energía o combustible social, este país sigue siendo un desastre. Concretamente, yo veo a este país venirse abajo hace 30 anos. Hoy hay un pico de recuperación pero es un viaje largo y es muy frágil la situación. No es que el modelo kirchnerista ganó para siempre como ganó el modelo liberal en 1880 y tenemos 50 años de jauja por delante. Esto va a ser trabajoso. La gente está acostumbrada a estar mal, prefiere quejarse que tratar de hacer que las cosas salgan mejor.

-En los 90 escribiste libros fuertes que planteaban la marginalidad de la política. En esta década hay un resurgir de la política. ¿Nunca te planteaste dejar de escribir? ¿Aportar desde otro lado?
-Nunca dejé de escribir. Yo nunca tuve esa idea de: o cambio la realidad o la represento. Como en la cabeza del ser humano todas son representaciones, si yo trabajo con representaciones, de alguna manera cambio la realidad. No la cambio como lo hace De Vido o Abal Medina, pero la realidad se cambia todos los días.

-¿Dónde te parece que está la discusión política?
-En los blogs, en algunos programas de televisión. Hay más discusión política que antes, que cuando Hora Clave era el centro del debate político nacional, con Mariano Grondona posando de social liberal. La cosa se amplió y Grondona se muestra como el conservador de mierda que fue toda su vida, sin máscaras.

-Dijiste que ahora estaban más visibles la izquierda y la derecha, ¿no son categorías europeas esas para un peronista ortodoxo?
-El peronismo, no con Montoneros sino con Perón, es un movimiento de izquierda, globalmente, en su tendencia general. El peronismo se propone transformar la realidad argentina, en dirección a la felicidad de la mayoría, según valores que son -según un razonamiento frío- totalmente defendibles y conformes al derecho natural que respeta todo el mundo. Es de izquierda. ¿Qué es la derecha en el mundo y en Latinoamérica en particular? Una mentira organizada para justificar la ventaja y la opresión de una minoría auto intitulada superior, sobre una mayoría acusada de inferior. Una idea de que hay una clase, una casta que está nacida para mandar y otra nacida para obedecer. Y el peronismo cuestionó esa manera de pensar. No digo que sea la única izquierda que pueda haber, pero si uno lo mira en su esencia es un partido de izquierda.

-El año pasado murieron Kirchner y Fogwill, ¿qué te pasó a vos con esas muertes?
-Muertes muy movilizadoras. Con Fogwill en literatura se perdió una medida moral, perdimos un tipo que tenía claro cuál era la ética del escritor. Primero, como cualquier trabajador: tener dignidad, no dejarte boludear por las editoriales, por el periodismo, por la academia, por lo que sea. Segundo, tenés que darte cuenta que trabajás con el intelecto y el que trabaja con el intelecto en esta sociedad es un privilegiado. Vos tenés que rendir de acuerdo a ese privilegio. Lo de Kirchner fue catastrófico. Movilizó mucho. Después del velorio se vio el lado positivo de su muerte por lo que mostró, aparentemente el tipo era más querido de lo que los medios lo mostraban y eso dio calor al alma enlutada kirchnerista. Después, políticamente, está abierto cómo se maneja esto sin Kirchner. Somos kirchneristas, y murió Kirchner.

-Siendo oficialista, ¿qué contestás sobre el tema de la corrupción?
-Siempre el sistema -acá, en Argelia, en Palestina- trató de ladrones y corruptos a todos los líderes reformadores o revolucionarios. Desde que existe el tercer mundo. A Perón, a Yrigoyen, a Rosas, a todos les dijeron corruptos. La gran llamada al moralismo pequeño burgués de la Argentina: “Este roba!”, “Cómo va a ser un buen gobierno si roba”, “Mientras yo trabajo y él roba”. Después asume él y roba el doble. Por otro lado, militar en contra de la corrupción al estilo frepasista, arista, es como militar en contra de la lluvia. Siempre va a llover y siempre va a haber corrupción. Vivimos en un mundo donde lo que más importa es la moneda. De tu firma depende que entren tres ofertas iguales, una se lleve 100 millones de pesos. ¿Vos no vas a pedir un millón? ¿Quién es el héroe que dice “no”? A Robespierre le cortaron la cabeza sus propios compañeros porque no les dejaba hacer negocios.

-Por tu laburo decís conocer mucho a los suboficiales de la Federal. Dijiste que son la sal de la vida y la peor lacra nacional a la vez.
-El ejército y la policía son una especie de salida laboral más o menos segura, como un empleo estatal para gente de muy bajos recursos y bajo nivel educativo. Resumiendo: los oficiales se reclutan entre la masa del pueblo. El tipo era obrero en una fábrica textil, la fábrica cerró y pensó en que en la Federal te entrenás un año, te becan, después tenés laburo seguro, tenés el Churruca, te jubilás a los 45 años con el 100 por ciento del sueldo. Pensó en estas opciones y entró en la Federal. Yo no conozco muchos tipos que hayan querido entrar a la Federal para matar zurdos o por vocación de servicio legal. Es una salida laboral más.

-¿No tiene un odio?
-Sí, odian a los a los chorros, a los zurdos, odian a los travestis, odian a los homosexuales.

-¿Y eso de donde viene? ¿De la formación del cana?
-Sí, del vestuario, de la ideología que bajan de la fuerza, del propio odio que recibís cuando te ponés el uniforme.

-Entonces, ¿hay una posibilidad de cambio si se cambiara la currícula?
-No sólo la currícula, los procedimientos policiales, el tipo de negocio policial, el respeto general de la jefatura hacia los tipos que laburan. Si cambiara eso podría haber gradualmente una policía distinta.

-¿Vas a escribir algo sobre el mundo policial?
-Hay tipos que saben más.

-Pero vos conocés tipos en zonas más grises, un cana que cuida una garita en la que nunca va a pasar nada.
-Sí, eso se puede hacer: “Policías en Inacción”. (Risas)

-¿A qué le decís ni a palos?
-A ser policía.