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FRONTERAS

Chávez, Néstor, Cristina y los puentes generacionales

Marisol De Ambrosio
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Por Fede Vazquez

En el documental de Oliver Stone, “Al sur de la frontera”, Néstor Kirchner dice, sobre el final, “es lo que yo le digo siempre a Hugo también -con toda objetividad- yo tengo una gran relación con Chávez, es mi amigo, pero le digo: construí colectivamente. Vos tenés que tener diez candidatos a presidente, no podés ser el único. Vos te enfermás, te morís, y se terminó el proceso. Es creer que una sola persona puede ser la garantía…”.Es una frase que interpela profundamente a los procesos políticos de la región. Y particularmente, por estos días, al venezolano.
El jueves a la noche Chávez le comunicó al pueblo venezolano y al mundo que le fue extirpado un tumor cancerígeno. La noticia golpea emocional y políticamente entre todos los que le reconocen al líder venezolano un lugar central en la construcción de una nueva etapa histórica de la región. Pero también desnuda una realidad que Néstor traducía en clave de dilema político – práctico. Los procesos de cambio –y el nuestro no es una excepción, tan sólo una variante- tienen la debilidad de depender de liderazgos personalizados. Esto podría ser una crítica simplona de una columna de La Nación, invariablemente titulada “El peligro del caudillismo”. Pero las palabras de Kirchner, en el contexto inmediatamente anterior a su propia muerte, dan cuenta de otra complejidad. Aun teniendo la voluntad de que los proyectos se constituyan como movimientos colectivos, superadores de una dependencia personificada, la realidad se muestra más terca. En el caso del kirchnerismo, la presencia de Cristina funcionó como una versión apenas colegiada, dual, de ese problema del liderazgo sin reemplazo. Y aun así, todos sabemos los desafíos que el proyecto nacional va a tener para reconfigurarse en su liderazgo después de 2015.
Pero en el caso venezolano, ni siquiera existió ese binomio. La ausencia de Chávez no puede ser reemplazada por ninguna presencia dentro del elenco gobernante bolivariano. Tanto que debe seguir gobernando desde Cuba, sin poder delegar funciones así sea transitoriamente. Chávez asumió en un ya lejano 1999. El 2 de febrero de 2012 cumplirá 13 años de gobierno ininterrumpido. En todo ese tiempo, el círculo de dirigentes más cercanos a Chávez se modificó varias veces, pero en ninguno de los casos emergió un liderazgo capaz de cumplir siquiera en parte el rol de articulador de intereses, referencia simbólica y peso electoral. Es tentador –por existir elementos reales- encontrar las razones en la identificación popular que existe entre un líder y la masa, algo rastreable en muchos momentos de la historia latinoamericana del siglo XX. Pero las palabras de Kirchner dejan entrever que en el medio también aparece la decisión de habilitar o no el permiso para que otros liderazgos emerjan al lado del circunstancialmente central.
En cada país las formas de construir los relevos difieren y se relacionan con su historia política y con el tipo de sistema de partidos que existe. Por ejemplo, en Uruguay y en Brasil, los gobiernos encabezados por Tabaré y Lula encontraron sus sucesores al interior de sus fuerzas políticas. A diferencia de Venezuela y Argentina, son liderazgos surgidos de partidos políticos sólidos, y esas mismas estructuras encontraron la forma de sobrellevar el reemplazo del líder-presidente. En Venezuela, esto está mucho más desdibujado, a pesar de la constitución de un partido de masas como el PSUV. Y la razón es que la dinámica política fue llevando a que la personificación en Chávez de los cambios y mejoras de las condiciones de vida de millones de personas fuera, a la vez, reforzada desde las propias filas oficialistas. Esta fortaleza del liderazgo ya se convirtió en debilidad: en las elecciones donde no se presenta Chávez como candidato, las fuerzas bolivarianas tienen dificultades para mantener los niveles de adhesión, como pasó con el intento de reforma constitucional en el 2007 (que perdió) y en las elecciones legislativas de 2010 (donde hubo casi empate técnico en los votos).
No hay salidas mágicas, y el caso argentino es un ejemplo. La candidatura a la reelección de Cristina muestra la necesidad de los liderazgos personalizados, complejos de reemplazar. A la vez, en el mismo acto de anuncio, la presidenta marcó el objetivo de su postulación, que no es su entronización eterna, sino constituirse como un puente generacional y político. Una metáfora refinada para dar cuenta de las palabras más directas de Néstor: construí colectivamente. Probablemente, sea el gran desafío de la etapa que viene. Acá y allá.