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NEURÓTICA

Complicidad femenina

Ni a Palos
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Por Romina Calderaro

Dicen que las mujeres somos más competitivas, enroscadas y malvadas que los hombres. No me consta, puede ser, habría que estudiarlo, pero puedo jurar que las damas somos capaces también de tener momentos de complicidad muy profundos incluso con desconocidas. Porque hay cuestiones de nuestra existencia que un hombre, sencillamente, no podrá comprender jamás.
Esta semana me pinté las uñas de rojo. Me gusta mucho el color, sobre todo para el invierno, pero tiene una clara desventaja: cuando se salta es esmalte, se nota mucho y queda espantoso. Por eso, cuando una toma le decisión de pintarse las uñas de colorado y es una mujer coqueta, conviene tener encima el esmalte para retocarse. Todo un incordio evitable, pero ya sabemos que las mujeres solemos preferir en ocasiones los caminos difíciles. Al ritual de pintarse las uñas, no olvidemos sumar depilación, peluquería, cremas y demás cuidados casi obligados si una quiere estar más o menos a tono con las demandas sociales. Todo un laburito.
Estaba esta semana esperando en el consultorio de un médico cuando comprobé que se me había saltado el esmalte de una parte importante de la uña del dedo índice. Ya estaba de mal humor –no me gusta ir al médico—y el incidente terminó de aguarme la mañana. Saqué el esmalte insultando por lo bajo mi condición de mujer, comencé a pintarme las uñas, levanté la mirada y comprobé que tenía enfrente a una chica de mi edad que me sonreía cómplice.
Le dije: “Estoy harta de ser mujer”. Y ella contestó: “Si por lo menos los hombres se dieran cuenta del trabajo que hay puesto en belleza. Ellos creen que nos levantamos así”. Como suele suceder, ese momento de complicidad me ayudó a verificar, una vez más, que las que creo que son preocupaciones individuales son problemas compartidos por mucha gente, en este caso por casi todas mis congéneres. Vaya un humilde, pero intenso pedido de solidaridad para los varones: antes de criticarnos, por lo que fuere, piensen en todo lo que tenemos que hacer cotidianamente para que no nos critiquen más todavía. La indulgencia es un sentimiento noble y, en algún momento de la vida, todos la necesitamos. Desde ya, muchas gracias.