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ESTEREOTIPOS

El que tiene 30 y sigue siendo dark

Ni a Palos
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Tiene muchos juegos de Play Station.
Tiene amigos que “paran” en la Bond Street.
Extraña Pumpernick.
Todavía usa el Fotolog.
Se la come.
Dice de sí mismo que es un gamer para darle un poco de glamour a que está todo el día boludeando con los jueguitos electrónicos.
Igual, la madre piensa que es el mismo ganso de siempre.
Puede caberle mucho el cuero y el látigo.
Es asiduo consumidor de pornografía.
Tiene la barba con formas raras, e incluso –ya en estado terminal- puede tener una chiva teñida.
De joven compraba las revistas Madhouse y Epopeya y las cartas de Dungeon & Dragons.
Puede ir con los cordones desatados y no darse cuenta.
Todavía se junta con sus amigos a jugar juegos de rol.
Sus “amigos” tienen 16 años, promedio.
Es probable que aún viva con sus padres.
Tiene la pieza llena de dibujos de dragones y hadas.
Todavía putea a Rata Blanca porque se “vendió” al tocar en lo de Tinelli.
Antes de eso decía que Walter Giardino era “nuestro Ritchie Blackmore”.
Huele mal, generalmente.
Cree que estar obsesionado con el arco iris, los duendes, las brujas y las ollas de oro no es gay.
Pertenece a la generación que escuchaba metal industrial alemán.
Sueña con parecerse al cantante de Rammstein pero no le da el metabolismo.
Lee a Nietzsche y no entiende nada.
Plantó marihuana pero le salieron todos machos.
Se le está borrando el tatuaje.
Todavía cree que es posible levantarse una mina leyéndole poemas de William Blake.
Todavía cree que es posible levantarse una mina leyéndole cuentos de Lovecraft y Poe.
Todavía cree que es posible levantarse una mina leyéndole.
Mira todas las pelis de Tim Burton.
Sigue usando mochilas de bandas dark.
Anda mucho en subte.
Usa pins grandes.
Va a convenciones de cómics.
Odia el fútbol, la política y el TEG.

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