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ENTREVISTAS

Silvina Gvirtz

Federico Vázquez
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Académica de fuste, hizo el salto a la gestión pública de la mano de uno de los programas sociales más monumentales de las últimas décadas: Conectar Igualdad. Al mando de la gerencia de Inclusión Digital Educativa, su currículum permite seguir el derrotero de la educación pública en estos años: de acompañar escuelas carenciadas, a discutir la inserción de tecnología en las aulas, todo sin abandonar el perfil que la convirtió en una de las especialistas más reconocidas del país. Próxima ministra de Educación de la Provincia de Buenos Aires, Silvina Gvirtz nos recibió para charlar sobre lo que el futuro le depara a las aulas: derechos, justicia, inclusión y nuevos paradigmas.

¿Qué análisis arrojan estos primeros meses de Conectar Igualdad?
Hay una primera etapa en donde los chicos usan las netbooks en clase para tomar nota y mirar los diccionarios, lo que ya es un gran avance. Porque las netbooks despiertan su interés y les facilitan la tarea, les permiten acceder a un nivel de información que antes no tenían. Después, hay una siguiente etapa que es cuando los profesores ya se empezaron a capacitar y a usar los programas específicos que tienen para las distintas disciplinas. Y, por último, una tercera etapa, donde la idea es que los estudiantes empiecen a programar. ¿Cuál es la idea? Que primero puedan ser consumidores, que después puedan ser consumidores críticos e inteligentes y que después puedan ser productores de contenidos, tanto los docentes como los chicos.

¿Por qué es importante la inclusión digital?
En la actualidad la inclusión digital es condición necesaria para garantizar el derecho a la educación. Yo recupero las palabras del rector de la UBA en la apertura del Congreso Internacional de Inclusión Digital cuando dijo “sólo alguien que nunca tuvo una pelota de fútbol entiende lo que fue que Evita haya repartido pelotas de fútbol y sólo alguien que no haya tenido la posibilidad de acceso a las tecnologías entiende lo que es que el Estado le de la oportunidad de manejar tecnología”. Y esto ya es, desde el punto de vista de los derechos, algo importantísimo. Después está el objetivo de mejorar la calidad educativa y el tiempo libre, que es algo en lo que también se está trabajando, en armar videojuegos educativos, que puedan ser interesantes y fomentar valores vinculados a la democracia. Pero sólo la entrega ya es muchísimo.

¿Cómo es la infraestructura tecnológica de las escuelas?
Todas las escuelas tienen los que se llaman “pisos tecnológicos” que garantizan intranet. En esa intranet tenés todos los contenidos educativos y pedagógicos, y esos contenidos se bajan a todas las máquinas que hay en el colegio, que están conectadas entre sí. Una colega inglesa que vino al Congreso decía que hasta es mejor que Internet porque te evita el riesgo del acceso a ciertas páginas, etc. Yo creo que no es mejor, pero que lo reemplaza mientras se va resolviendo la instalación de internet en las escuelas, que va a llevar un poco de tiempo.

¿Cómo cambió este nuevo paradigma digital las relaciones dentro del aula?
Hay un programa que se llama Maestro, por ejemplo, que le permite al profesor saber qué está haciendo cada chico y puede ayudarlo si está cometiendo errores, no es que tiene que estar parado circulando por cada escritorio a ver qué hace cada uno. Eso es buenísimo, y sin duda lo que marca es la necesidad muy fuerte de capacitación para los docentes. Pero también revaloriza el rol del estudiante en la escuela. Tradicionalmente, cuando uno pensaba en la educación, la definición de Durkheim era la transmisión de conocimiento desde las generaciones adultas a las jóvenes. Pero hoy ya sabemos que no la podemos definir así: la educación es la distribución y apropiación de conocimiento entre miembros de una sociedad. Pero con estas características de la sociedad de hoy, a veces son los jóvenes los que enseñan a los adultos. Y eso no debería quitarle autoridad al profesor.

Durante años la tecnología fue un bien de elite, ¿creés que eso está empezando a cambiar?
Cuando De la Rúa crea el portal Educ.ar, menos del 5% de los chicos tenía computadoras en las escuelas e Internet. Entonces lo que se creó fue un portal para el 5% de los chicos más ricos. En cambio, qué hace la presidenta con Conectar Igualdad. Revierte, dice: “primero vamos a distribuir el acceso y además vamos a seguir armando contenidos”. Pero esos contenidos ahora van a ser para todos porque todos pueden acceder a Educ.ar. Antes estaba reservado a una minoría. Millones y millones de pesos que se gastaron durante el gobierno de De la Rúa en contenidos para unos pocos. Educ.ar es un portal muy interesante, el problema es que había que darle acceso a todos a ese portal, que tiene contenidos tan buenos.

Vos provenís del ámbito académico. ¿Cómo fue para vos el devenir de la educación en estas últimas décadas?
En términos generales, la dictadura destruyó el sistema público, en todos los niveles. Por ejemplo, en el ’81, en la Ciudad de Buenos Aires crearon un diseño curricular que prohibía enseñar más de trece letras en primer grado. Más allá de todos los libros que se prohibían, te lentificaban el proceso de enseñarte a pensar, y fue una destrucción muy sistemática y complicada, de la cual se va a demorar mucho tiempo en salir. Lo que vos destruiste en cinco años, lo construís en treinta. Cuando volvió la democracia, Alfonsín, por mejor voluntad que hubiera tenido, se vio complicado por una crisis económica que impedía cualquier proceso de mejora. Después vino el menemismo que volvió con estas políticas conservadoras a destruir el sistema, fomentando la privatización, y después la crisis de 2001… Yo creo que en 2003 se empezó a revertir una situación que viene del ’76. Se empezó por primera vez a mejorar el presupuesto educativo, se derogó la Ley Federal de Educación y se creó una ley nacional de educación con consenso. Se vuelve para atrás con la reforma de los ’90, se vuelve a la primaria y a la secundaria. Ahora la inversión es más que el 6,4%. Se ve claramente una muy importante voluntad política de mejorar el sistema. Es increíble lo que se está haciendo: no hay época que haya visto semejante inversión en educación en el país.

¿Cómo fue tu pasaje de la academia a la gestión pública?
La verdad que a mí el 2001 me decidió a encarar un trabajo más sistemático en el campo social. Dije: “este esfuerzo individual no tiene ningún sentido, hay que hacer algo más estructurado”. Ahí empecé desde el sector social con un programa del IIPE/UNESCO a trabajar en escuelas primarias muy carenciadas de todo el país, que tienen entre 80% y 100% de índice de vulnerabilidad. Y ahí empezamos a repartir libros, colaborar en la capacitación a los docentes, ayudar a los chicos, y me daba cuenta que había que colaborar desde otro lugar. El problema con la política es que te tenés que sentir comprometido ideológicamente y yo tenía en claro que no quería entrar en un lugar donde no me sintiera comprometida. Me interesaba algo donde encontrar un espacio con ideales que me representaran y lo encontré en el kirchnerismo, y en la provincia. La verdad que yo le agradezco muchísimo al gobernador Daniel Scioli la oportunidad, así como la enorme oportunidad que me dio Diego Bossio en Conectar Igualdad.

Hablando de la provincia, ¿cuáles serán las principales líneas de acción cuando asumas?
Sin dudas fortalecer Conectar Igualdad, todavía hay mucho trabajo por hacer. Las secundarias de las provincias son el 40% de todas las secundarias del país. Va a haber continuidad con la política que viene llevando el ministro actual, Mario Oporto, que está haciendo una muy buena gestión. Vamos a fortalecer, continuar y profundizar estas políticas que ya vienen direccionadas hacia la justicia educativa. No me imagino barajando y dando de nuevo, no me imagino poniendo la primera piedra. Mi idea es estar en las antípodas de la “mano dura” en educación.

¿Qué sería la “mano dura” en educación?
Las políticas de Macri son políticas de “mano dura” en educación. Por ejemplo, cuando dicen “vamos a poner cámaras en los colegios para vigilar a los docentes y a los chicos”. Ahí está la idea de que hay que desconfiar del docente. “Vamos a evaluar a los docentes y les vamos a pagar según los resultados de una prueba escrita”. Yo hago una prueba de lápiz y papel, me saco 10 en matemática, en lengua, pero llego a un aula y repruebo al 50% de los chicos, porque me doy vuelta, hablo en voz baja, anoto en el pizarrón y el que me sigue me sigue y el que no, no. ¿Eso es un buen docente? No. Entonces una prueba así no te dice quién es buen docente y quién no.

En varias intervenciones tuyas aseguraste que Argentina tiene un buen acceso educativo pero que todavía existe un problema con el egreso de los estudiantes en el secundario. ¿Qué habría que hacer al respecto?
Ahí hay mucho que se puede hacer y que en la Provincia ya se está haciendo, como es la figura del profesor tutor. Se trabaja ahora con tres materias, se agregaron fechas para que los chicos rindan. La idea es también trabajar la figura del preceptor, que es una figura decimonónica, el que controlaba la disciplina. Pero el preceptor es una figura clave para que también pueda hoy convertirse en un coordinador, hacer acompañamiento pedagógico de los estudiantes, ver qué problemas tienen, cómo se los puede ayudar. Más la Asignación Universal por Hijo, más Conectar Igualdad, estamos en una situación inmejorable. Que cada chico tenga su netbook es un estímulo para que sigan estudiando, entonces la deserción va a ir bajando.

¿Qué reflexiones te genera lo que ocurre en Chile?
Lo que ocurre en Chile es que la educación superior de calidad está reservada para los sectores más pudientes y no para los más capaces. Los estudiantes de los grupos populares que alcanzan la universidad deben tomar créditos muy grandes para costearse la educación y una vez que egresan de la carrera se encuentran fuertemente endeudados con los bancos. Este modelo en lugar de reducir las brechas educativas, las reproduce e incluso las agiganta. Ante el ejemplo de Chile vale resaltar el enorme esfuerzo y la inversión millonaria del Estado argentino en pos de una universidad pública y gratuita que garantice el derecho a la educación y la igualdad de oportunidades para todos los jóvenes. En mi caso, y en el de muchos otros, si la universidad no hubiera sido gratuita, jamás habría podido estudiar.

¿Cómo ves la situación de los jóvenes en la actualidad?
La idea de los jóvenes apáticos yo no la compro. Cada generación cambia y lo que cada una tiene que entender son los cambios que se suceden en el mundo. Y es un mundo muy difícil para los jóvenes. Ahora, por suerte están volviendo a la política, que antes no se veía o por lo menos la participación no era incentivada, fomentada. Yo creo que eso es fruto de este gobierno. Muchas veces se dice “los jóvenes no quieren estudiar” y la verdad es que muchas veces lo que tienen que estudiar es sólo un ejercicio de memoria. Por otro lado, también creo hay una brecha muy fuerte entre los jóvenes de clase alta y los más pobres, respecto de cuánto se les enseña en el colegio sobre el futuro. A los jóvenes de clase alta se les enseña sobre el futuro, a planificar su futuro individual, a planificar qué quieren ser, a dónde van a ir. En cambio a algunos jóvenes de sectores más pobres cuando se les pregunta qué vas a hacer dicen “no sé”. Las netbooks de Conectar Igualdad enseñan a pensar el futuro, alientan a pensar futuro,

Sos la hermana de un productor importante de televisión y por tu lado tuviste una carrera académica muy relevante y ahora entraste de lleno a la función pública, también con un alto nivel de exposición. ¿Cómo era tu familia, de dónde salieron los Gvirtz?
Era una familia muy democrática, y había mucha orientación a que estudiáramos. El estudio siempre ocupó un lugar importante. Con nuestros hermanos nos sentábamos a discutir de filosofía, por ejemplo. Había una vocación por debatir. Mi papa era hijo de un obrero de un diario. Mi abuelo era linotipista y vivían en un conventillo. La familia de mi abuelo vivía en Mendoza y él se escapó a Buenos Aires a los 16. Y acá se convirtió en linotipista, un obrero calificado. Cuando mi papá estaba terminando 6to grado de la primaria, mi abuelo le dijo “a trabajar”. La secundaria no era obligatoria, y la maestra le dijo: “por qué no te vas al ministerio –era la época de Perón- y le pedís una excepción para que te dejen hacer la nocturna y yo te ayudo a prepararte para el examen?” Y se fue con 12 años al ministerio de Educación y dice que lo atendió un secretario y le dieron la excepción, lo dejaron estudiar en una nocturna con gente de 16. Y él siempre se acuerda de esa maestra y de la excepción que le dieron. Esas cosas te marcan. Si él no hubiera hecho la secundaria, nosotros no estaríamos acá. Y eso fue una maestra y un gobierno que querían garantizar la justicia educacional. Y eso me quedó muy grabado, siempre.

¿A qué le decís ni a palos?
Ni a palos a la violencia, al maltrato, a las políticas neoliberales, a la injusticia, ni a palos al arancelamiento de la universidad pública.