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TRASVASAMIENTO CULTURAL

La edad de la tierra – Todo tiene que ver con todo

Marisol De Ambrosio
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La edad de la tierra

Glauber Rocha pertenece a una generación de cineastas -no irrepetibles pero sí particulares- que creyeron que su obra podía ser algo más que una tuerca adicional en la maquinaria del entretenimiento. Él, como Godard, Pasolini y tantos otros, buscó hacer de la pantalla grande un espacio de reflexiones críticas acerca del mundo. Tierra en trance, Historia de Brasil o Dios y el Diablo en la tierra del Sol, fueron algo más que obras maestras del cine, en general, y del cine comprometido, político, social, o como quieran llamarlo, en particular, y se convirtieron en claustros notables que permitieron bucear en esa gran obsesión glauberiana: la de alcanzar una estética tropical. Compilado por Ezequiel Ipar y editado por Caja Negra, La revolución es una eztetyka reúne ensayos, manifiestos, artículos y entrevistas que permiten aproximarse desde otro ángulo a ese sustrato que hizo de Rocha el gran pensador de una época de pensadores. Ahí está, por ejemplo, Eztetyka del Hambre, un texto en el que resume muchos de los pilares de ese cinema novo que llevó como bandera a la victoria, y donde opone a un cine digestivo y burgués, uno carnal, hambriento y violentamente latinoamericano, sin caer en el precipicio miserabilista en el que suelen perderse las reivindicaciones estéticas del pobrerío “for export”. Un libro sencillamente imperdible.

Todo tiene que ver con todo

Como todo tiene que ver con todo, derivé googleando en un buenísimo blog español. Un barcelonés que figura como C. C. Buxter, nacido en 1982 y que escribe sobre política, fútbol o cine, o lo que se le cante. El blog en cuestión se llama “La ciudad dorada”, y está tomado de una cita media flojeli de un poema de Robert Louis Stevenson (www.laciudaddorada.blogspot.com). Un post de agosto de este año avisó que su
decisión de cerrar el blog quedó pendiente hasta nuevo aviso, y revivía allí viejos artículos donde debatía -por ejemplo- sobre el uso de la tortura. Y siguió posteando. Originalmente en google, buscando datos sobre Clint Eastwood, di con un post de este blog, del año 2007, donde sacaba punta a la enorme película sobre la pena de muerte que filmó el viejo cineasta (la traducida “Ejecución inminente”), de finales de los años 90. Allí, como suele suceder, encontró una hilacha que desarmaba el argumento de lo que en realidad era un policial menor: ¿por qué procesar el dilema de la pena de muerte sobre víctimas inocentes? La pregunta que se hacen los países que la discuten (¿es posible discutir esas cosas?) o que directamente la aplican (como algunos estados de los Estados Unidos) es si merece quién merece morir. Pero Clint Eastwood no es un predicador que proyecta su sermón sobre las ovejas, sino un cineasta ejemplar que ajusta sus preguntas a su ideal estético. Y eso siempre tiene sus costos.