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Andando Descalzo

Celeste Orozco
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En la esquina de Zequeira y Corvalán, en Mataderos, hay un edificio bordó. Hace 15 años se formó ahí Andando Descalzo, una banda de rock-reggae-ska-cumbia-fusión a la que este último febrero encuentra armando su quinto disco, en una quinta que alquilaron, para componer y ensayar, en Campo de Mayo. Al interior de la casona con pileta hay un tremendo despelote de instrumentos, consolas y laptops. Los Andando están por abandonar su centro de operaciones con 18 demos que escucharán y criticarán durante el viaje de vuelta. En un parate, Juani (voz), Ariel (guitarra) y Federico (bajo) se reúnen en el parque con Ni a palos: nos intriga saber, entre otras cosas, por qué Ariel se calza una remera del Nestornauta cuando salen a tocar. A continuación: cómo mantener una banda de rock, por Andando Descalzo.  

Por Celeste Orozco

¿Cómo empezó todo?

Juani: Tocamos hace, por lo menos, 15 años. Éramos compañeros de colegio, del barrio. Y pensamos que la mejor forma de empezar a hacer música era meterse en una banda, aprender el instrumento tocando en una banda. Y como, de alguna forma, todos estábamos en el mismo nivel, eso permitía que vayamos aprendiendo juntos a estar en la misma. Así arrancamos. Un día alquilamos un local para tocar y nos obligaron a vender entradas. Las vendimos, pero después nos dijimos: esto no nos gusta más, organicemos nuestras propias fiestas. Y empezaba a venir gente. Y empezaba a gustar la banda. Tocamos con Catupecu Machu, con Las Manos de Filippi, con Karamelo Santo. Y siempre hicimos intercambio con bandas de otros lados, de La Plata, de Córdoba, los invitábamos a tocar y después íbamos nosotros a tocar allá. Eso es algo que nos gustaría volver a hacer.

¿Cómo llegó el primer disco?

J: Tardamos mucho en sacarlo. No sabíamos cómo se hacía… Nos reunimos con Goy, de Karamelo Santo, con la idea de hacer un demo y él nos sugirió que hagamos un disco. Y así, con muchos miedos, y pagando las cosas por encima del valor de lo que tienen que ser, por inexperiencia, lo editamos. Para el segundo ya estábamos mucho más organizados. El tercer disco lo produjo Sebastián Perkal, que venía de hacer “El mamut”, de Masacre, y de laburar con Non Palidece.

¿Qué tal se llevan con los productores?

J: Para nosotros, los productores son siempre importantes, nos brindamos mucho. No es que buscamos productores y después estamos todo el tiempo diciendo: esto no lo quiero hacer, esto tampoco. Como somos amigos y de alguna forma la banda es tan democrática, a veces necesitamos una mirada de afuera que nos diga: vamos por acá. Aparte somos seis, si salimos tres a tres quedamos empatados (risas). Sólo ponemos un freno si sentimos que no estamos haciendo lo que nos gusta.

¿El público fue creciendo a la par de ustedes? 

Fede: No, es inversamente proporcional. Cuanto mejor tocamos, menos gente viene a vernos (risas).

J: Lo que pasa es que Andando pasó por un montón de lados durante estos años. Llegamos a meter mil personas en El Teatro, pero hoy la realidad no es esa. Tocamos mucho en el interior, donde la banda no es para nada conocida. La gente va creciendo. El último Niceto estuvo hasta las manos porque presentábamos los10 años; la mayoría era gente de nuestra época, que dejaron a sus hijos para ir a vernos… Pero hay de todo, también adolescentes que nos conocen por el último disco y de ahí van para atrás.

¿Cómo sobrevive hoy una banda de rock con las características de Andando?

A: Con los shows y la venta de discos. Y cada uno aporta dinero para las grabaciones de los discos, porque nunca tuvimos a alguien que ponga la plata… Durante todo el tiempo post-salida de disco tratamos de recaudar como para ir pagando las deudas que generó la grabación.

J: Cuando salió La Quinta Armonía estuvo 15 días gratis en Taringa! Pero esa movida venía acompañada de que el disco salía 20 pesos. Y con eso ganábamos plata. Un disco muy bien producido, por El Chávez (que produjo también a No te va a gustar, a Gustavo Cordera). Lo colgamos porque, por la estructura que tiene Andando, a muchos lugares no podemos llegar. De esta forma lo podías bajar desde donde estuvieses.

Muchos músicos se quejan de que con el mp3 se resigna gran parte del sonido ¿qué les pasa a ustedes con eso?

A: El mp3 no suena como nos gusta escuchar música, pero la variedad que tenés… La gente compra muy pocos discos. Incluso yo he dejado de comprar discos. Le estamos buscando la vuelta a las nuevas formas de escuchar música.

J: Nos hincha un poco los huevos porque estamos dos meses quemándonos la cabeza, pensando en cómo queremos el sonido. Por eso la movida fue venderlo a $20, porque queríamos que la gente lo tenga físicamente. Y a los chicos les encantó, generó como un compromiso. Tuvo como 20 mil bajadas, pero cuando la gente venía al show y veía el disco, con el librito, y a 20 pesos, lo compraba.

¿Creen que algún día van a poder vivir de tocar?

A: Después de 15 años, creo que nos lo merecemos. Nosotros quisiéramos vivir dignamente de la música. Y estoy hablando del esfuerzo que genera ser músico, del tiempo que le dedicamos y que tenemos invertido en al banda. Igual, el crecimiento se ve: hoy nos vamos pagando los discos, nuestra infraestructura fue cambiando. Si pensamos en cómo nos fuimos de gira hace ocho años… ahora tenemos un hotel, podemos llevar a dos personas para que nos armen el escenario. Antes, lo teníamos que armar nosotros.

¿Qué balance hacen de estos 15 días de trabajo en la quinta?

J: Ayer terminamos de mezclar todos los demos para dárselos a quienes vayan a ser los productores del disco. Estuvo muy bien. Siempre viene bien juntarnos, pasar un momento… La idea es seguir haciendo canciones igual, esto es como un ejercicio. Para el disco anterior, después de la quinta volvimos y entraron dos canciones nuevas. Uno cuando llega se saca la presión de estar pensado solamente en música y entonces surgen cosas.

Andando se formó en la adolescencia. Casi todos ya se acercan a los 30. ¿Por qué seguir con una banda de rock?

J: Lo que pasa es que nos seguimos divirtiendo estando juntos, cada uno con sus quilombos, que no son los mismo que cuando teníamos 15 años y podíamos ensayar todos los días porque, o no teníamos novia, o teníamos 10 mil novias… Ahora hay familias, otro tipo de problemas. Pero nos seguimos adaptando y readaptando a la banda. Somos amigos.

A siete años de Cromañón, ¿cómo ven el estado del rock en Argentina? 

A: Más allá de lo duro que es como generación cargar con Cromañón, se notó un cambio en otro sentido, marcó diferencias en cómo manejarnos como banda.

Antes organizábamos todo nosotros. Y de repente se complicó, más que nada para las bandas que recién empezaban. Nosotros teníamos un camino ya hecho y podíamos acceder a tocar en lugares tipo Niceto, que cuentan con las habilitaciones. Pero para las bandas que estaban empezando estuvo difícil. Tienen otro mambo en la cabeza con respecto a lo que es el under.

J: Haciendo memoria, nosotros hemos tocado en lugares en los que el techo se caía a pedazos. No existía una conciencia, ni en la sociedad, ni en los políticos. A nadie le importaba proteger a las personas que iban a consumir música de rock. Hoy el desafío es encontrar un equilibrio, porque esto generó que haya pocos lugares para tocar y que sean medio monopólicos… Capaz ir a tocar te sale una inversión de 18 lucas. Y tenés que vender muchas entradas para salir empatado o ganar algo. Siguen faltando lugares para tocar, lugares intermedios, que no sean tan grandes y que sean lugares sanos, para que la gente la pase bien.

¿Y a nivel musical? Hace poco murió El Flaco Spinetta… 

A: Cuando muere un groso la gente siempre sale a decir: uh, se fue lo último que teníamos… Siempre el pasado fue mejor, es un clásico. Cuando se muera León Gieco o el Indio también lo van a decir. Pero si escuchás la radio, te das cuenta de que hay bandas como Las Pelotas que siempre te sorprenden y muchas bandas nuevas que están buenas. Ahora no lo podemos ver, no podemos saber que bandas van a ser grosas. Pero que están ahí, están.

El rock suele ser un espacio de protesta, anti-sistema, un lugar de denuncia. Sin embargo, de un tiempo a esta parte hay muchos músicos que trabajan para el Estado y bandas que apoyan a la presidenta. ¿Cómo se da ese pasaje? 

J: Yo no termino de tener afinidad con ningún partido político. Pero puedo ver que con este gobierno hay cosas que se están haciendo muy bien. Lo que me pasa a mí es que no me gustan las formas de la política en general, las transas. Incluso que quieran imponer una idea me molesta, aunque yo pueda pensar que esa idea está muy bien. Igual, yo lo que sé es que hay pibitos de 18 años que hoy hablan de política y antes no lo hacían. Antes todos sentíamos que la política era una mierda, que eran todos ladrones, y no nos involucrábamos para nada y, a su vez, cargábamos con el cagazo de nuestros viejos. Y ahora esta buenísimo que se esté hablando, a favor, coincidas o no. Está bueno que se esté hablando de política porque puede hacernos una sociedad más inteligente.

A: Es que la gente empezó a entender la política de otra manera, como algo que los involucra. Antes, en los 90 quizás, le preguntabas a una banda sobre política y te iban a decir: no, yo de política no hablo, no hablo porque los odio a todos. Pero este es un  momento para hacerse cargo. Yo creo que si algo nos convence hay que decirlo. Y se nota que está habiendo un cambio grande. No verlo es negar lo que está pasando. Es la primera vez que yo me siento representado, ¿entendés? Es por eso que apoyo y salgo con la remera de Néstor a tocar.

J: Igual, como banda, acordamos que no vamos a tocar si hay banderas políticas. Por suerte, todavía Macri no nos llamó para tocar en el Parque Roca… Somos una banda que discute mucho hacia dónde ir, qué hacer y qué no hacer.

F: Calculo que si nos invitaran a tocar en el Parque Roca, iríamos. No ir sería casi como no usar una bicisenda por estar en contra de Macri.

¿Creen que el rock pierde credibilidad si se lo emparenta con un partido?

J: Eso depende de las canciones. Si vos cantás canciones de amor y vas a tocar con todos los políticos que hay, seguramente no habrá ningún problema. Si vos sos un músico revolucionario, probablemente haya un problema. De todos modos, no es cuestión de demonizar la política, vas a tocar para un empresario y ¿qué sabes? Capaz el tipo está metido en la trata. En todos los ámbitos, uno tiene que tratar de no ser usado para beneficio de otras personas.

¿A qué le dicen Ni a Palos?

Ni a palos a no dejar todo arriba del escenario. Ni a palos a bajar los brazos y dejar de hacer esto que nos gusta, que es hacer música.