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TRASVASAMIENTO CULTURAL

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Ni a Palos
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Flopa-Minimal en el Senado

Flopa” es Florencia Flopa Lestani. “Minimal” es Ariel Minimal Sanzo. Nombres que no importan porque alcanza con decir que son Flopa y Minimal, dos músicos fundamentales de la escena local, cuya descripción probablemente resulte siempre incompleta o injusta. Recorrer sus carreras, por ejemplo, implica revisitar bandas claves de ayer y de hoy como Barro, Mata Violeta, Martes Menta, Pez, inclusive ese disco maravilloso -pero maravilloso, eh- de 2004 que los dos grabaron con Mariano Manza Esain de Menos que Cero y Valle de Muñecas, y que bautizaron, porque los nombres sobran, Flopa Manza Minimal, un álbum que, hay que repetirlo hasta que nadie dude de su verdad, debe estar entre los mejores cancioneros de la era Y2K argentina. Todo este largo introito sólo para decir que ambos, Flopa y Minimal -quienes el año pasado editaron en formato digital el gran EP Reducción de daños-, van a abrir este viernes 13 de abril, a las 20 horas, el ciclo anual de conciertos en el Salón de las Provincias Unidas del Congreso. Organizado por la Dirección General de Cultura del Senado, el recital es con entrada libre y gratuita, hasta agotar la capacidad de la sala, y se ingresa por la explanada ubicada en Entre Ríos 49. Una gran oportunidad para escuchar canciones y acordes perfectos.

Entierra mi corazón

Entierra mi corazón en Wounded Knee es un filme del año 2007 producido y distribuido por HBO films que promete lo que no cumple y que sin embargo “asombra” en esa desilusión. O al menos lo hace modestamente. Porque es un filme previsiblemente “a favor” de los indios sioux en el proceso final de su integración a los EEUU, que arranca con una escena que pinta despiadada (y que termina siendo “la sangrienta victoria de los Sioux sobre el General Custer en Little Big Horn”), y que se basa en la áspera negociación donde -¡todo lo que se puede!- se permite comprender los grises de esa época, de la mano del mejor personaje de la peli: el senador Henry Dawes, artífice de la política relativa a lo indios. Las alternativas complejas de esa integración se rinden ante la “resistencia final del pueblo”, pero evidencian “a pesar” una férrea voluntad integracionista ligada a su conveniencia por parte del incipiente estado del país más poderoso de la tierra, mientras redondea su siglo 19, ya que el filme se trama en el final de ese siglo. Finalmente, y en contrapartida de la buena voluntad historicista, derrapa con un tono aleccionador y moralista como para exorcisar los años en que para el parque industrial cinematográfico los indios eran esos oscuros escollos crueles sobre los que había que estirar el horizonte. Claramente, estamos hablando de la edad dorada de esa industria de la mano del -ya celebrado en estas páginas- John Ford. Pero esta pieza emotiva y moralista igual vale pena.