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LA MALA LECHE

Lanata contra el vidrio

Martín Rodríguez
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La tele aburre. El mundo aburre. Cuando ya chequeaste todas las actualizaciones que hacen al mundo más lindo y ves que apagaron sus motores por hoy tus bloggeros y tuiteros favoritos, cuando te queda en la pantalla la guerra diaria de Elio Rossi con Caruso, que está buenísima, pero que ya te pudrió, cuando te das cuenta que en Goodbye Lenin arden los feisbuks, te da ganas de empezar a amar lo que tus amigos odian. Hagamos de abogados del diablo. Tomemos a Lanata desde esta periferia.

Deuda: Lanata patentó el uso del “vos” hace casi dos décadas. Adelantó mucho en marketing político porque construyó una distancia nueva entre representantes y representados que competía con la habilidad de Menem y sus guiños, pero desde la “corrección política”.

Es mentira que volvió hace un par de domingos. Se pasó estos años tratando de volver y darle vuelo a cosas pero no le tomó el punto al kirchnerismo. Lanata posa un poco como quien acaba de ser despertado de un largo sueño, viene con la fe intacta, y nos va a despertar del efecto para decirnos: son todos lo mismo. ¿De dónde vino este hombre que mira el país kirchnerista por primera vez? Con la fe de los que creen que los Ricardo Jaime de este país son la institución permanente, que Calafate es el nuevo Anillaco. Pero no volvió: hizo un programa en el canal 26, un diario nuevo sin la sintonía que supo tener Página 12 durante los gobiernos de Menem y mantuvo años de doble juego anti k y anti clarín. Esteban Schmidt lo puso en foco como nadie en dos ocasiones que al menos recuerdo: en sus apuntes sobre el fin del periodismo y en una reciente reseña sobre el programa Periodismo Para Todos en la revista Rolling Stone. Busquen, gugleen, está en el scribd de Esteban. Lo recomiendo mucho.

Un síntoma de la reacción kirchnerista frente a Lanata: uno ve en esa indignación algo de “me pisotean el jardín”, dolor de consorcio, gente que se re conoce. Progres contra progres. En un país donde… progres somos todos. Pero Lanata es el mejor de un régimen de periodismo crecido -básicamente- para denostar a la política, que creyó que “esas” formas de la política iban a durar para siempre. Pero si para muchos (que fueron lanatistas de los 90) la política era mala cuando la política era Menem, el problema es qué hicieron para aclarar el “pasaje”, o sea, ¿cuándo dijeron que en realidad Menem no era tan malo o que en realidad las “armas de la crítica” contra Menem eran un bluff? Quiero decir: una parte del progresismo K en algún lugar tiene que hacer la quema de “Robos para la corona”. Corrupción y progresismo: metamorfosis de una agenda. Todos los históricos patrimonios simbólicos –los DDHH, la renovación de la Corte, las estatizaciones- tienen su centro en un corazón progresista. Lanata hace contradicción en ese corazón.

Su lógica es lineal. En el informe del domingo pasado sobre la actualidad del servicio de trenes del Sarmiento resume su sistema de identificaciones: comprobar víctimas totales, abandonos totales, culpables perversos. Y persiste en el desierto contra “los sobreprecios de alguna intendencia”.

El problema es que los valores originarios del 2003 que tenían acento en la calidad institucional (fin de la impunidad, como lema genérico), sumados a la pretensión de cortar al medio con la palabra transversalidad (juntar a todos los buenos de todos los lados), esos valores que auparon al progresismo k, se volvieron -por confuso tráfico y para ese mismo progresismo incluso- formalidades de un reclamo que -entonces, de fondo- siempre es gatopardista o vacío, porque exige instituciones mejores “para que nada cambie”. Y fue así como una parte del kirchnerismo terminó rompiendo su versión de la República, limó esa impronta liberal diciendo: cuanto peor son las instituciones, cuanto más frágiles sus mediaciones, cuanto menos énfasis se ponga en la “superficialidad de su calidad”, más rápidos y efectivos son los cambios porque no están atados a la inercia y a los límites institucionales.

O sea: ¿desde cuándo algunos odian a Lanata? Lanata es la memoria del progresismo. Lanata repasa el círculo donde escribió: acuérdense que esto empezó acá. Por algo fue el jefe en “los años duros” de la mayoría de los que lo putean tanto.