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LA MALA LECHE

Red solidaria

Martín Rodríguez
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1. Cristina es hegeliana, me dice Alejandro Sehtman en un Havanna de Córdoba al 900 el día que Cristina dijo que pasaba a pesos sus dólares mientras la amenaza de la segunda nevada del siglo 21 sobre esta ciudad se disipaba. Un kirchnerismo que te ocupa todo, música y redes, televisión. La vuelta de la política de la totalización. No habría, en principio, otro proyecto político capaz de atrapar tantas esferas de la vida, sobre todo para vidas urbanas a banda ancha. En cualquier país “normal” el microclima gobierna al clima. 2. Las cacerolas de estos días, más allá del dólar, parecen el Frankestein de haber dejado la “batalla cultural” funcionando a pleno en tiempos de paz. Profecía autocumplida. Quizás en 2010, en las fiestas del Bicentenario, había que enterrar al 2008. 3. Cada día me siento más cerca de Juan Carr en el estilo: sé explicar perfectamente por qué son buenos estos años abstrayéndome de muchas cosas. Juan Carr persigue su sueño de hambre cero. Y cada tanto sorprende a sus entrevistadores con datos y estadísticas sobre el mapa del hambre. La euforia que transmite Juan Carr y su ejército de salvación (que por ejemplo todos los miércoles recorre la ciudad con termos de sopa) corre en paralelo y a la sombra de la mentalidad política media. Para algo sirve todo esto, aunque el deterioro de la estadísticas te deje un poco afuera de revelar una posible verdad social. 4. La pelea con Scioli o Moyano -de distinta naturaleza- tiene un efecto extra: daña el sistema de representación. Scioli o Moyano son menos que el kirchnerismo, pero en la Argentina faltan políticos. Faltan representantes. No alcanza para el orden social deseado con que la presidenta sola represente. Los representados de este triángulo (Cristina, Scioli, Moyano) se superponen y no hay figuras de recambio mejores para ninguno de los rubros. No son proporcionales, y en tal caso por momentos se relacionan como muñecas rusas. Hay que seguir con esta consigna: faltan políticos. No se puede dejar sola a la presidenta en el ejercicio de representar. Como si la política para reconstruirse de todas las fuerzas destituyentes y antipolíticas hubiera también absorbido esa fuerza y ahora la empleara contra sí misma. Como si la política ahora también fuera antipolítica. No porque sus “batallas” no valgan la pena sino porque puede por momentos actuar como actúa una verdadera fuerza antipolítica: indiscriminadamente. 5. Hay una ley no escrita de los operadores políticos: hacen cosas que sus jefes no saben, cosas que hasta enojarían a sus jefes, pero que son para absoluta conveniencia de sus jefes. Uno de los estilos del kirchnerismo -no el único, por suerte- muchas veces tiene algo de “rompo todos los puentes y lazos que la jefa rompa”. Estilo como mandato. Forma como mensaje. Si Cristina reta en público -con razón- a un funcionario, podría cada pequeño Napoleón de la administración creerse con derecho a humillar. Son de los mandatos también no escritos que articulan un temperamento y una cultura política y nada dice que debería ser así a todas las escalas. Todo político en público educa con sus gestos, y Cristina lo sabe, lo hace, con estilo fuerte. Elisa Carró abusaba de un criterio para medir la calidad humana de un político: el modo en que trata al mozo que le sirve el café. 6. El PRO y las cacerolas de Santa Fe y Callao con toda su previsible molestia tampoco son sólo un stand up cheto, como el de Cualca. Son también, y en tal caso, síntomas de que la sábana de la representación no cubre todo. Sí, admitamos la condición humana: la gente y su bolsillo. Pero el tonito o el tostado de los caceroleros parece contentar en una suerte de “estamos en el camino correcto si estos putean”, una especie de deseo del mal, de pequeño cuanto peor mejor. Cuidado con eso. No se desea la muerte aunque sea Mariano Grondona el que agoniza. No se desea que tales nietos sean apropiados. No se desea la lucha cacerolera de clases. Hay algo tanático en estos deseos que vuelve. No éramos tantos en el 2008. Ni siquiera estaba Diego Gvirtz “de este lado”. Ojo con los deseos de que se repita lo que “nos perdimos una vez”. “No se la querían perder”, dijo una vez Marcos Novaro en un reportaje sobre intelectuales k. Era el 2010 y Novaro apuntaba a la debilidad del corazón de intelectuales que se hacían peronistas a los pedos. ¿Te perdiste Ezeiza? ¿Te perdiste el “luche y vuelve”? ¿Te perdiste la 125? Acá tenés tu primavera.