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LA MALA LECHE

Gente que busca gente

Martín Rodríguez
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1. Una vez se produjeron unos segundos antológicos de televisión. ¿Recuerdan el programa Gente que busca gente? El conductor presentaba casos en donde la gente exponía sus ramas de parentela, abandonos, decisiones que cortaron lazos, gente que rajó a una cosecha y dejó el niño con una tía, que a su vez un día partió a lo de un hermano, que dejó una casa… En fin: mudanzas y crianzas de frontera. (Un tal Espósito cruzó la Gran Salina… ¡no se lo vio mas!) Siempre pobrerío, parece. Bueno, en ese programa maternal, en ese programa Casa Cuna, un joven expuso que estaba buscando a su madre y puso su suerte en manos del trabajo de producción y del azar de su exposición. Dijo que vivía con ella y su padrino, y que una mañana la madre se fue a trabajar y no volvió más. Trabajaba en una fábrica. Vivían en Moreno, supongamos. El conductor le pregunta qué edad tenía en ese momento. Cinco años, responde. “¿Y en qué año naciste?” “En el ’72.” “O sea que tu mamá desaparece en el ’77…” dice el conductor. Y se hace un silencio. La situación se vuelve un poco tensa. “¿Vos sabés lo que pasaba en esos años?”, profundiza. Él responde: “Sí, y es una de las cosas que me dijeron que puede haber pasado”. Silencio. Nunca más. Vi el programa los días sucesivos… y nada. Lo vi, lo vi, y nunca pasó nada. Fue un gran momento de televisión por su filtración. 2. Vi últimamente varias películas del género dictadura: Crónica de una fuga, Garage Olimpo, alguna más. Pero es en Crónica… donde se desborda: los tipos que secuestraban parecen disfrazados de Babasónicos (un regocijjo de representación). Bombitas al revés. Los bigotes, los anteojos, las chombas a rayas, los oxford. No está la fragilidad testimonial de los años ’80, las escenas en “escenarios reales” con el signo de Aries que producía entretenimientos y cuentos de terror. Porque eso te transmite La noche de los lápices. Que está hecha con las cosas todavía en estado de temblor. Te da la impresión de que la película agradece en los títulos la cesión de la picana de la comisaría 5ta de La Plata para filmar las escenas de tortura. El actor morocho de bigotes que siempre hace de cana, ¿era cana? ¿Terminará en Comodoro Py declarando por una actuación demasiado real? Había en el cine de los ’80 una continuidad de la guerra (por su crudeza y efecto de disciplinamiento), que en los 90 se completó con la pérdida del temor y la incorporación del riesgo estético. Pero todas esas líneas narrativas son dispositivos culturales a los que todo el mundo se acerca con excesivo respeto. La narrativa de la dictadura es una política de estado. 3. Pero vuelvo a lo otro: me inquietaba mucho ese programa de Bagnatto sobre el mapa familiar argentino. En cada historia se enredaba el desarraigo, las tradiciones, los incestos, los silencios tremendos, los secretos y abandonos. Y de repente alguien que fue criado por un padrino, en el medio de un set televisivo, tiene cinco minutos para decir que busca a su madre. Que no encuentra a su madre. Que sigue sin encontrarla. Su tiempo se va, tirano, como agua corriente. Pero la televisión por unos segundos es invadida por una gran sombra cuyo peso hizo saltar todos los platillos que estaban ahí: aparecían los desaparecidos fuera de su perímetro cultural. La democracia cultural puso a la dictadura en cautiverio: nada se escapa. Pero ese pibe entró por la ventana de la televisión y le devolvió a eso que pasó en aquellos años su rostro comunitario. Fui abandonado, ¿fuiste desaparecida, mamá? Preguntas en el lugar incorrecto. 4. A cada cual le toca una época. A cada cual le toca cargar lo suyo. La vida en comunidad es así. Te ofrece responsabilidades. ¿Las cargás? ¿Las querés cargar? ¿Sí? ¿No? También es posible decir no. En tal caso, la política es una manera de “hacerse cargo”, no la única manera. Y, por otro lado, ¿quién no se hace cargo de alguien? ¿Quién no hace clan, familia, propiedad, tumulto? Esta semana de agosto fue una feria. El 22 de agosto se recuerdan los fusilamientos de Trelew, y, más atrás, el “renunciamiento” de Evita. El 23 la desaparición del militante peronista Felipe Vallese. Su hijo habló en los medios. Contó la historia de su padre, una crianza de paria entre desconocidos. Pero dijo algo que estaba fuera de cuadro: que nunca supo quién fue su madre. Nunca se lo dijeron. Su padre desapareció, pero desapareció antes de algo sobre todo: de decirle quién era su madre. 5. Adentro de la política y de los relatos hay vidas. Detrás de una foto o una pancarta, hay respiración. Abramos todos los paquetes cerrados y reencontremos la vida de la historia. 6. A la generación de este presente también le toca la mirada de los 51 muertos de Once.