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FALSA ESCUADRA

La educación boba – Parte II

Romina Sánchez
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Faringitis. Eso me pasó hace unas semanas. Con desmayo tipo ficha de dominó de tanta fiebre incluido. Esa mañana, antes de que una mujer me tomara del brazo para que no me abriese como un coco la cabeza contra el mostrador de la guardia de la clínica, pasé por una situación algo violenta y por qué no inverosímil, que ya relaté en este espacio. La secuencia comenzó con una llamada al director de la escuela donde debía dar clases ese día, hecha a último momento, especulando sentirme mejor mágicamente de un minuto a otro.

A ver, recapitulemos:

-José, te llamo para avisarte que no voy a ir. Siento que me estoy por desmayar, me siento mal- balbuceé, como borracha.

-Pero estás faltando mucho- me tiró tajante.

-¿Eh?- pregunté creyendo que me confundía con otra persona.

-Que estás faltando mucho. ¿Qué pasó?

-Ahora creo que me voy a desmayar, José. No voy a ir así.

-¿Y las otras veces?

-¿Qué otras veces? Solo me acuerdo haber faltado una vez que estuve con laringitis, sin voz.

Ese capítulo de la historia siguió con un pedido suyo, por llamarlo de algún modo, con opciones, para que yo pudiese elegir: no fuera a ser cosa que acá se haga lo que yo digo y punto. Bueno, resulta que José pretendía que fuera al colegio igual, pero manejando despacito, para no estrolarme contra un poste; que me tomara un remís que él mismo estaba dispuesto a pagar o, por último, si ninguna solución resultaba satisfactoria, como él esperaba no pasara, que fuera a la escuela más tarde, no importaba la hora, pero que fuera igual. Que fuera y punto.

Bueno, finalmente no fui: estaba ocupada desmayándome.

A la semana, cuando me reincorporé, José me lavó la cabeza mejor que en Leo Paparella. En fin, palabras más, palabras menos, me dijo casi haciendo puchero pero frunciendo el ceño, en una imagen contundente y desconcertante, que tenía a los padres pidiendo la cabeza de una profesora que venía faltando porque se le había muerto la mamá, que no se puede faltar en un colegio privado, que en las materias que yo dicto es difícil conseguir suplentes, que no se puede faltar en los colegios privados, que en el Estado te podés hacer el boludo y si te duele un dedo pedir un mes de licencia, pero que esto no es el Estado, esto es un colegio privado: no se puede faltar. Los padres, para que lo entiendas, Romina, pagan por un servicio.

Me quedó clarísimo, José. Igual, si llego a tener dudas, ponele, pregunto en Chile y listo. No te preocupes.

Pero se ve que a él, al representante legal de la escuela y al dueño, no les quedó claro el asunto, para nada, y esa mañana mandaron la ambulancia a mi casa, cuando yo estaba desmayándome en la guardia. A José, a todos ellos, al parecer no los había convencido mi acting. Por supuesto, el médico no me encontró en la cama, momificada de faringitis. Así que ahora, prepárense, preparate Romina, porque se viene la educación boba, toma dos.