inicio > Hacia la otra ley de medios

NOTAS

  • tapa dentro

Hacia la otra ley de medios

Diego Sánchez, Marisol De Ambrosio
Agrandar fuente Achicar fuente

“Algo se cocina y al mismo tiempo se pudre en el mercado de diarios y revistas.” Con esta frase el staff de la Revista Barcelona anunciaba hace algunas semanas lo que pocos conocíamos: mientras en el ámbito audiovisual el 7D es esperado como la profecía maya que acabará finalmente con los monopolios, en el mundo de la gráfica esos mismos actores encabezan un silencioso pero sostenido proceso de concentración que amenaza la continuidad de las publicaciones independientes. Zona gris de una ley de medios audiovisual, hoy el sector de la gráfica está siendo copado por grandes sellos que buscan moldear un mercado y un contenido de acuerdo a sus necesidades. Del otro lado, publicaciones como THC, La Garganta Poderosa, MU y la propia Barcelona, entre muchísimas otras, alientan una ley de fomento de revistas culturales independientes para dar, ahí también, su “batalla cultural”.

El tema de esta nota tiene todos los condimentos necesarios para que sus plantas se apoyen en el camino de brasas del 7D. Pasemos lista: vamos a hablar del “rol de los los medios”, “denunciaremos” a Clarín, discurriremos sobre la cuestión de los monopolios y trataremos de ensayar alguna que otra reflexión acerca de la importancia de la pluralidad de voces. Oootro día de buenas noticias… Sin embargo, la situación que aqueja por estas horas a las revistas culturales independientes -tal es el tema de esta nota- obliga a enviar el debate más allá de esa fecha histórica, que al tiempo que promete un punto de inflexión, anuncia también nuevos frentes de batalla de cara a la democratización total de las palabras. Y es que en el medio de estos días de pujas definitivas, las publicaciones autogestivas viven su propia guerra y pelean por sobrevivir en un mercado cada vez más concentrado -el de los medios gráficos- que se esconde, en silencio y con mucha destreza, de los bombardeos que cubren los cielos de esta Argentina audiovisual.

Veamos de qué se trata esta historia.

En el medio

Desde hace tiempo, las principales revistas de edición autogestiva como Barcelona, La Garganta Poderosa, THC, MU o Crisis, entre muchas otras, vienen denunciando un silencioso pero sistemático proceso de concentración y manipulación del mercado de medios gráficos. Detrás de las maniobras, señalan, se encuentra el infaltable Grupo Clarín. Los carriles por los que se desarrolla el conflicto, por lo demás, son a grosso modo dos: las multas elevadas que se aplican sobre las devoluciones -aquellas revistas que el kiosquero no vende y manda de vuelta- y el circuito de distribución.

“El sistema de venta y distribución de medios gráficos está atravesando una crisis profunda y está a un paso de colapsar”, explica Alejandro Sierra, director ejecutivo de la revista THC. “La falta de reglas claras hicieron que el sector fuera presa de intereses y pujas entre los actores de posición dominante en el mercado editorial. El resultado de esto es lo que tenemos: un sistema desigual e inequitativo donde los monopolios imponen sus condiciones”.

El conflicto con las devoluciones tiene un protagonista: Rediaf S.A., una firma que desde mediados de los ’90 concentra todo el material gráfico que no se vende en los kioscos y que no tiene vinculación alguna con las editoriales. A principios de este año, Rediaf resolvió de forma unilateral una nueva ecuación para calcular el costo de las devoluciones. Desde entonces, todas las revistas independientes (hechas a pulmón, con poca pauta publicitaria y muy dependientes de la venta de ejemplares) comenzaron a recibir multas retroactivas (que Rediaf llama “optimizaciones”) y que en algunos casos alcanzan los treinta mil pesos. “A las revistas se les quiere cobrar ahora por devolver los ejemplares que no son vendidos; entonces, al generar una deuda, se generan dificultades económicas”, explica Marlene Wayar, vocera de la Asociación de Revistas Culturales Independientes (AreCIA), un espacio que concentra a cerca de 300 publicaciones y que hoy es la cabeza detrás de la articulación de estas distintas y muy variadas experiencias editoriales.

El monopolio invisible

Pero los costos por devolución implican sólo una cara de la moneda: el escenario de esta batalla silenciosa lo completa la distribución, un aspecto vital que obliga a las revistas independientes a lanzarle piedras a verdaderos godzillas del rubro como la Asociación Argentina de Editores de Revistas (AAER), una entidad de fuerte peso en la toma de decisiones y cuyo directorio lo conforman integrantes de Atlántida, AGEA o Perfil. “Los actores dominantes acordaron unilateralmente que las revistas deberán destinar $2, sumado al 50% del precio de tapa que ya cada medio aporta al sistema, para aumentar los ingresos del sector de distribución y venta de diarios y revistas. Las revistas que no acepten estas condiciones no se distribuyen y son barridas de los kioscos”, resalta Sierra. El aumento afecta directamente a estas publicaciones que, a diferencia de las grandes, viven de la venta al público y no de la publicidad. “$2 puede significar la diferencia entre poder y no poder comprar una revista”, razona.

El “sector de distribución”, a su vez, atraviesa un momento de particulares transformaciones. Según destaca AReCIA, en el último tiempo Clarín adquirió, a través de testaferros, distintos quioscos y recorridos, al punto de controlar hoy más del 30% del circuito. Salvo los dos diarios de mayor tirada -Clarín y La Nación- y en parte Perfil, que tienen sus propios mecanismos de reparto, el resto de los medios dependen del sistema de distribución general. “La estrategia es quitarnos del medio haciendo que las revistas no sean sustentables, ya sea entregando a destiempo o quedándose con las revistas en el cajón” señala Wayar, que agrega al respecto una conclusión letal: “Si al precio de tapa le sacamos el primer pago que tenemos que hacer con el distribucionista, además de la devolución, la verdad es que ellos ganan más si la gente no compra nuestras revistas”.

La otra ley

La presencia en esta historia de Clarín no debería alterar el foco de atención: se trata de una lucha que en gran medida lo excede y que se libra al interior de un sector complejo y con lógicas laberínticas. Sin embargo su figura permite estudiar el conflicto en el trasluz de la batalla cotidiana: a pesar de quedar afuera del ámbito de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una normativa que no incluye ni a los medios gráficos ni a internet, muchos de los involucrados en esta desigual pelea resaltan la sombra del 7D. “A la dificultad original de costear los medios alternativos, se le suma una decisión mucho más compleja a partir del desarrollo de la LSCA, que hizo que el Grupo Clarín se abarrotara a la gráfica”, nos señalan desde La Garganta Poderosa. La lectura supone un reacomodamiento estratégico: ante la posibilidad de una derrota en el campo audiovisual, el Grupo Clarín estaría buscando llevar sus armas fuera de la jurisdicción del AFSCA, al ámbito de la gráfica, ese mismo lugar que lo vio nacer allá por los viejos y buenos tiempos desarrollistas de Roberto Noble. “La intención es eliminar la competencia, porque sucede que las revistas culturales abarcamos el 40% de la venta y eso le está bajando la renta a Clarín”, especula Wayar aunque agrega: “el problema no es vender mucho o no vender porque ellos viven de la publicidad. Lo que interesa es que sus revistas estén colgadas en el quiosco para dar la sensación de que mantienen un poder dentro de la opinión pública”.

Por lo demás, el haber quedado fuera del campo de maniobras de la LSCA no detuvo a los editores independientes que hoy alientan, a través de AReCIA, la Ley de Fomento para la Producción Independiente y Autogestiva de Comunicación Cultural. “Esta ley es una forma de saldar la deuda que con el sector tiene la Ley de Servicios Audiovisuales, instrumento que ha significado la democratización de los espacios televisivos y radiales, pero ha olvidado a las publicaciones culturales gráficas y de Internet, independientes y autogestivas, sin las cuales esa misma ley no hubiese contado con canales de debate y difusión entre los diferentes actores sociales que la hicieron posible”, reza esta ley que promueve beneficios impositivos y acceso a financiamiento y crédito para las publicaciones independientes, además de sugerir su declaración como objetos de interés cultural y alentar la creación de un fideicomiso que sirva para garantizar la solvencia y supervivencia de sus muy diversos integrantes.

“La regulación del sector gráfico es una gran deuda que arrastra la Ley de Medios y las consecuencias ya están a la vista. La democratización de los medios debe ser total, sino se van a mantener nichos muy jugosos para los manejos monopólicos que, en lugar de no tener más espacios donde establecerse, estarán migrando de un sector a otro”, afirma Sierra. Y los muchachos de La Garganta Poderosa, colectivo que tiene a la revista como cara visible de un mucho más complejo y profundo proyecto social, agregan: “Este es el momento justo para presentar el proyecto. Por el ‘viento de cola’ tendría que entrar esta ley de Medios Gráficos”.

Camino al cielo

La Ley de Medios fundó un lenguaje. ¿Se acuerdan? Allá en los inicios de todo esto, cuando la FM originaria y la desinversión parecían utopías lejanas, poluciones de algún comunicador social que lograba sus 15 minutos de fama en el discurso oficial, se hablaba en estos términos: más pluralidad, más contenidos, más… Es natural: el momento más hostil de una guerra suspende la caballerosidad y obliga a hablar con otra lengua, más sanguínea, más “sucia”. La disputa de las revistas culturales independientes nos devuelve algo de ese fuego primigenio, continúa la batalla que empezó hace tres años y pone blanco sobre negro a la ley de la democracia: confirma que es posible correr el límite de lo “natural” y marca un piso desde donde seguir abriendo espacios.

“Creemos que las publicaciones independientes son la esencia de la comunicación; en todo caso hay que preguntarse por qué son necesarias las publicaciones que no son independientes”, reflexionan en La Garganta Poderosa a nuestra tímida pregunta: ¿por qué son importantes los medios alternativos?. “La comunicación ha sido contada, monopolizada, por un proyecto que la concibe como un producto de mercado -agregan-. Las publicaciones independientes son todo lo contrario. Nosotros, como un colectivo, venimos a reivindicar las libertades”. Sierra, por su parte, aporta: “Las revistas culturales independientes promueven en muchos casos nuevas lógicas en lo que respecta al ejercicio del periodismo, donde se valoriza la construcción colectiva y un contacto humano directo, lo que promueve un nuevo tipo de vínculo con las fuentes de la información y los lectores. El norte no es el lucro, sino la sustentabilidad y la difusión de ideas”.

El 7D es una fecha clave en la que la ley marcará su territorio por sobre el negocio de la comunicación. Pero las batallas se dan, también, en el campo de lo cotidiano, en la diacronía de la lucha del sentido, lenta, silenciosa, pero omnipresente desde aquel famoso “qué te pasa Clarín”. Entonces interrogamos por el 8D. Y el 9 y el 10… Conflictos del tenor que padecen los editores independientes nos anuncian que con el 7D no brindamos por la victoria sino que ese día apenas nos marca el punto de partida para desandar más entramados de los sentidos únicos, para extender esa apertura de voces en todas las plataformas de la comunicación, para ensayar palabras que aún no conocen su voz, para desmitificar el mercado como emperador de lo decible y, a fin de cuentas, para consolidar la democracia.