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Patricia Pietrafesa

Ni a Palos
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Pat Kombat Rock, alias Patricia Pietrafesa es, como su nombre lo indica, una heroína de la escena under argentina. Activista rockera, periodista fanzinera, bajista y guitarrista autodidacta, formó parte de las bandas más importantes del punk argentino como Sentimiento Incontrolable y Cadáveres. Llevó adelante la flamante Feria del Libro Punk y creó una de las primeras cooperativas de músicos. Ahora toca en dos bandas hermanas: She Devils y Kumbia Queers. A punto de sacar un libro que reúne todos los textos de su legendario fanzine Resistencia, nos cuenta cómo es vivir treinta años de punk rock y seguir con el espíritu intacto para dar pelea.

Por Walter Lezcano

Venís de una familia de clase media
Una familia de clase media-baja, de Capital. Yo toda la dictadura fui a la escuela y vivimos una época muy complicada porque tenía un montón de cosas restringidas. Se hablaba poco de todo eso porque hermanos de mi mamá de Montoneros fueron asesinados, entonces desde que había pasado eso fue un “no salgan”, “no esto” “no aquello”, una actitud que tomó mucha gente.

¿Cómo fue tu acercamiento al punk?
Muchísimo antes de que me gustara la música, de chica me gustaba todo el fetiche rockero y las revistas de rock. Miraba mucho las fotos de Ramones, de Chrissie Hynde, Patti Smith, Joan Jett, The Clash, ya los conocía y todavía no los había escuchado. Esto es a finales de la dictadura, yo ya tenía 17 años. Y me costaba mucho todo eso del rock nacional porque en esa época era todo muy oscuro. Yo me dedicaba al deporte: a jugar softball en el club San Lorenzo e ir a la escuela (risas). Y siempre me interesaron cosas que en ese momento eran difíciles de conseguir: películas, libros, había un montón de cosas prohibidas, todo eso ejercía un atractivo extra. A diferencia de lo que quería lograr el sistema de censura. En ciertos espíritus inquietos la censura produjo mucha curiosidad y atracción por lo prohibido.

¿Por dónde llegabas a esa información?
Revistas, como El Expreso Imaginario. Y me gustaban periodistas de rock como Miguel Grinberg, Pipo Lenourd, que los había leído en algunas revistas hippies, que no me gustaban pero me atraían muchas notas que salían ahí. Me iba instruyendo, iba rastreando. La gente que tenía intereses en esa época tenía que investigar, buscar. Y en el correo de lectores de El Expreso Imaginario había cartas de los primeros punks. Carteándome con uno de ellos me mandaron el libro de [Juan Carlos] Kreimer: Punk, La muerte joven. Y después por otros me llegaron cassettes de Damned, Ramones, Clash, toda la música importante y en ese momento me cerró todo. Y también empecé a ir a Parque Rivadavia, el circuito que hacía le gente que tenía inquietudes musicales.

¿Y cuándo empezás a tocar?
Por culpa de Kreimer. Cuando leí su libro me di cuenta que se podía hacer lo que uno quisiera. Y en otras notas había leído que el punk era hacerlo vos mismo, entonces me lancé. Al principio no sabía bien qué hacer y puse un aviso en Segundamano buscando banda para tocar. Me contestó un montón de gente porque era muy raro que una mujer se involucrara. Como la comunidad punk era muy chica y se conocían todos, se preguntaron ¿esta quién es? Así que elegí a los que me parecían menos peligrosos, una banda que se llamaba Los Inservibles. Ahí me dieron una guitarra, me explicaron cómo tocar y me uní al grupo.

Ahí ya tenías todo el look punk
Sí, sí, en esa época ser punk era hacer un pacto de conversión y te cortabas el pelo. Era una época donde ser un poquito raro era muy extraño. Igual yo antes de vestirme así iba a los recitales a mirar porque tenía miedo, me parecía un mundo wow. Y los punks tenían un aspecto muy diferente entre ellos. Igual los conocí a todos en muy poco tiempo de ir a los recitales.

¿Qué vino después de Los Inservibles?
Estuve dos años con Los Inservibles, y ellos al ser de provincia eran medios marginados por el circuito de bandas “estrellas” como Los Laxantes, Los Violadores, Los Barajas. Y aparte era un momento complicado para tocar y conseguir lugares. Había años en los que tocábamos uno o dos veces por año. Después entré a Sentimiento Incontrolable en el ´85. Debutamos con Todos Tus Muertos. Ahí ya hacía las canciones.

¿Cómo era el movimiento punk en democracia?
Yo ahí estaba a full. Había empezado con mi fanzine: Resistencia. Hacía otro fanzine con Fidel Nadal, iniciaba marchas contra la policía: era súper activista dentro del movimiento punk. Para el ´86 armé una cooperativa de músicos.

Ya estabas definida políticamente.
Yo era anarco individualista, mi visión del mundo iba por ese lado.

Sin embargo armaste la cooperativa.
Eso no tiene nada que ver con juntarse. Anarco individualismo mas allá de que estemos acostumbrados a usar la palabra individualista como sinónimo de egoísmo o egocentrismo no tiene que ver con eso, las ideas se basan en considerar al individuo como ser único en contraposición a cómo el sistema ha transformado a los únicos e irrepetibles seres en engranajes de una maquina que haga funcionar ese sistema. Así que el individualismo es centrarse en la persona como única reconociendo que cada uno es responsable de sí mismo y de sus actos y no desdibujándose en la masa, en la mayoría o en movimientos o partidos que hacen borrosa la referencia al individuo, a la persona.

¿Qué lugar ocupó el fanzine Resistencia en tu vida de esa época?
Yo bullía de ideas. Y en el fanzine encontré un espacio de libertad absoluta que iba en línea con lo punk que era hacer lo que uno quisiera. Yo lo escribía, lo fotocopiaba, lo armaba, lo regalaba o lo vendía, no tenía que rendirle cuentas a nadie. Me parece una de las mejores herramientas de expresión que conozco. Cubría los movimientos de la escena punk rock. Y en los números de los ´80 prima mucho el tema policial porque siempre estabas preso: si eras heavy, punk o raro caías, al menos una vez por semana, preso.

¿Vos caíste también?
Sí, muchas veces, como todo el mundo. Por contravenciones, averiguación de antecedentes, edictos policiales de todo tipo.

¿Y cómo lo bancabas?
El único trabajo que tuve en mi vida fue dar clases de inglés. No soy profesora ni nada, pero cuando me di cuenta que no podía tener un trabajo normal me negué, como que no encajaba. Ahí empecé a dar clases. Y con eso me mantenía. Ponía todo mi dinero para las fotocopias.

¿Vivías sola?
No, con mi familia. Era una relación difícil, encima caer presa todas las semanas, tardaron un tiempo en adaptarse a mi vida. Aparte eran épocas que consumía montones de cosas, costó un poco. Pero una vez que nos llevaron a varios en cana por una semana por una situación súper injusta (armamos un recital en un colegio de Lanús) se dieron cuenta que lo que nosotros exigíamos estaba bien. Como que dijeron “ah, los edictos policiales son una injusticia total”, y se pusieron de nuestro lado, ahí hubo un click en la cabeza de mi familia.

Después vinieron todas las versiones de Cadáveres.
Sí, esto fue hasta finales de los ´80. Nosotros fuimos los únicos que decidimos no estar en Invasión ´88, por cuestiones ideológicas. En el disco participaba Comando Suicida que era un grupo que tenía conexiones con partidos nacionalistas de acá. Y pensé que nadie iba a querer participar y me desilusionó eso.

¿Y cómo fueron los ’90 para vos? Ahí ya empezaste con She Devils
Cuando terminan los ´80 me pareció que el punk rock era un desastre, se estaba transformando en algo que no me gustaba. Así que empecé con algo más rockero con Marcelo [Pocavida] en la voz. Que al principio fue Cadáveres de niños y en un show Marcelo se hace un tajo enorme en el pecho, le dieron treinta puntos, y le dejamos Cadáveres nomás. Eso fue hasta el ´95. En el ´96 empieza She Devils. Fue una época que empezamos a vivir todos juntos, incluso se vino Nekro (de Fun People) un tiempo. La propuesta era hacer las cosas de manera independiente porque disfrutábamos así.
En los 2000 sucedió lo de Cromañón. ¿Qué postura tenés al respecto?
Es un tema tan amplio que no deja situación social sin cuestionar… Es netamente un caso de responsabilidad individual y de cómo viviendo en sociedad siempre tendemos a esquivar la responsabilidad, tipo “yo prendo una bengala, seguro que acá no pasa nada, está todo ok”. El que dejó un niño en el baño al cuidado de alguien más pensando que estaba todo bien, los de la banda que pensaban que el manager tenía que cuidar todo o el dueño del lugar que pensaba que la banda se hacía cargo de algo, cada uno va descargándose de responsabilidades y en definitiva todo termina sucediendo por alguien más. La cuestión sería que fuéramos capaces de hacernos cargo de nuestros actos más allá de que haya leyes que tienen que ser lo más justas posibles.

¿Y para ustedes cómo impactó la tragedia en la escena?
Fueron dos años en los que no hablábamos de otra cosa. Eso se cortó cuando en marzo del 2007 hicimos una serie de protestas en la calle que se llamó Musicalazo porque no podíamos tocar en ningún lado por las restricciones que tenían los lugares. Tratábamos de llamar la atención sobre una regulación coherente de los lugares y toda la situación. Siempre que uno no está de acuerdo con algo hay que manifestarse.

¿Cómo aparece Kumbia Queers? ¿Te generó algún conflicto tocar cumbia?
Sólo pudo pasar eso porque yo estaba en una profunda depresión por la muerte de mi mamá, porque había terminado una relación, por el cierre de mi tienda Garageland. Estaba muy mal. Me dijeron “nos juntamos”, “bueno”, respondí. Éramos las She Devils más Ali Gua Gua y Juana Chang. Era un juego al principio y no sabíamos en qué íbamos a terminar. Ahora ya editamos el tercer disco: Pecados tropicales. Y también hicimos cuatro giras por Europa y tocamos un montón de veces en México, donde debutamos ante 10.000 personas en el 2007.

Y ahora estás por sacar un libro con todos los números de Resistencia, tu fanzine.
Sí, sale este año, y se llama Resistencia y el Inconformismo fotocopiado. Abarca la escena under de los ´80 hasta el 2002. Tiene cuatrocientas páginas y tiene un prólogo de Marcelo Pocavida, Martin Sorrondeguy de Los Crudos, Pilar de las Kumbia Queers. El impulsor de este trabajo es Nekro, lo vamos a sacar a medias con él. Y con este libro fundo mi editorial Alcohol & Fotocopias, que es la editorial que yo tenía cuando era chica. Y esto también se relaciona un poco con la primera Feria del libro Punk en Argentina que hicimos en Salón Pueyrredón, la segunda en La Plata y una mini en Berlín en la última gira de las Kumbia. Ahora eso ya sigue solo.

¿A qué le decís ni a palos?
No da ni a palos intentar ser quien no soy.

Blog: www.resistenciazinepunk.blogspot.com