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Canciones en la estepa

Gonzalo Bustos
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En Tarado, su primer disco solista, el guitarrista de Los Rusos Hijos de Puta Julián Desbats muestra un costado personal y netamente opuesto al de su banda. Si el grupo con el que irrumpió en la escena tiene como mayor mérito esa furia salvaje patea culos, su plan en soledad es la declaración de un tipo solitario, sensible y adorable. Al mejor estilo Luca Prodan, el hombre nacido en Zárate se desnuda dejándose ver como un punk tierno al que varias cosas lo inquietan y lastiman.

Partiendo de melodías sustentadas en rasguidos acústicos y con una voz que parece haber sido grabada en el último rincón de la cueva más profunda, Desbats ha compuesto nueve canciones de sonoridad lo-fi y líricas de una sensibilidad cruel que puede disparar líneas tenebrosas. Tarado podría funcionar como la banda de sonido de una película indie que cuenta una historia tan triste como esquizofrénica.

Lo primero que se escucha es un grito que suena a escape, un alarido desesperante en busca de liberación. Así empieza “Espectro”, una canción oscura que de arranque pone el color a un disco cuya portada ya dice mucho: el rostro de Desbats apenas visible entre un negro inmenso. El track inicial carga con una prosa doliente sobre un amor animal en estado de descomposición, un sentimiento que no permite escándalos aunque “el final de algo lindo es tormento”.

La trilogía que va de la canción 3 a la 6 sintetiza el concepto total del álbum. “Arcade” suena amable en su melodía fogonera aportando un poco de luz a un panorama desolador post-separación. El Ruso se castiga por momentos y por otros pone en palabras precisas su estado: “ando lento, desahuciado, maniatado y paranoico”. Hay un aire setentoso y fatídico en “Las ganas de morir”, una pieza de soledad en proceso fantasmal y nostálgico. Y “Tarado”, compleja en su sencillez, es una oda de psicología paranoica en la que Desbats parece hablarse así mismo intentando perdonarse mientras sus demonios internos lo avasallan.

Canciones como “Racing campeón” y “El San Jacinto” son los momentos que mayor similitud guardan con una tendencia compositiva actual en la escena. Todo mérito de los paisajes costumbristas que ambas piezas dibujan. Aunque es menester destacar que Desbats les imprime su toque personal. En el primero de los casos hay una escena de muerte en Navidad a lo Tim Burton en versión conurbana; en el segundo, la cosa se pone algo más optimista rescatando a su modo los ratos con amigos, la cerveza y las novias. Esas cosas que pasan pero que hay que celebrar; aun cuando la adultez nos alcance arriba de un tren, como canta en “Es un monstruo”.

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Julian Desbats

juliandesbats.bandcamp.com

 

Foto: Martu Romero